César
Gayo Julio (Caius Iulius Caesar) (100-44 a.C.). Fue el conquistador de la Galia, vencedor de la Segunda Guerra Civil y dictador de Roma. Pertenecía a la familia más ilustre de la gens Julia aunque, como en otros casos, el cognomen Caesar no remonta la segunda mitad del siglo III a.C.. Decían descender de Venus y Anquises, padre de Eneas y abuelo de Iulo (o Julio). Su padre, del mismo nombre, murió en el 85 a.C. sin haber llegado a ser cónsul, y su madre era Aurelia, de la familia de los Cotta. Su familia se había unido al partido radical de Mario por el matrimonio de este con Julia, tía de Julio César. Su parentesco con Mario influyó para que desde muy joven participase de las ideas democráticas frente a las del partido de la aristocracia acaudillado por Sila. César había sido prometido con Cossutia, pero en el 84 se casó con Cornelia, la hija de Cinna, que le nombró Flamen Dialis (sacerdote de Júpiter). Sila, que anuló todas las decisiones de Cinna, lo proscribió por esta alianza y César tuvo que esconderse en la región sabina hasta que sus amigos obtuvieron el perdón para él. Sirvió en el 81 en Asia a las órdenes de M. Minucio Thermo y ganó una condecoración (la corona cívica) en la conquista de Mitilene, por haber salvado la vida de un hombre. Tras la muerte de Sila en el 78, César volvió a Roma y acusó sin éxito a Dolabela, Gneo Cornelio de extorsión, retirándose entonces a Rodas para estudiar retórica con Apolonio Molón. Por el camino fue capturado por los piratas y rescatado con cincuenta talentos; a continuación, César reunió una flota, capturó a los piratas y posteriormente los crucificó en Pérgamo. En el 74, César volvió a Roma, y en el 73 fue nombrado por votación miembro del colegio sacerdotal del Pontifex. Los años siguientes desempeñó todos los estadios preliminares del cursus honorum senatorial. En el 70 fue elegido tribuno militar y apoyó a Pompeyo en la restauración de los derechos de los tribunos y en la amnistía a los seguidores de Lépido. César fue elegido cuestor en el 69, el mismo año en que su esposa Cornelia murió tras darle una hija, y él se casó con Pompeya, una nieta de Sila. Aun así, siguió siendo un partidario declarado de Mario, y cuando ese mismo año murió su tía Julia, la esposa de Mario, César desfiló osadamente con el busto de Mario en el funeral. Fue elegido edil en el 65 y restauró los trofeos de Mario en el Capitolio. Gastó su dinero abundantemente en sobornar a los electores, en juegos y nuevos edifidos, contrayendo enormes deudas, algunas de las cuales fueron pagadas por Craso, M. Licinio, al que apoyó durante un tiempo. En el 64 fue designado para presidir el tribunal criminal e incitó a la persecución de los que habían asesinado a las personas proscritas por Sila; en esto se encontró con la oposición de Luceyo. En el 63, tras servir como comisionado para pronunciar sentencia contra Rabirio, Cayo por traición, César fue elegido para el prestigioso puesto de Pontifex Maximus, gracias a un generoso soborno, pero contra una poderosa oposición. Habló muy elocuentemente en el Senado contra la ejecución de los compañeros de conspiración de Catilina, y habría tenido éxito de no haber sido por Catón de Utica. César fue pretor en el 62, pero se le suspendió de su cargo cuando apoyó la propuesta de Metelo Nepote para que se concediera a Pompeyo un mando especial contra Catilina; fue, de todas formas, restablecido muy pronto en su puesto. Al año siguiente gobernó la Hispania Ulterior, aunque sus acreedores lo retuvieron en Roma hasta junio del 61. En mayo se había negado a declarar en contra de Clodio en el juicio de la Bona Dea, aunque se divorció de su esposa Pompeya, que según él debía estar "por encima de la sospecha". Su gobierno en Hispania le ayudó a pagar sus deudas; llevó a cabo una campaña contra los lusitanos, por la que reclamó un triunfo, pero chocó contra la ley electoral, ya que las reglas del triunfo le impedían presentarse a ningún cargo. De hecho, hizo un pacto con otros dos magnates, Pompeyo y Craso, y con su apoyo, además de con mucha violencia y soborno, fue elegido cónsul en el 59. Este grupo ha llegado a ser conocido como el primer triunvirato, aunque su asociación no era en absoluto oficial. A los ojos de Livio una auténtica "conspiración" (conspiratio) contra el Estado republicano destinada a controlar los máximos cargos políticos de los años siguientes. Pompeyo se había enemistado con la aristocracia porque el Senado no había ratificado