Antonino Pío

(Antoninus Pius) (86-161). Emperador romano. Antes de ser emperador (o Príncipe) se llamaba Titus Aurelius Fulvius Boionius Arrius Antoninus. Nacido el 19 de septiembre del año 86, en Lanuvium (lacio). Había nacido en Italia aunque su familia era de ascendencia gala, originaria de Nîmes, en la Galia Narbonense. Hijo del consular Aurelio Fulvo, su madre fue Arria Fadilla. Su abuelo materno fue Arrio Antonino. Antonino Pio siguió la carrera política propia de un individuo de su clase hasta alcanzar el consulado en el 120 y recibir competencias en Etruria y Umbría, colaborando con Adriano. Ya estaba casado (110) con Faustina la Mayor, con quien tuvo un hijo, muerto de corta edad, y una hija, Faustina la Joven, luego casada con Marco Aurelio. Siendo gobernador de Asia en 135-136, su fama de integridad y ecuanimidad le facilitó el ingreso en el consilium del emperador, donde su seriedad y lealtad le ganaron el aprecio de Adriano y, a la muerte de Lucio Aelio, la designación como hijo y heredero, adoptando él a su vez, a M. Annio Vero, sobrino de Faustina y futuro yerno y emperador Marco Aurelio, y a Vero, hijo de Lucio Aelio. Adriano, tras haber asegurado la sucesión con gran previsión, murió al cabo de pocos meses; Antonino Pío, investido con imperium proconsular y tribunicio, fue el emperador de facto, por lo que a la muerte de aquél la sucesión se llevó a cabo sin problemas ni disputas y él mismo persuadió a un Senado no muy bien dispuesto a divinizar a su predecesor; ello le ganó el título de Pius (Justo), no se sabe si en premio a la fidelidad mostrada a la memoria de su padre adoptivo o por su devoción al oficio imperial y a los dioses. Faustina fue nombrada augusta. El reinado de Antonino Pío careció de espectacularidad pero fue beneficioso, eficaz y progresivo, especialmente para Italia, de donde, en claro contraste con los frecuentes viajes de su antecesor, nunca salió. Dispensó a las ciudades italianas de las acostumbradas contribuciones monetarias para la coronación, que en las provincias quedaron reducidas a la mitad, mientras que las monedas de los años 140-144 anunciaban la inminente celebración del noveno centenario de la fundación de Roma (en el 147) y el comienzo de una nueva pax romana. Su relaciones con el Senado fueron deferentes: no aumentó los privilegios y poderes de esa asamblea, pero tampoco ejecutó a ninguno de sus miembros, los consultó en toda clase de materias y le devolvió el control de Italia, acabando con la organizadón de Adriano del país en cuatro provincias. En la administración del Imperio contribuyó a la centralización burocrática y a la permanencia de los buenos administradores, que antes se solían rotar con frecuencia. Respecto a los súbditos, el gobierno de Antonino Pio se caracterizó por la benevolencia: además de fondos caritativos y fundaciones (como el de las puellae faustinianae) y la reducción de las cargas del cursos publicus, hubo hasta nueve repartos de dinero, ayudas financieras a muchas ciudades y la construcción de numerosos edificios públicos. A la vez, se redujo el gasto público, y la sobriedad de la Casa imperial permitió que su sucesor encontrase en el tesoro público un superávit de 675 millones de denarios. Aunque el carácter de Antonino Pio favorecía la negociación y el arreglo pacífico, su política exterior no fue fácil. En Britannia, la frontera fijada por Adriano se abandonó en favor de otra fortificación más septentrional (140-141), el Muro de Antonino. En Germania, la amenaza de una revuelta se conjuró estableciendo britanos exiliados en las orillas del Neckar; las rebeliones de númidas y mauretanos (bella maurica en las inscripciones de Hispania, ca. 145-150) fueron seguidas por levantamientos en Judea y Egipto; en Dacia, la sublevación del 158 obligó a dividir el territorio en tres provincias, y finalmente, se intentó asegurar las fronteras del Imperio constituyendo reinos-cliente en la Cólquida, con los cuados y en Armenia, garantizando en este caso la integridad del territorio frente a Partia. Asegurada la sucesión, y popular entre sus súbditos, el ambiente del Imperio de Antonino Pio quedó bien reflejado en el famoso discurso de Arístides: Roma como beneficente y protectora dirigente de un conjunto de poleis prósperas, pacíficas y felices. Antonino murió en Lorio en marzo del 161. Antes de su muerte, Antonino Pio había propuesto a Marco Aurelio como su sucesor al Imperio y hubo unanimidad en su deificación; a los honores mortuorios habituales se le sumó la erección de una columna conmemorativa en el Campo de Marte (su basa está ahora en el Vaticano) y un templo en el Foro. Ver, Adriano, Faustina.
 
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