Apolonio de Tiana
(ca.34-ca.97). Filósofo griego que debió nacer en Tyana, Capadocia, en los primeros años de la era cristiana, y morir, de acuerdo con Filóstrato, Flavio en la época de Nerva. Unánimemente, todas las fuentes presentan a un Apolonio que tiene mucho más de brujo y taumaturgo que de filósofo. Se tienen datos que aseguran que Apolonio llegó a recibir culto. Es difícil saber cómo era Apolonio en realidad, dado que la versión de Filóstrato era una visión parcial e interesada. Hay que admitir entre sus rasgos básicos que era un pitagórico que quiso ser un retrato viviente de Pitágoras, preocupado por conservar puros sus preceptos: vegetarianismo, abstinencia sexual, uso de vestimenta de lino y calzado de corteza, etc., interesado por la moralización del culto de los dioses, y amante de la cultura griega, además de ser un inconformista, cuya persecución de la verdad y sinceridad lo hacían entrar en conflicto con el gobierno establecido en su época. Se puede atribuir a Apolonio, porque coincide perfectamente con las creencias pitagóricas, la consideración de inapropiadas a las prácticas del sacrificio sangriento a los dioses. Viajó por todo el mundo conocido, y hasta la India para oir las enseñanzas de los gimnosofistas. Fundó una escuela en Éfeso. Parece haber sido autor de una extensa producción literaria. Sabemos que escribió una biografía sobre Pitágoras. El Suda cita su obra, Sobre los sacrificios, mencionada a su vez por varios autores. Enumera asimismo un Testamento, unos Oráculos, la ya citada Vida de Pitágoras y unas Cartas. A este catálogo se puede agregar aún el Himno a la Memoria, su obra Acerca de la adivinación por las estrellas y las Opiniones de Pitágoras. Tuvo gran influencia desempeñando, al parecer, un oscuro papel político cerca de los grandes señores romanos, seducidos por la fuerza de su personalidad y su ascetismo. Los enemigos de su doctrina lo pintaban injustamente como entregado a prácticas mágicas. Hierocles de Nicomedia comparó su vida con la de Jesús de Nazaret, en detrimento de este último; Eusebio escribió una réplica que se ha conservado. Ver, Filóstrato.

