Licurgo

Rey de Tracia que desempeña un papel en la leyenda de Dioniso. La Ilíada lo cita ya como ejemplo de los castigos que aguardan a quien desafía a los dioses. Licurgo, rey de Tracia, expulsa a Dioniso, llegado a su país con sus nodrizas. Hasta tal punto asusta al dios, que éste salta al mar, donde es recogido por Tetis. Pero los dioses lo castigaron. Zeus le volvió ciego. En esta versión, Dioniso aparece todavía como un niño tímido, que se asusta en seguida ante la violencia de Licurgo. En los trágicos, y desde Esquilo, en su tetralogía dedicada a Licurgo y hoy perdida, Dioniso aparece como adulto. Lo vemos encargarse personalmente de su venganza, al mismo tiempo que se precisa la personalidad de Licurgo. Éste, rey de los edonios de Tracia, es presentado como hijo de Driante. Cuando Dioniso quiso atravesar Tracia para dirigirse contra los indios, Licurgo le cerró el paso y capturó a las bacantes que acompañaban al dios, así como a los sátiros de su cortejo. El propio Dioniso fue a refugiarse en el mar, junto a Tetis, la hija de Nereo. Pero las bacantes fueron libradas milagrosamente de sus cadenas, y Licurgo enloqueció. Creyendo que su hijo Driante era un pie de vid, lo mató de un hachazo. Una vez consumado el crimen, recobró la razón. Pero la esterilidad se esparció por sus tierras, y un oráculo indicó a los habitantes que el único medio de devolverles la fecundidad era descuartizar a Licurgo. Así se hizo en el monte Pangeo, donde fue amarrado por sus súbditos a cuatro caballos, que lo despedazaron. La leyenda citada por Higino difiere considerablemente de la anterior: Licurgo había expulsado a Dioniso de su reino, poniendo en duda su divinidad. Luego, en plena embriaguez, intentó violar a su propia madre. Con el fin de impedir que pudiesen repetirse actos tan vergonzosos, se dispuso a arrancar las vides, pero Dioniso lo volvió loco, y entonces él mató a su esposa y a su hijo. Luego Dioniso lo abandonó a las panteras del monte Ródope, donde, si bien Higino no lo dice, fue probablemente devorado por las fieras. Diodoro conoce una versión evemerista de la leyenda. Para él, Licurgo es el rey de la parte de Tracia contigua al Helesponto. Habiendo proyectado Dioniso pasar de Asia a Europa con su ejército, concertó con él un tratado de alianza. Amparadas en este tratado, las bacantes habían cruzado el estrecho y entrado en Tracia. Por la noche, Licurgo ordenó a sus soldados que diesen muerte a las bacantes y al propio Dioniso. Pero un tal Cárope (Ver) reveló al dios la conspiración. Éste, asustado, resolvió dejar el grueso de sus tropas en la costa asiática y volvió a pasar el estrecho. En su ausencia, Licurgo atacó a las bacantes y las pasó a cuchillo. Pero Dioniso volvió con nuevas fuerzas y derrotó al ejército tracio. Se apoderó de Licurgo, le arrancó los ojos y lo crucificó, después de haberio torturado de mil maneras. Añade Diodoro que a veces este episodio no se sitúa en Tracia, sino en Nisa, Arabia (sobre este país, ver Dioniso). Nonno, en sus Dionisíacas, ha dado un desarrollo excesivo al episodio de Licurgo, a quien presenta luchando con las bacantes y especialmente con una de ellas, Ambrosía, que se transforma en vid para rodearlo y ahogarlo. Hera hubo de liberarlo, blandiendo sobre las bacantes la espada de Ares.
 
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