Tratado del Ebro
A la muerte de Amílcar, el padre de Aníbal, le sucedió en el mando peninsular Asdrúbal, su yerno. Éste fundó en la costa levantina la ciudad destinada a ser capital del imperio bárcida peninsular: Carthago Nova (Cartagena), que junto con la colonia púnica de Ebysus (Ibiza) y la propia Cartago formaban un eje propio de relaciones comerciales en el Mediterráneo meridional. Quizá por ello Asdrúbal hacia 226 a.C. concertó un nuevo tratado con los romanos, el denominado Tratado del Ebro, en virtud del cual se comprometió a "no traspasar el Ebro, en armas", compromiso que los romanos interpretarían años después como una auténtica prohibición. La interpretación de este documento, recogido por Polibio (Hist., II, 13), sigue siendo objeto de polémica entre los historiadores, porque plantea una serie de interrogantes a los que hasta el momento no se ha dado respuestas satisfactorias: ¿qué río es, en realidad, el Iber: el Ebro, el Júcar, otro? ¿Por qué Asdrúbal se comprometió a no sobrepasar la línea del Ebro? ¿Cuál fue la contrapartida romana? Hace algunos años se especuló con la idea de que los romanos, desconocedores de la realidad geográfica de la península Ibérica, podrían haber confundido el Ebro con el Júcar y que habrían actuado instigados por Sagunto, ciudad ibérica situada entre los cursos de ambos. Pero esta interpretación ha sido prácticamente desechada. Por el contrario, hoy se piensa que el tratado debió estar inspirado en el temor romano de que los púnicos siguieran su expansión territorial hacia el noreste de la Península y alcanzaran la propia Italia. Además, al norte del Ebro estaba la ciudad griega de Emporion (Ampurias, Girona) y más al norte aún Massalia (Marsella), que mantenían buenas relaciones diplomáticas con Roma. Si, como parece desprenderse de algunos textos, la ibérica Sagunto estaba a su vez relacionada con ambas por razones comerciales y culturales, no hay duda de que los intereses de la ciudad de la costa levantina debieron estar presentes también en la firma del tratado, aun cuando, de hecho, la ciudad quedara desprotegida o, si se prefiere, dentro del área de influencia permitida a la expansión cartaginesa en la Península. Convendría preguntarse también si Sagunto mantenía, ya en este momento, algún vínculo institucional con los romanos (amicitia, fides), como se ha argumentado en alguna ocasión. Aunque tal relación política no está documentada, parece razonable pensar que un vínculo similar podría haber existido entre Sagunto y las ciudades griegas del área septentrional e incluso entre éstas y Roma, como puede inferirse del texto de Polibio. Sagunto, por tanto, estaría indirectamente implicada, pero la fides de ésta con Roma no parece anterior al 220 a.C., esto es, a la llegada de la primera embajada romana a la Península. Pero puesto que no hay datos que permitan probar la existencia de relaciones diplomáticas previas entre Sagunto y Roma, es razonable pensar que el Tratado es el primer documento en ese sentido.

