Banca

En el mundo griego había bancos sagrados, privados y públicos. Los bancos de los santuarios, en origen bancos de depósito, eran numerosos. Los primeros datan del siglo VI a.C. y la época de su mayor florecimiento se sitúa en los siglos V y IV a.C., existiendo aún en el siglo II. Eran administrados no por sacerdotes sino por magistrados, denominados "tesoreros", de la ciudad de la que dependía el santuario. A veces, como en Delfos, llevaban el nombre de hieropes. Los depósitos más conocidos son los de Éfeso, en el santuario de Artemisa, Olimpia y Delfos. Se confiaban a estos santuarios unos objetos preciosos o, más tarde, dinero amonedado, que se conservaban en tinajas (stamoi). Los clientes eran particulares o ciudades, ya que algunas ciudades, como Atenas o Delos, daban su tesoro a guardar a uno de sus santuarios. Ciertos bancos, principalmente el del santuario de Apolo en Delos, consistieron en préstamos con interés a particulares, sobre todo a comerciantes y a ciudades. La ciudad en la que se encontraba el santuario era el primer prestatario. En Atenas, la diosa Atenea no prestaba más que a la ciudad, a la que pedía un interés bastante escaso. El prestatario proporcionaba a la vez unos garantes y una hipoteca sobre bienes inmuebles y los fondos prestados eran los del tesoro sagrado del templo. Los bancos privados nacieron del cambio. La palabra "trapeza" con que se les denomina aún hoy, designa la mesa del cambista antes de designar a la banca. El banquero "trapezites" cambiaba las monedas extranjeras con un interés de 5 ó el 6 por ciento y recibía en depósito objetos de valor, contratos, sumas de dinero etc. En el siglo IV a.C., el cliente hacía depósitos o los retiraba de su cuenta, pero no se conocía el cheque, aunque debió existir una forma del mismo que garantizase la posesión de dinero para comerciar en un país lejano, sin tener que llevarlo encima, con los riesgos consiguientes. La transferencia de una cuenta a otra, en el mismo banco, se hacía frecuentemente. Los banqueros raramente eran ciudadanos. Se trataba de metecos y, sobre todo, de libertos, como Pasión, el hombre más rico de Atenas en el siglo IV a.C., que sucedió a su patrón, de quien era el hombre de confianza, recibiendo el derecho de ciudadanía. Los bancos públicos existían, como, por ejemplo, Esparta, que dio en época romana a un banquero privado el monopolio del cambio con ella. En Bizancio existía uno a partir del siglo VI. Los banqueros romanos fueron en un principio cambistas; después prestaron dinero con interés, a veces por cuenta de prestamistas que deseaban permanecer anónimos. Como en Grecia, aceptaban depósitos de fondos y, a partir del final de la República, libraron letras de cambio sobre sus corresponsales. De esta manera se evitaban los transportes de fondos. Ver, Mensari.
 
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