sus acuerdos en las provincias asiáticas o sus asignaciones de tierras para los veteranos. Craso, inmensamente rico y ambicioso, se reconcilió con Pompeyo gracias a la diplomacia de César. En el 59, César se casó con su tercera esposa, Calpurnia. Durante su consulado, César hizo las cosas a su propio modo, ya que su colega Bíbulo no era suficientemente fuerte para vetar sus medidas legislativas y porque tenía el firme apoyo de sus socios. César aprobó leyes para conceder a Pompeyo las medidas que deseaba. Convirtió Como en una colonia, aprobó una ley para parar la extorsión, y logró cambiar la provincia que se le asignaba para el año siguiente. El tribuno Vatinio presentó una propuesta por la que César debería gobernar la Galia Cisalpina e Iliria con tres legiones durante cinco años; el Senado añadió la Galia Transalpina y otra legión. Pompeyo permanecería en Roma para cuidar allí de sus intereses: César le dio en matrimonio a su hija Julia. A principios del 58, César marchó hacia su provincia. No sabemos cuánto contaba en los planes de César la conquista de la Galia. En todo caso, él se había asegurado una provincia que ofrecía perspectivas de expansión, y un fuerte ejército con el que se defendería él mismo en caso de un conflicto de poderes en Roma. Tenía muchos enemigos, reales y potenciales. Durante el 58 respondió a las peticiones de los pueblos galos, especialmente los eduos, contra sus enemigos los secuanos y los invasores del este, los helvecios desde Suiza y los germanos de Ariovisto, los suevos y sus aliados. Venció a ambos grupos de invasores y pasó el invierno en la parte noreste de la Galia. Al año siguiente sometió a los pueblos belgas de esa zona, y en el 56 se trasladó a la costa atlántica y conquistó Armorica (Bretaña) y a los Vénetos de Vendée. Por el camino rodeó a los pueblos de la Galia central y se sintió libre para extender su área de actividad. En el 55 se produjo una invasión de la Galia por los germanos, que por la presión de los suevos cruzaron el Rhin cerca de su desembocadura: tras expulsar a los invasores, César construyó un puente sobre el Rhin e hizo una demostración de fuerza en Germania. Entonces, con la estación ya avanzada, preparó su primer desembarco en Britannia para explorar la isla escasamente conocida, enviando a Commio por delante para ganarse el apoyo de los britanos. Desembarcó con éxito, a pesar de la oposición, pero como su flota varada fue seriamente dañada por las tormentas, se tuvo que retirar bajo la presión de los habitantes. El peligro surgió para César por la intención de su enemigo Ahenobarbo, L. Domicio, seguro de obtener el consulado al año siguiente, de destituirlo y acusarlo, un plan apoyado por Cicerón. Para hacer frente a la crisis, Craso informó a César de la situación, y juntos convocaron a Pompeyo para un encuentro. En abril del 56, los triunviros se encontraron en Luca (Conferencia de Lucca), en el norte de Italia. La posición política de los tres coaligados salió claramente reforzada: en el 55 Pompeyo y Craso desempeñarían de nuevo, como en el 70, el consulado, mientras que una lex de imperio Caesaris, debida al tribuno P. Vatinio, otorgaba a César por cinco años el mando militar (imperium) sobre la Galia Cisalpina. Paralelamente los cónsules vieron prorrogado su mandato en Hispania (Pompeyo) y en Siria (Craso) por cinco años gracias a una ley presentada por el tribuno C. Trebonio, a la vez que una lex Pompeia de provinciis garantizaba a César el gobierno de la Galia durante el mismo período. De este modo entre 55 y 50 César podría completar la conquista de las Galias iniciada en 58 y organizar administrativamente el territorio.César utilizó el botín de la Galia para obtener apoyos en Roma y en cualquier parte del imperio. Sus lazos con Pompeyo se disolvieron cuando Julia murió al dar a luz en el 54, y Craso fue asesinado en Partia en el 53. Mientras tanto, César lideró una segunda expedición a Britannia en el 54, en la que penetró más allá del Támesis e intimidó a los pueblos nativos. Al final del verano se retiró, para no volver ya más. Los galos se alzaron contra César en numerosos lugares del norte de la Galia durante el invierno, venciendo a sus legados Sabino y Cotta, y en el 53 César pacificó a los senones, carnutos y nervios, y tendió de nuevo un puente sobre el Rhin. César arrasó la tierra de los eburones. Durante sus viajes escribió un tratado de retórica (De analogia). En el 52 se produjo una gran rebelión liderada