Espíritus protectores de la infancia

Los niños romanos, al nacer eran depositados en la tierra a los pies del pater familia quien decidía tomarlo en sus brazos o abandonarlo a su suerte. La diferencia de sexo era determinante, si era una niña el padre debía ordenar explícitamente alimentarla, el abandono de varones era infrecuente. Tras ser recogido por el padre el niño debía esperar hasta el noveno día de vida, 8 para las niñas, para ser purificado y recibir los tria nomina en el llamado dies lustricus consagrado a la diosa Nundina. Un sacrificio y una comida lo agregaban así al grupo familiar. A partir de los primeros días de existencia se consideraba que los niños eran protegidos por su Genius, representado por una serpiente o un hombre con toga, mientras que las niñas lo fueron pero mas tardiamente por Juno. Además había un buen montón de espíritus protectores: Nundina cuidaba de la purificación del niño, Vaticanus y Fabulinus le hacía dar su primer grito y después hablar, Educa le enseñaba a comer y Potina a beber; Cuba le cuidaba en su cuna y se la invocaba al acostado; Ossipago y Carna cuidaban del crecimiento de sus huesos y su carne; Abeona y Adeona le enseñaban a andar etc.. El día del nacimiento del niño a todos los genios protectores de la infancia se las hacía una ofrenda de vino y flores y luego se bailaba en su honor. Ver, Infancia.
 
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