Quintiliano
Marco Fabio (Marcus Fabius Quintilianus) (ca.34-ca.100). Retórico y crítico literario procedente de Calagurris (Calahorra, La Rioja), en Hispania. Se educó en Roma, quizá con el gramático Remio Polemón en primer lugar y después con Domicio Afer. Quintiliano regresó a Hispania, probablemente ca.57, pero fue llamado de vuelta a Roma por el emperador Galba en el 68, convirtiéndose en un brillante profesor de retórica, simultaneándolo con su profesión de abogado durante veinte años. Durante el reinado de Vespasiano, Quintiliano fue el primer profesor de retórica en recibir un salario regular del erario. Dio clases a discípulos distinguidos, incluidos Plinio el Joven, probablemente Tácito y los herederos del emperador Domiciano. Por este trabajo fue recompensado con el rango consular. Quintiliano se retiró de la enseñanza ca. 88, convertido en un hombre rico, para escribir su libro de texto clásico Institución oratoria (De Institutione oratoria), que publicó ca. 96, antes de la muerte de Domiciano (contiene elogios a este). Quintiliano se casó; su esposa murió a los dieciocho años de edad, dejándole dos hijos que murieron durante su infancia, para gran pesar de Quintiliano. La única de sus obras que ha sobrevivido es Institución oratoria, en doce libros, dedicada a Victorio Marcelo, un exhaustivo tratado que abarca la educación de un orador por completo, desde su infancia hasta la madurez. En ella Quintiliano discute con gran sensatez y sabiduría la educación de los niños pequeños (sin duda a partir de su propia experiencia con sus dos hijos) y continúa hacia una educación más formal, poniendo mucho énfasis en la gramática. Describe su ideal de profesor antes de entrar en las técnicas del adiestramiento retórico y en la disección del lenguaje y el estilo. Incluye juicios sobre autores famosos del pasado, tanto latinos como griegos, algunos de ellos dignos de ser recordados. Describe también la apariencia y la vestimenta deseable para un orador, sus gestos y su comportamiento, y el carácter del orador ideal, siguiendo el ejemplo de Cicerón; finalmente declara que la oratoria puede ser una fuerza suprema moral para hacer el bien. El estilo en que está escrita la obra es práctico y sencillo, un poco pesado y sin duda subordinado a su contenido. Quintiliano se preciaba de seguir las ideas y el estilo de la oratoria de la época de Cicerón antes que de la suya propia, que consideraba devaluada, y tuvo un efecto notable en tiempos posteriores, especialmente entre los escritores del Renacimiento. Sus obras perdidas incluyen Las causas de la corrupción de la elocuencia; discursos de defensa para Nevio Arpiniano, la reina Berenice y dos publicaciones no autorizadas de sus conferencias sobre retórica.

