Faraón
En egipcio "Pero-o o Per-aa o Pir-o". Originariamente, designación del palacio real, literalmente "la gran casa"; de ahí acabó por designar al rey. Este uso se encuentra por primera vez en el Período Amarniense, pero en realidad no pasó nunca de ser una designación popular de la persona del monarca, es decir, que nunca fue un verdadero título real. A partir de su uso por la Biblia se ha popularizado universalmente esta palabra para designar a los antiguos reyes de Egipto. El soberano de Egipto, al que usualmente se conviene en llamarle faraón, siguiendo la Biblia, era considerado oficialmente como un dios, durante el Imperio Antiguo. El protocolo faraónico, que se formó y se regularizó en una evolución que va de la Dinastía I hasta la X, su componía de cinco títulos que precedían cada uno de los cinco nombres oficiales del monarca; estos cinco títulos son un auténtico programa de su divinización progresiva. Así el faraón es:
)o( 1º, el Horus, es decir, el divino soberano que gobierna en el cielo y en la tierra desde tiempo inmemorial; este título es de origen predinástico y se escribía utilizando el serej.
)o( 2º, Nebti, o sea, el de las Dos Señoras, es decir, el protegido y legitimado por las dos diosas Nejbet y Uto, respectivamente de Hieracómpolis y de Buto. Otro modo de personificar al Norte y al Sur.
)o( 3º, Hor Nub, el Horus de oro, el título más problemático y controvertido del protocolo faraónico. Identificaba al rey con el oro del que míticamente estaba hecho el dios halcón. Le otorgaba divinidad.
)o( 4º, Nesu-biti, o Nesut bity, el Rey del Alto y del Bajo Egipto, literalmente, "el que pertenece a la caña y a la abeja", yuxtaposición de los títulos predinásticos usados por los soberanos del reino del Valle y por los del Delta, y que como tal yuxtaposición la encontramos por primera vez usada por Den, faraón de la Dinastía I. Era el nombre tomado por el rey en la coronación.
)o( 5º, el hijo de Re, título documentado ya durante la Dinastía IV, pero no incorporado definitivamente al protocolo faraónico hasta la V, y que al emparentar al monarca viviente con la divinidad universal Re, realzaba las pretensiones universalistas e incluso cósmicas de la realeza. Era el que recibió el monarca en su nacimiento. )o(
De estos cinco nombres, los más importantes en la práctica a partir de la Dinastía V fueron los dos últimos, designados convencionalmente por los egiptólogos, respectivamente, como el praenomen y el nomen del faraón. Pronto se adoptó la costumbre de escribir los jeroglíficos de cada uno de estos dos nombres dentro de un cartucho, en realidad la representación de un nudo sagrado que debía protegerlos. Era un símbolo solar. La importancia de los cartuchos a la hora de descifrar los jeroglíficos, resultó capital. Para que todo Egipto supiera la ascensión de un nuevo Horus y conociera los nombres que se le habían dado, pudiendo ser inscritos en su tumba, en los templos y en los documentos oficiales, distintas comisiones se encargaban de redactar los documentos que se envíaban hasta los más alejados nomos del país. Oficialmente el rey se llamaba, además de con los nombres ya dichos, con otros que ahora se añaden. En los documentos contemporáneos los egipcios cuando se dirigían o hablaban del rey le llamaban niswt-bity, niswt, ntr; nb, iti, hm. Los términos empleados para designar al rey en vida, mientras gobernaba sobre sus súbditos, eran fundamentalmente dos: niswt, que se traduce por "rey", y hm, que se traduce por "majestad", y dado que aparece muchas veces, es posible precisar su significado, con bastante aproximación. Ambos términos son muy antiguos y se hacen frecuentes en la Dinastía IV empleándose sin variaciones durante todo el Imperio Antiguo. Cada uno de ellos tenía su significación propia y no eran intercambiables. Ante todo, el egipcio distinguía entre el rey vivo y el rey muerto, pero incluso el rey vivo no era entendido por el egipcio de una manera unitaria, sino que distinguía dos aspectos, uno como rey reinante, esencia real, mágica y otro como persona humana. Como tal persona humana se le llamaba Hm, expresión que se limita siempre a la vida de un rey determinado, la naturaleza humana del rey. Este concepto, demostraría claramente que el rey en su vida normal no era considerado como un dios, sino sobre todo como un hombre, pero de esta naturaleza humana se liberaba con la muerte, después de la cual pasaría a unirse con los dioses. El título Niswt significa el aspecto de la realeza, no relacionado directamente con la persona humana, sino la encarnación de la realeza simplemente, que tiene un hombre determinado. Esta palabra se refiere siempre a sus actos como rey, no como hombre, en cuyo caso se llamaría de otra manera. Por ello el niswt no era el rey como individuo humano sino como ostentador de la soberanía, pero no había identificación de la persona con el cargo que desempeñaba y, por tanto, la realeza egipcia no fue una institución humana, sino una emanación mágica de la voluntad y la fuerza divina. El rey, en cuanto gobernante de Egipto, trascendía de lo humano y adquiría carácter divino en la medida que gobernaba, porque gobernar, dictar leyes, etc., era realizar mágicamente en el mundo el sistema divino de los dioses. El rey, sea cualquiera el concepto que hoy nos formemos de su puesto en el mundo teórico, era el que dirigía la historia del país y lo hacía en virtud del derecho divino (maat), es decir, el orden universal y por ello podía gobernar, dictar y emanar derecho y mantener el país en orden frente a las fuerzas disgregadoras del Caos. Esta doble naturaleza del faraón explica el hecho de que éste, perdida la naturaleza humana, ascendiera a la categoría de los dioses. Así lo vemos en los Textos de las Pirámides. Con el final de la Dinastía V se manifestó un movimiento que se desarrolló en tiempos de Pepi II, que se expresa en el cambio del término nb (señor) añadiéndole un determinativo divino. Al mismo tiempo aparece la expresión ntr (divino) para el rey. De esta manera se tendió a unir los dos aspectos de la realeza, el humano y el divino que antes se consideraban perfectamente separados, y se inició un proceso que coincidió con la aparición el dios Osiris en las inscripciones funerarias, con toda la expansión de los cultos osiríacos y las consecuencias sociales, políticas y económicas que esto llevó consigo. Es curioso que cuando avanzó este proceso de hacer primar el carácter divino del faraón sobre el humano, se estaba iniciando la tendencia hacia la feudalización del Estado, con la aparición de los nomarcas semiindependientes. Probablemente, este proceso desintegrador fue la causa de hacer un esfuerzo para elevar la personalidad del monarca sobre la de estos señores provinciales.

