Ataecina

Divinidad lusitana y vetona de carácter agrícola, de la que existían numerosos epígrafes en la zona, todavía en época romana. Ataecina tiene las mismas o parecidas funciones que la Perséfone griega o la Proserpina latina, con la que aparece sincretizada como Ataecina-Proserpina. Así aparece en el caso de la inscripción encontrada en el pantano de ese mismo nombre en Mérida, a cuya diosa estaría seguramente consagrado, por la clara vinculación que este tipo de divinidades tienen con el agua. También tendrían relación con los ciclos anuales de vida y muerte, y con el eterno cambio periódico de las estaciones. Su lugar central de devoción fue Turobriga o Turibriga, pero donde se han encontrado el mayor número de dedicatorias a esta diosa (15 de las 36 reconocidas) es en la ermita visigoda de Santa Lucía del Trampal, en Alcuéscar (Cáceres), evidentemente levantada sobre un antiguo santuario de Ataecina. Con esta divinidad se relaciona un árbol característico de los cementerios, el ciprés, además suele estar simbolizada por la cabra, de la que han aparecido numerosos exvotos de bronce a ella dedicados. Hay un gran numero de aras votivas dedicadas a esta diosa encontradas en Extremadura, con inscripciones latinas que permiten fecharlas entre los siglos I-III.
 
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