Régulo

Marco Atilio (Marcus Atilius Regulus) (siglo III a.C.). Siendo cónsul en 267, en la Primera Guerra Púnica, venció a los salentinos de Calabria, a los que conquistó la ciudad de Brundisium, por lo que obtuvo un triunfo. Siendo cónsul sufecto en el 256, fue unos de los dos jefes romanos, junto a L. Manlio Vulso Longo, que en este año mandaron con éxito una expedición a África durante la primera guerra púnica. Ambos obtuvieron una importante victoria frente a los cartagineses, mandados por Amílcar y Hannón, en la batalla naval de Ecnomo, cerca de Licata. Polibio nos ofrece un relato pormenorizado de la batalla, en la cual los romanos hicieron uso, una vez más, de los corvi (Ver, Duilio, Corvo), lo que les dio el triunfo definitivo, La flota desembarcó en Clypea (Apis), al este de Cartago. Al ser llamado su colega, Régulo quedó al mando de 15.000 hombres, atrayendo a las fuerzas cartaginesas a la fortaleza de Adys, que asediaba. Con cierta facilidad, explicable también por la precipitación cartaginesa en la defensa del lugar, Régulo derrotó al ejército cartaginés, dirigiéndose hacia Túnez, donde estableció el campamento. Los cartagineses, con graves problemas de abastecimiento debido a las sublevaciones de las tribus númidas, iniciaron conversaciones de paz con el cónsul. Sin embargo, Régulo impuso durísimas condiciones que hicieron fracasar las negociaciones. La guerra continuó, pues, en territorio africano pero esta vez el ejército cartaginés, con la colaboración de un cuerpo de mercenarios griegos mandados por el espartano Jantipo, presentó batalla a Régulo en la llanura del Bragadas obteniendo un rotundo éxito (sobrevivieron a la matanza sólo 2.000 romanos, que tuvieron que buscar refugio en la fortaleza de Apis) que culminaría con la captura del propio Régulo. Se forjó una leyenda sobre él, según la cual fue enviado durante su cautiverio a negociar un intercambio de prisioneros, bajo juramento de regresar a Cartago si fracasaba, y tras hablar en contra de la propuesta en el Senado, regresó voluntariamente, siendo torturado hasta la muerte. Esta leyenda pudo ser inventada para justificar las torturas que su viuda infligió a dos prisioneros cartagineses para vengar su muerte.
 
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