Auriga de Delfos
Obra escultórica en bronce de arte griego, del período preclásico. Representa un auriga de una cuadriga, posiblemente un exvoto del tirano Polizalo de Gela (Sicilia) por su victoria en una carrera de carros (474 a.C.) en Delfos, realizada, probablemente, por Pitágoras de Regio. Esta obra maestra se descubrió gracias a un desprendimiento de tierras en las excavaciones que unos arqueólogos franceses estaban haciendo en Delfos sobre terrenos del siglo IV a.C. Pese a que sólo se rescataron fragmentos de la cuadriga con la que originariamente formaba grupo, la figura del auriga permite hacernos una idea del conjunto con bastante aproximación. Unos instantes antes del inicio de la carrera, inquietos los caballos y ya uncidos a la vara de la cuadriga, son sujetados por este personaje, cuyo rostro no expresa la tensión que, lógicamente, la ocasión implica. Aparece tenso y concentrado, imponiendo su voluntad a los cuatro fogosos caballos. El brazo sostiene nerviosamente las riendas y los pies se arquean para mantener el equilibrio en el momento de la vertiginosa partida. Los cabellos estilizados y los pliegues regulares de la túnica dan un resultado muy realista de la figura. Una de las cosas que contribuyen más al efecto estético del Auriga de Delfos es la sabia simplificación de sus formas, ya que la sencillez de sus líneas se derivan naturalmente de la técnica del bronce. La estatua del auriga está fundida en hueco y compuesta de varias piezas. Llama la atención el estrecho apoyo de las piernas y la peculiar indumentaria, con el chitón ceñido más arriba de la cintura. La cabeza y el tronco giran claramente a la derecha, aunque el movimiento del cuerpo queda oculto bajo los largos pliegues colgantes del vestido. La cabeza, cuyos rizados cabellos están recogidos con una diadema, descansa sobre un robusto cuello. La expresión serena del rostro se produce por la conjunción de sus elementos: la nariz recta y firme, horizontalidad en las cejas, mirada decidida, boca grande y vigorosa sobre una enérgica barbilla. El maestro de esta obra fue, probablemente, Pitágoras de Regio, que hubo de emigrar a principios del siglo V a.C. desde Samos a Grecia continental. Este artista, representante del arte del movimiento, nos ha dejado en el Auriga de Delfos una figura con un mínimo de movimiento y un máximo de libertad. En su estética ciertamente se aprecia una falta del espíritu y la movilidad del arte griego preclásico, pero la tensión que irradia, lograda mediante leves desplazamientos asimétricos, la dota de una dignidad que la sitúa entre las obras simbólicas de la época.