por el averno Vercingétorix. Tras numerosas escaramuzas y cambios de terreno, César consiguió inmovilizar a Vercingétorix en la fortaleza de Alesia, donde lo rindió por hambre. En el 51 se produjeron algunas revueltas, pero la derrota y captura de Vercingétorix habían roto la resistencia gala. En el 51 redujo a los bellovacos y asedió con éxito Uxellodunum. La firme actividad de Pompeyo en el 52 y su legislación para devolver a los tribunos ciertos poderes de veto que podían utilizarse para proteger a César había contado con la aprobación de este. Pero en el 51 Pompeyo dirigió su apoyo al partido aristocrático, que se oponía a las ambiciones de César y que ahora intentaba traer a este de vuelta a Roma sin su cargo y acusarlo de abusos de poder en la Galia. César ofreció dejar su mando si Pompeyo hacía lo mismo, pero el Senado no aceptó ningún compromiso, y el 1 de enero del 49 decidió por votación que César sería considerado enemigo público a menos que renunciara a su mando, desmovilizara su ejército y regresara a Roma como privatus. Por otra parte, un plebiscito garantizaba a César presentar su candidatura "in absentia" en las elecciones consulares del 49 a pesar de que una lex Pompeia de iure magistratuum exigía la presencia de los candidatos en el período electoral y otra "de provinciis" establecía un intervalo de cinco años entre el desempeño de un cargo "urbano" y otro "provincial". Pero parece que César y Pompeyo debían quedar al margen de estas disposiciones, dado que ambos habían regulado su situación futura con anterioridad a la aprobación. Además, la aceptación de las condiciones impuestas por el Senado a su regreso le hubieran convertido en fácil presa de sus adversarios políticos, por lo que César se negó a admitirlas. El veto interpuesto por los tribunos Antonio, Marco y Casio Longino fue ignorado, y estos huyeron al campamento de César. Esta violación de la Constitución ofreció a César un pretexto para actuar, y diez días más tarde dirigió su única legión disponible para cruzar el río Rubicón (10 de enero), que era por entonces el límite entre la Galia e Italia y también, el límite institucional fijado por Sila para establecer el nuevo pomerium; era de hecho una declaración de guerra contra Pompeyo y el Senado, pero César no se dirigió a Roma hasta abril de ese año, tras haber ganado el norte de Italia a su causa. La oposición al avance de César fue muy pequeña: Pompeyo, a quien el Senado había confiado la defensa de Italia, había sobrevalorado su popularidad y tenía dos legiones que eran más leales a César que a él mismo. L. Domicio Ahenobarbo, el nuevo gobernador de la Galia, fue atrapado por César en Corfinium y obligado por sus tropas a rendirse. Pompeyo y la mayor parte del Senado huyeron a Brundisium, desde donde se embarcaron hacia Grecia con un gran ejército el 17 de marzo, pero César carecía de barcos con que perseguirlos. Poco después, dejando a Antonio al cargo de Italia, César marchó a Hispania y allí obligó a los legados de Pompeyo, Afranio y Petreyo, a rendirse cerca de Ilerda (Lérida), en agosto. El escritor Varrón, que también era legado de Pompeyo y ocupaba el oeste de Hispania, se pasó al lado de César, y Massilia, ocupada por Ahenobarbo, capituló tras ser asediada por Trebonio y Bruto, Décimo Junio en nombre de César. César volvió a Roma, donde había sido elegido dictador a propuesta del pretor Lépido. Celebró las elecciones para el consulado, aprobó algunas reformas legislativas y renunció a la dictadura once días más tarde. César y Servilio Isáurico fueron los cónsules del 48. La próxima misión de César era la derrota de la oposición senatorial encabezada por Pompeyo. Para lograrla, César debía llevar su ejército al Épiro, donde Pompeyo lo esperaba con un formidable ejército. César cruzó en enero del 48 con siete legiones y asedió a Pompeyo en las fortificaciones cercanas a Dyrrachium. Antonio, con cuatro legiones más, se reunió con él, pero el ataque de las tropas pompeyanas fue rechazado con grandes pérdidas y la escasez de suministros obligó a César a retirarse hacia el este, hasta Tesalia, donde podía obtener grano. Pompeyo lo persiguió hasta Farsalia y el 9 de agosto del 48 atacó confiadamente, ya que tenía un ejército mayor y una mejor caballería, pero la táctica de César fue superior y Pompeyo huyó. César lo persiguió hasta Egipto, donde descubrió que Pompeyo había sido asesinado por el rey. César llevaba un pequeño ejército consigo y pronto se vio