Caprotina

Sobrenombre que los romanos dieron a Juno en memoria de un hecho que refiere Macrobio. Después que los galos hubieron dejado a Roma, creyendo los pueblos circunvecinos anonadada la República, acudieron a sitiar la ciudad bajo el mando de Lucio, dictador de los fidenatos, que hizo pedir a los romanos sus mujeres y sus hijas. Las esclavas, por consejo de otra de ellas, llamada Filotis, se pusieron los vestidos de sus señoras y se presentaron al enemigo, quien tomándolas por las romanas que habían pedido, las distribuyó por su campo. Ellas fingieron celebrar una fiesta y excitaron a los capitanes y a los soldados a que se entregaran a la alegría y sobre todo a beber. Cuando observaron que ya estaban entorpecidos por la embriaguez y sueño, dieron la señal convenida a la ciudad con una higuera silvestre, en latín caprificus. Bien pronto arrojándose los romanos sobre los enemigos llenaron el campo de una horrorosa carnicería, siendo recompensado luego tan importante servicio de las esclavas con la libertad y una crecida suma de plata para casarse. El Senado decretó que este día tomaría el nombre de Nonae caprotinae, e instituyó una fiesta anual en honor de Juno Caprotina que colocaba bajo una higuera silvestre, cuyo fruto y licor hacían parte del sacrificio. Las esclavas eran admitidas en esta fiesta, que se celebraba en las nonas de julio. Otros pretenden que Juno tuvo este nombre de la piel y cuernos de la cabra que la seguía.
 
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