Templo romano
Templum significa "lugar" o "lugar sagrado" que había sido delimitado anteriormente por un augur. Los primeros templos romanos imitaron la arquitectura de griegos y etruscos. Fueron realizados en madera, después en toba, con decoración en tierra cocida. Templos circulares de época muy antigua, se remontan acaso a una tradición itálica. Los templos romanos, arquitectónicamente, encuentran su origen en los griegos. Los altares, se distribuían, uno en el exterior y otro en el interior de la cella. Con frecuencia, los arquitectos romanos construyeron templos pseudoperípteros, es decir las columnas exteriores se adosan a los muros de la cella, tal es el conocido caso del templo denominado la Maison Carrée en Nîmes (Francia). Dentro del mundo romano, el templo de planta circular tuvo un gran desarrollo y los ejemplos son múltiples. Todos los proyectos urbanísticos romanos contemplaron el emplazamiento de distintos tipos de templos: capitolinos, templos de culto imperial, santuarios a divinidades particulares e indígenas. Su ubicación es variable pudiendo encontrarse diseminados por la trama urbana o en la periferia, pero por regla general se sitúan en el foro como centro vertebrador de la vida ciudadana y por ende de la vida religiosa. Habitualmente el templo romano se acostumbraba a situar en una plaza destinada a darle un mayor énfasis. Esta plaza podía ser el mismo foro o una plaza propia rodeada de columnas conocida con el término de témenos. Bellos ejemplos en Roma: templos republicanos del Largo Argentina, de Vesta, de la Fortuna Viril, del Panteón, templo de Antonino y de Faustina. Normalmente el templo romano estaba compuesto por una única cella a excepción de los capitolios, templos dedicados a la Triada Capitolina, como el Capitolio de Roma construido a finales del siglo VI a.C., o el del foro de Sbeïtla en Túnez, con tres cellae para albergar las estatuas de Júpiter, Juno y Minerva. El capitolio encarna la majestad y el poder del pueblo romano, pero con el paso del tiempo, y sobre todo a partir de Augusto, el culto imperial tendrá un gran desarrollo. De este modo muchos capitolios se verán ocupados por el culto al emperador y a su familia, como en Nîmes, Vienne (de Augusto y Livia) o Leptis Magna, entre otros. Además de los templos dedicados a las divinidades grecorromanas o al culto imperial también existían templos en honor a otras divinidades y sus plantas se inspiraban en santuarios de origen indígena, oriental o mistérico, como son los mithraea dedicados a Mithra, divinidad del antiguo Irán. Al final de la República fueron concebidos, a imitación del Oriente, conjuntos arquitecturales escenográficos (el santuario de la Fortuna, construido por Sila en Preneste). En las provincias se crearon tipos arquitectónicos nuevos, respondiendo a las tradiciones indígenas: fanum galorromano, templos circulares de Autun, de Perigueux, del Fâ. En África, santuarios púnicorromanos, de Saturno, por ejemplo, con pórticos y capillas. Ciertos cultos llevan consigo santuarios de concepción particular (Isis, Mitra). El templo pagano fue reemplazado por la basílica cristiana. Ver, Templum, Fines templarios o sacrificales, Sacelio.

