Antíoco IV

Epífanes "Glorioso" "Ilustre" "Revelado" (Antiochus Epiphanes) (ca.215-ca.162 a.C.) Tercer hijo de Antíoco III el Grande y Laódice. Rey de Siria (175-164). Enviado por su padre como rehén a Roma en el 189, logró posteriormente ser cambiado por su sobrino Demetrio, hijo de su hermano Seleuco IV, e instalarse en Atenas. Allí residió hasta la muerte de Seleuco, y apoyado por Eumenes II de Pérgamo y quizá también por Roma, pudo coronarse rey de Siria desembarazándose de Heliodoro, asesino de su hermano Seleuco (175). En los primeros años la preocupación del rey se limitó a los asuntos internos. Antíoco se encontró con un reino reducido a Siria y Palestina y en retroceso en Mesopotamia, sin posibilidades de expansionarse hacia Asia Menor, puesto que Roma se lo prohibía, ni por Mesopotamia, progresivamente controlada por los partos. Por ello se fijó en Egipto, porque era su vecino más débil y porque era el único flanco por el que podía expansionar su menguado reino, recuperando así algo del poder y de las riquezas que perdió Antíoco III. Aprovechando que Roma se encontraba de nuevo enzarzada en una guerra en los Balcanes, juzgó llegado el momento oportuno para atacar Egipto, pensando que Roma no tendría suficiente capacidad militar ni libertad de movimientos como para oponerse a su acción. En el 170-168 se enfrentó a Egipto en la Sexta Guerra Siria. Aprovechándose de los conflictos internos egipcios durante el reinado de Ptolomeo VI, Antíoco llegó a conquistar todo el país, excepto Alejandría. La población alejandrina llamó a un hermano de Ptolomeo VI, llamado Ptolomeo Fiscón. Antíoco IV puso sitio a Alejandría. Pero entonces Roma, que no había en efecto podido mandar tropas a Egipto, mandó tan sólo a un embajador, Popilio Lenas, provisto de una orden del Senado conminando a Antíoco IV a evacuar Egipto. Forzado además a dar una respuesta inmediata, Antíoco IV debió interrumpir bruscamente sus operaciones militares y salir de Egipto con todas sus tropas, devolviendo a Ptolomeo las posesiones que, como Chipre, le había arrebatado en el curso de la guerra. A su regreso de Egipto, Antíoco tuvo que enfrentarse al problema judío, pues los conflictos entre las facciones tradicionalista y helenizante se habían transformado en insurrección. Antíoco entró en Jerusalén, se apropió de los tesoros del templo y reinstauró el orden; pero el equilibrio era muy precario, de forma que la insurrección continuó y una segunda expedición terminó con la creación de una colonia militar en la ciudadela de Jerusalén, la erección de un altar a Zeus y la prohibición del culto a Yahveh. La consecuencia inmediata fue un levantamiento dirigido por Matatías y sus hijos los Macabeos (166), que no finalizaría sino con el reinado de Antíoco V. Dejando este problema en manos de Lisias, su visir, Antíoco dedicó sus esfuerzos a una expedición asiática similar a la de su padre, pero tras unas victorias iniciales, no pudo culminar sus planes al morir de enfermedad en Persia (164). Le sucedió Antíoco V.
 
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