involucrado en la guerra entre Ptolomeo XIV Dioniso II y su esposa y hermana Cleopatra VII. El primero había rechazado la demanda de César de que devolviera el dinero que debía su padre, Ptolomeo XIII Auletes, a los triunviros y bloqueó a César en el palacio, donde Cleopatra se había infiltrado a escondidas. Cleopatra se convirtió en la amante de César y le dio un hijo, Cesarión. César se encontraba en una situación delicada, pero finalmente le llegaron los refuerzos enviados por Mitrídates de Pérgamo y Antípatro, el padre de Herodes el Grande, y en la primavera del 47 derrotó al ejército de Ptolomeo y convirtió a Cleopatra en la auténtica reina de Egipto. Tras un recorrido de dos meses con ella por el Nilo, durante su viaje de vuelta a Roma a través de Siria y Asia Menor, César tuvo que hacer frente a Farnaces II, hijo de Mitrídates VI, que había sido nombrado rey del Bósforo (Crimea) por Pompeyo y que recientemente había invadido Capadocia y Armenia Menor, había vencido al legado de César, Calvino, Cn. Domicio, en Nicópolis y había ocupado el antiguo reino del Ponto de su padre. César lo derrotó en Zela tras una campaña de cinco días: en el subsiguiente triunfo expresó su jactanciosa declaración: "llegué, vi y vencí" (veni, vidi, vici). En Italia se había producido una gran confusión durante su ausencia. En el 48, Servilio, su colega en el consulado, había destituido a un pretor, Rufo, Celio, que se oponía a la reforma de César sobre las deudas y, fortalecido por el apoyo senatorial, lo había asesinado junto a Milón. Más tarde, en el 48, Servilio había nombrado a César de nuevo dictador por un año con Antonio de lugarteniente. Muchos de los veteranos de César estaban disgustados por la tardanza en su licenciamiento y marcharon sobre Roma. César se dirigió a ellos y los avergonzó de tal modo que se sometieron. En agosto del 47, César tuvo que ir a reprimir a las fuerzas pompeyanas que se habían reunido en África. Las venció en la batalla de Thapso en abril del 46 tras cuatro meses de campaña. En el verano del 46, César celebró un cuádruple triunfo, en el cual recompensó generosamente tanto a los ciudadanos como a los veteranos y fue elegido dictador por diez años. En el 46 fue cónsul por tercera vez. Instaló también a Cleopatra y a su hijo en una villa en el monte Janículo. Pero todavía encontraba oposición en Hispania, donde los dos hijos de Pompeyo, Gneo Pompeyo y Sexto Pompeyo, habían reunido un ejército de trece legiones. Dejando a Lépido al cargo de Italia, César llevó un ejército a Hispania en el invierno del 46-45 y derrotó a los pompeyanos en una encarnizada batalla en Munda (marzo del 45), de la que Sexto Pompeyo escapó. Tras regresar de Egipto en octubre del 47, donde repuso en el trono a Cleopatra, fue proclamado "dictador por un año" al mismo tiempo que mantenía su tercer consulado durante el 46. Tras la celebración de su triumphus a su glorioso regreso de África se le otorgó la "dictadura por diez años". Finalmente, en octubre del 45, tras la batalla de Munda, se le reconoció como "dictador perpetuo" y recibió honores divinos. Esta acumulación de títulos y poderes correspondía ya a una nueva época, a una nueva forma de gobierno que sólo mantenía, si acaso, los elementos formales de la tradicional, porque la naturaleza del poder "colegiado" republicano se había transformado ya en un poder personal cuasi-monárquico, si bien arropado todavía bajo la forma institucional de una "dictadura". Con tales atribuciones César pudo reformar la estructura del Estado: aumentó el número de senadores a 900 y, siguiendo el precedente de Sila, aumentó también el número de magistrados: los cuestores pasaron de 20 a 40; los ediles plebeyos fueron 4 y los pretores 16. Sin embargo, durante un año suprimió todas las magistraturas ordinarias y nombró praefecti con atribuciones especiales. Disolvió los collegia de carácter religioso o profesional que habían sido fuente de disturbios políticos en la década precedente. Realizó distribuciones gratuitas de grano, pero redujo considerablemente, casi a la mitad, el número de ciudadanos beneficiarios de estos repartos favoreciendo claramente a la plebe urbana. Fundó muchas colonias, de nombre Julia, en Italia y las provincias, principalmente en África, Galia e Hispania, proporcionando tierras a unos 80.000 veteranos del ejército y afianzando de esta forma el proceso de romanización de los "provinciales": conforme a la "Lex Julia municipalis" los municipios se