Clodio Albino

Decio (Decimus Clodius Albinus) (siglo II). Como el propio Severo, Clodio Albino era de origen africano, miembro de una familia senatorial de Hadrumetum. Desde que Cómodo le había confiado el mando de las tres legiones de Britannia, Albino tenía en sus manos el control de las provincias occidentales del Imperio, en las que contaba con numerosos partidarios y, lo que era más importante, con el apoyo de gran parte del Senado. Por eso la decisión de Septimio Severo de proponerlo como presunto heredero con el título de "caesar" fue bien acogida tanto por el grupo senatorial africano como por los senadores de origen galo e hispano, muy numerosos ya en los gobiernos anteriores y que vieron en él la garantía de sus intereses provinciales. Pero el "círculo africano" incluía además a un gran número de funcionarios ecuestres que cumplían sus servicios al Estado en el ejército y la administración. Gozando de apoyos similares la rivalidad entre ambos se convertía fácilmente en lucha recíproca por mantener sus respectivas posiciones de poder. Tras un breve intervalo, el peligro de "guerra civil" amenazaba de nuevo. Una vez más Severo parece haberse adelantado a los planes de Albino declarándole hostis publicus, a finales del 195, poco antes de que éste fuera proclamado "augusto" en Britannia en enero del 196, estableciendo su sede en Lugdunum. Paralelamente, en abril de este mismo año Severo proclamó "caesar" a su hijo Bassiano, en Viminacium, en Mesia, a su regreso de Oriente, quien significativamente tomó el nombre de "Marco Aurelio Antonino", conocido sobre todo por su cognomen como "Caracalla", del nombre de una pieza de la indumentaria militar (el caracallus). La ausencia de Severo y el apoyo de un nutrido grupo de senadores, no menos de sesenta, proporcionaron a Albino una sólida posición política, reforzada con el poder estratégico de tener bajo su control las provisiones de la annona militaris, particularmente el aceite bético destinado al abastecimiento de las legiones de Germania. Por su parte, Severo contaba con el apoyo incondicional de las legiones danubianas que le habían encumbrado al poder y la experiencia de grandes generales en su ejército. La confrontación entre ambos cerca de Lyón se saldó con victoria severiana en febrero del 197. Pero esta vez la derrota de los adversarios fue ejemplarmente castigada: veintinueve senadores fueron ejecutados "sin esperar a la aprobación del Senado". A numerosos partidarios de Albino en Galia e Hispania se les confiscaron todas sus propiedades.
 
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