Antístenes

de Atenas (ca.436-ca.366 a.C.). Filósofo y líder de una escuela que fue precursora de la de los cínicos. Nació en Atenas, hijo de padre ateniense llamado también Antístenes y de madre tracia. No se conoce con precisión la cronología de su vida. Fue alumno de Gorgias y discípulo de Sócrates. Según algunos, Antístenes es el fundador de la escuela cínica, así llamada del nombre del gimnasio de Cinosarges en el que daba su enseñanza. En este lugar, aunque la cronología es dificil de determinar, parece que fue alumno suyo Diógenes de Sínope. La enseñanza de Antístenes era fundamentalmente moral y política. Como Sócrates, enseñó que la virtud depende del conocimiento y puede, por eso, ser enseñada: todo aquel que conoce el significado de la palabra "virtud" debe ser inevitablemente virtuoso. La virtud consiste en el desprecio de las riquezas, los ornamentos, la gloria y el disfrute; la mayoría de los placeres son engañosos y no merece la pena perseguirlos. Esta doctrina influyó en el estoicismo. Diógenes Laercio dice que escribió diez volúmenes, pero lo que de él sabemos, solamente lo conocemos por referencias de autores como Aristóteles, Jenofonte y otros, sin que sea posible establecer rigurosamente todo su pensamiento. Aristóteles le atribuye las siguientes tesis: negación de la predicación, negación de la definición y negación de la contradicción. O sea, que el conocimiento de las cosas se limita al puro nombre, que, al ser único y propio de cada objeto, no permite formular juicios. Es famosa su sentencia: "Veo el caballo, pero no veo la caballidad". Más que de un nominalismo, parece se trata de un atomismo lógico. Algo más fundados son nuestros conocimientos sobre su enseñanza ética, en dos aspectos: por una parte la orientación hacia un fuerte compromiso individual en la práctica de la virtud y, por otra, hacia un retorno al estado de la naturaleza, en el que el hombre tiende a liberarse de todo aquello que excede a las necesidades de supervivencia. Por ello recomendaba la vida sencilla, olvidando los placeres mundanos, y afirmando que el conocimiento sólo se consigue mediante exactas definiciones. Han llegado hasta nosotros algunos fragmentos de sus diálogos socráticos.
 
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