organizaron desde ahora como pequeños "estados" con "senado", asambleas y magistrados propios para velar por sus particulares intereses; además, anunciando una práctica que se haría habitual en el "Imperio", César no dudó en asumir repetidamente el ejercicio consular (por cuarta vez en 45) y adoptó el título de "imperator", que unió a su nomenclatura personal; en fin, acabó ejerciendo el poder de forma vitalicia e incluso nombró "heredero", y no sólo de bienes patrimoniales, a su sobrino e hijo adoptivo Cayo Octavio. Pero el extinto régimen habría desembocado naturalmente en una auténtica "monarquía" si el propio César no hubiera sido acusado de pretenderla (affectatio regni, capax imperii) cuando en febrero del año 44 exhibió una "corona" en la celebración de los Lupercalia. Aunque ésta era en realidad el símbolo del "dictador perpetuo", fue interpretado por algunos senadores como aspiración a la realeza y contraria a la "res publica". Una conspiración senatorial encabezada por M. Junio Bruto y C. Cassio Longino, con el apoyo de unos 40 colegas, acabó con su vida en una reunión del Senado en el teatro de Pompeyo, el 15 de marzo del año 44, los "idus" más célebres de toda la historia romana. Tenía la intención de marchar más adelante en ese año a los Balcanes y a la frontera oriental. Su proceso de divinización había comenzado. César había sido generoso hasta el exceso con sus veteranos, con la plebe de Roma y con sus enemigos, a muchos de los cuales les perdonó la vida más de una vez, para que volvieran a luchar en su contra. Más allá de la anécdota, la muerte de César tuvo importantes repercusiones en la evolución política romana. Mientras que el grupo "homicida" creyó haber restaurado la vieja res publica, el "partido" cesariano buscó una solución política "nueva" a los problemas de las últimas décadas, configurando un "nuevo" régimen, entre república y monarquía, en el que se contemplaran los intereses de todos los grupos sociales y políticos existentes. Para ello era necesario previamente eliminar a los "cesaricidas" y vencer la resistencia de sus iniciales partidarios. Inmediatamente a la muerte de César, Marco Antonio, cónsul del año, y Octavio, su "heredero", decidieron vengar la muerte de su predecesor desencadenando otra "guerra civil" contra los agresores. Llevó a cabo una útil reforma legislativa, aunque no pasó mucho tiempo en Roma. En el 46, con la ayuda de Sosígenes, un astrónomo alejandrino, reformó el calendario, y el 1 de enero del 45 a.C. inauguró el sistema cronológico (calendario juliano) que ha permanecido casi intacto hasta nuestros días. Reformó la administración provincial mediante una ley en el 59 que obligaba a los gobernadores a hacer públicas sus cuentas antes de dejar el puesto. Extendió ampliamente la ciudadanía y estableció muchas nuevas colonias. En el 48 abolió el impuesto sobre las granjas de Asia y Sicilia y lo sustituyó por un impuesto sobre la propiedad de tierras. Además, disminuyó a la mitad el número de ciudadanos que recibían grano gratis, porque pretendía enviar a muchos de ellos fuera para fundar nuevas colonias. Estableció unas reglas básicas para el gobierno de los municipios. César se casó tres veces y tuvo numerosas amantes, incluyendo a Cleopatra y a Servilia. Fue epiléptico y probablemente bisexual. El término médico cesárea proviene de su forma de nacimiento. Escribió y publicó siete libros de "comentarios" (llamados "apuntes" para ayudar a la futura composición de una historia) sobre La guerra de las Galias, y tres sobre La guerra civil. Su admirador Hircio amplió la primera y probablemente añadió La guerra alejandrina. La guerra africana y La guerra en Hispania fueron compiladas por oficiales para que Hircio las publicara. El estilo de sus dos comentarios es una obra maestra de lucidez y pertinencia, y los elementos propagandísticos no son inmediatamente obvios. César fue además un gran orador, superado en su época únicamente por Cicerón, y escribió una réplica hostil al panfleto de Cicerón en alabanza de Catón, el Anticato, hoy perdido. En su perdida De analogía del 53, dedicada a Cicerón, argumenta a favor de un estilo llano, sencillo en el discurso y en la escritura. César fue un gran radical y un batallador incansable con un gran sentido de su propia vocación de mando, pero al final, la falta de cautela política, cautela que sí mostró su sucesor, Augusto, le privó de la oportunidad de dar al Estado romano la estabilidad que necesitaba.

