Cerámica

Arte de fabricar vasijas y otros objetos, partiendo de barro, loza, porcelana u otros materiales. La cerámica ocupa un lugar importante en las artes decorativas, por cuanto participa a la vez de la arquitectura, de la escultura y de la pintura. La historia de la cerámica comprendería la de casi todos los pueblos de la tierra y en todos los tiempos. Reducida a los hechos verdaderamente interesantes, en los que puede apoyarse sólidamente la ceramografía, su campo abarca una serie de evoluciones y fechas fácilmente compendiables. La división cronológica de la cerámica no puede servir de guía para su estudio, puesto que han sido las relaciones de los hombres, y no el tiempo, quien ha determinado el progreso de la cerámica en una contínua serie de influencias; éstas han irradiado de un centro a otro en las diversas civilizaciones que han florecido desde los albores de la Historia, hasta nuestros días. El gran espacio prehistórico que comprende todo el período neolítico y gran parte de la Edad del Bronce, ofrece caracteres comunes a las razas de civilización naciente; la tosca cerámica, apenas decorada, que nos revelan las excavaciones de las estaciones prehistóricas, es análoga a al que labran actualmente los bubís o los negros de las selvas congolesas. Al iniciarse la historia de las primeras leyendas y poemas griegos, ya habían alcanzado un alto grado de cultura los pueblos establecidos a orillas del Nilo y a lo largo de los ríos mesopotámicos. Los ceramistas griegos, aprovechando las influencias recibidas de egipcios y asirios y de los pueblos del norte, supieron ennoblecer el barro cocido; crearon vasos de formas imperecederas, como los Dypilón, que se caracterizan por su decoración de tipo geométrico, y los cubrieron de dibujos, en los que se compendiaba la vida helénica. Roma y sus colonias, y más tarde Bizancio, mantuvieron algo de la estética griega y la propagaron hasta el Extremo Oriente, en donde lentamente se amontonaban los materiales de una ceramografía completamente separada de la europea, con la cual se enlazó por medio de las artes del Islam, y de las que aprendieron los ceramistas chinos el empleo del azul de cobalto. La nueva civilización mesopotámica y persa, influida a su vez por sus vecinos asiáticos, extendió sus excelencias cerámicas por Siria, Egipto y el norte de África, de donde pasó a España, para crear las maravillas de la loza hispanomorisca, madre de la mayólica italiana, cuyo fin marcó el descubrimiento de la porcelana europea y la universalización de los conocimientos científicos de la cerámica. Ver, Cerámica griega, Esmárago, Mercancía rética, Engobe, Terracota, Bruñido.
 
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