Lacus Curtius
o Lago Curcio. El lago Curcio es un agujero misterioso en el suelo del Foro romano, hoy pequeño, rellenado y pavimentado, la leyenda dice que fue una sima infinita. El nombre del lago parece estar relacionado con la Gens Curtia, importante y antigua familia romana de origen sabino. De cualquier forma, el lugar recibía cierta veneración en la Roma antigua, y posee una leyenda, transmitida por diversos autores, con especial importancia de Tito Livio y de Varrón, sobre todo del primero. La leyenda, cuenta que consultado el oráculo sobre la forma de cerrar el abismo insondable, este respondió que los ciudadanos debían entregar lo que tenían de más valor. Un joven, M. Curcio, entendió que lo más valioso en Roma era la fuerza de la juventud, así que se arrojó al abismo, montado a caballo y totalmente armado. De forma alternativa, Tito Livio da la versión de que el lago habría recibido su nombre de Mettius Curcio, jinete sabino que cayó en él en la guerra derivada del rapto de las sabinas. Una tercera versión, narrada por Varrón, atribuye la consagración del lugar al cónsul Cayo Curcio, en el 445 a.C. después de que el impacto de un rayo lo abriera.

