Elías
o Eliyyahu o Elia o Elijah (siglo IX a.C.). Profeta (ca.860) del Antiguo Testamento, nacido en Tishbeh de Guilead (Jordania) y citado prácticamente en todos los libros de la Biblia. Gran paladín de la religión judía frente a las religiones rivales y el azote de Acab, el rey que, al casarse con Jezabel, introdujo en Israel el culto del dios pagano Baal. Elías tuvo que hacer frente a las amenazas del rey y de la reina, así como a la sequía y el hambre que asolaron el país en aquellos tiempos. Se ocultó junto al torrente Kerit (un pequeño tributario que desemboca en el Jordán por el este, a mitad de camino entre el Mar de Galilea y el Mar Muerto), donde unos cuervos se ocuparon de alimentarlo. Luego fue guiado de forma misteriosa hasta las proximidades de Sidón, en la costa, donde una viuda le dio de comer (más adelante Elías volvería a la vida al hijo de aquella viuda). El momento más espectacular de toda su trayectoria se produjo cuando convenció a Acab de que reuniera a 450 sacerdotes de Baal en el monte Carmelo, donde tendría lugar una competición para ver quién conseguía que un novillo sacrificado se prendiera fuego por sí solo. Los sacerdotes de Baal, a pesar de pasarse un buen rato dando saltos y automutilándose, no consiguieron nada. Elías, en cambio, tuvo éxito de inmediato. Acab quedó humillado y Elías, eufórico, corrió delante del carro del rey todo el trayecto hasta Yizreel (posiblemente Carmelo fuera un territorio en disputa que habría sido cedido a Acab como parte de las estipulaciones matrimoniales, pero que no fue transferido a Israel por los sacerdotes de Baal hasta que se produjo el triunfo de Elías). Jezabel juró vengarse de Elías, pero el profeta huyó a Berseba y luego al desierto que se encontraba aún más allá. En aquel lugar se le presentó Dios en la forma de un "susurro de una brisa suave" y le ordenó que buscara a Eliseo para ungirle como sucesor. Asimismo, le ordenó que buscara a Hazael y Jehú, a los que había de ungir como futuros reyes de Siria e Israel y encomendarles la misión de acabar con Acab y su descendencia, así como con todos los adoradores de Baal. Elías cumplió la primera parte de este mandato, pero dejó que fuera Eliseo el encargado de llevar a cabo la segunda. Cuando Acab hizo dar muerte a Nabot por quitarle su viña, profetizó a aquel rey que los perros lamerían su sangre como la de Nabot, amenaza que no se llevó a efecto por haberse arrepentido Acab. Ocozías, hijo de éste, envió contra Elías cincuenta hombres que el profeta hizo devorar por el fuego del cielo. Llegó a anunciar la muerte del monarca, que tuvo lugar en Ramot de Guilead. Elías instruyó en el profetismo a Eliseo, que fue su sucesor. En torno a la figura de Elías se tejió el relato de su "ascensión", (según el Libro 2 de los Reyes fue elevado a los cielos en un carro de fuego), abriéndose así la esperanza de su vuelta, anunciada también proféticamente. Ello aclara la alusión de los asistentes a la crucifixión de Jesús de que "éste llamaba a Elías". La iconografía cristiana se ha apropiado frecuentemente de la figura de Elías. En la mitología persa, los magos de Persia pretendían que Zoroastro, su maestro, había sido uno de los discípulos del profeta Elías, o a lo menos que sus antepasados habían sido instruidos por los discípulos de los dos profetas, Elías y Eliseo. El nombre de Elías ha servido para bautizar un buen número de montañas. Numerosos episodios de su vida son de difícil argumentación histórica.

