Vela

Corresponde al signo jeroglífico "hetau". Las antiguas embarcaciones egipcias que navegaban por el Nilo podían utilizar la corriente del río para navegar hacia el norte (río abajo), y la fuerza de los vientos predominantes que soplaban hacia el sur cuando remontaban el río. Los barcos de río se representan con frecuencia con un mástil fijo y a menudo con su vela izada. Sin embargo, en la escritura egipcia el jeroglífico para vela no se usó únicamente para palabras tales como hetau, "vela", y nefu, "capitán de barco" o "patrón", sino también para términos relacionados con los vientos, y, por asociación directa, con el concepto de "respirar". Este ultimo uso en la palabra tchau, "respirar", dotó al jeroglífico de un uso simbólico que se encuentra reflejado con frecuencia en viñetas que ilustran varios ensalmos del Libro de los Muertos. El papiro Najt, Dinastías XVIII a XIX, muestra al escriba Najt sentado en una silla con patas de león, en una posición típica para representar a un fallecido, pero en lugar de asir el flagelo de autoridad usual en esta clase de representaciones, sostiene un mástil con la vela desplegada. Esta escena ilustra el ensalmo 38A del Libro de los Muertos, un ensalmo "para vivir por el aire en el reino de los muertos". Resulta evidente que la vela representa aquí el aliento vital que debe alcanzar el difunto. En varias viñetas del Libro de los Muertos que ilustran otros ensalmos pensados para "respirar aire" o "dar aliento en el reino de los muertos" encontramos una variación sobre este mismo tema. Estas representaciones muestran al difunto sosteniendo una vela, que simboliza el aliento, ante diferentes dioses, como pueden ser Chu, Osiris y Atum. Generalmente, entre el difunto y el dios se encuentra una tabla repleta de ofrendas, lo cual parece apuntar a una donación recíproca de ofrendas a la divinidad y aliento al difunto. El ensalmo 55 dice: "Yo soy Chu (el dios del aire) que lleva el aire ... a los límites del cielo, a los límites de la tierra ... y aire se da a todos los jóvenes que abren mi boca . . ."; y en el ensalmo 56, el fallecido pide: "¡Oh, Atum, dame el dulce aliento que hay en tu nariz!". De hecho, a veces es la propia divinidad la que sostiene la vela ante el difunto que le rinde culto, como una prueba del regalo de aliento. La fórmula de ofrenda que aparece en incontables estelas de tumbas incluye frecuentemente "el dulce aliento vital" entre los regalos de sustento que se han de dar al difunto. Finalmente, el jeroglífico para vela puede verse en numerosas ilustraciones de la barca con la que el difunto debe cruzar el río celestial, que los egipcios equipararon a menudo con la Vía Láctea. El ensalmo 99 del Libro de los Muertos se refiere a ese viaje cósmico, y aparece representado en viñetas como la perteneciente al papiro de Najt. La barca del fallecido es impulsada por la vela, hinchada de forma mágica, que no solamente provee de fuerza a la embarcación, sino que también aporta una connotación simbólica de aliento vital para el viaje a través del Más Allá. Ver, Embarcaciones.
 
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