Tácito
Publio Cornelio (Publius Cornelius Tacitus) (ca.54-ca.120). Fue el más famoso y original de los historiadores romanos. Tácito nació probablemente en la Galia Narbonense y se trasladó a Roma cuando tenía unos veinte años, para emprender la carrera senatorial. Su padre pertenecía al orden ecuestre y su educación pudo haber sido completada por Quintiliano. El cónsul Cneo Julio Agrícola reconoció su potencial y lo eligió en el 77 para ser su yerno. Tácito alcanzó la pretura en el 88 y estuvo en el extranjero del 89 al 93, sin duda para desempeñar algún mando en una provincia imperial. Se hallaba por tanto ausente de Roma cuando murió su suegro. Por esa época, Tácito pertenecía ya a un prestigioso colegio sacerdotal y se estaba labrando una buena reputación en la abogacía. Había empezado ya a recopilar material útil para su obra proyectada. Durante el período del 93 al 96, el reinado del terror de Domiciano, Tácito llevó una vida humilde y no pronunció ninguna crítica en público; de todas formas, los sucesos y la conmoción de esa época lo marcaron para el resto de su vida y afectaron su visión como historiador y comentarista. En el 97 desempeñó un consulado sufecto y como cónsul pronunció el discurso funerario del cónsul Verginio Rufo. En el 100, Tácito se unió a su amigo Plinio el Joven en la acusación contra Mario Prisco por sus acciones como procónsul de Asia. En su madurez obtuvo el gobierno de la provincia de Asia como procónsul, en el 112-113. Parece que no tuvo hijos, aunque el emperador Tácito lo reclamaba como ancestro suyo. Tácito escribió cinco obras de importancia histórica y literaria que han llegado hasta nosotros íntegras o fragmentarias. La primera de ellas fue publicada en la primavera del 98, Vida de Julio Agrícola (Vita Iulii Agricola), un reconocimiento a su suegro fallecido. Se trata de una valiosa fuente de información sobre la historia de la primitiva Britannia romana al tiempo que una fuerte condena de la tiranía de Domiciano. El profundo afecto que Tácito muestra por el gran general presta unidad y fuerza a al obra. Su siguiente obra, Germania, o más rigurosamente "Sobre el origen y localización de los germanos" (De origine et situ Germanorum), publicada más adelante en ese mismo año, es una monografía etnográfica sobre los pueblos de la gran Germania en la época de Tácito. Esta obra ofrece al autor muchas oportunidades para comparar la sociedad romana con la germana, siendo a menudo crítico con las costumbres romanas. Tácito tenía una gran cantidad de material de investigación para este libro, en especial Las guerras germanas de Plinio, los Comentarios a la guerra de las Galias de César y el libro 104 de Livio. Probablemente Tácito desconocía la obra de Estrabón. Resulta difícil datar su Diálogo sobre los oradores, aceptándose habitualmente el año 102 como fecha de su composición. Esta obra pretende ser el relato de una discusión escuchada por Tácito en su juventud, recién llegado a Roma. Tres oradores ofrecen cada uno su exposición sobre el declive de la calidad de la oratoria desde la época de Cicerón. Marco Aper defiende la oratoria contemporánea, Vipsanius Mesala clama por la vuelta a la antigua moralidad y educación, y Curiacio Materno proporciona un análisis racional de los cambios producidos en la vida política y social desde la época republicana, que han convertido la retórica en algo superficial o peligroso. La discusión es elegante, inteligente y no llega a ninguna conclusión. Las dos grandes obras históricas por las que Tácito es más conocido son Historias y Anales, que cubren el período del imperio desde el ocaso del reinado de Tiberio hasta la caída de Domiciano. Tácito comenzó sus Historias (cuyo título original desconocemos) ca.105 y las publicó ca.110. Estaban formadas por unos catorce libros, de los que han sobrevivido los cuatro primeros y la cuarta parte del quinto, que cubrían los años del 68 al 70. Posteriormente, Tácito retrocedió al primer período del principado y compuso su obra maestra, que tituló Desde la muerte de Augusto (Ab excessu Divi Augusti) y que nosotros conocemos con el título de Anales. Esta obra estaba probablemente compuesta por dieciocho libros, de los que muchos no se conservan. Han llegado hasta nosotros los libros 1-4, parte del 5 y del 6, la segunda mitad del 11, y del 12 hasta la mitad del 16. Parece que fue escrita durante los años previos a su muerte y es posible que Tácito no llegara a completarla. Se encontraba a gusto escribiendo sobre la degenerada época que precedió a la loable era de Trajano y Adriano, en la que le tocó vivir sus últimos años. Tácito afirmaba aspirar a la imparcialidad y ecuanimidad en su enfoque del tema, pero fue incapaz de disimular sus intensos sentimientos sobre la crueldad y corrupción de los reinados de los emperadores julioclaudios: en muchos de ellos, y especialmente en Tiberio, Tácito vio la imagen del odiado Domiciano. Tácito ha sido criticado por Mommsen debido a la falta de precisión en su tratamiento de la guerra del 69 entre los diversos aspirantes al trono. Sin embargo, es excelente en términos de calidad narrativa y por su habilidad para emocionar al lector; el programa de Tácito era diferente del de los historiadores modernos. Desafortunadamente carecemos de las partes de sus Historias que se refieren a su tiempo. Al inicio de su obra expresa su intención de escribir la historia de los reinados de Nerva y Trajano, pero de hecho vuelve sobre la primera época tratada en sus Anales. Considera a los emperadores en general y a Tiberio en particular hombres de carácter corrupto, que a veces comenzaban sus reinados con demostraciones de virtud, pero que inevitablemente arrojaban sus máscaras para revelar su tiranía. Tiberio, por ejemplo, comenzó su reinado con muchas demostraciones de sentimientos republicanos, pero tras su retirada a Capri y el desenfreno de Sejano, acabó su reinado encarando una serie de juicios por traición. Tiberio le recordaba especialmente a Domiciano. De los emperadores descritos por Tácito, este considera que únicamente Vespasiano mejoró a lo largo de su reinado. Tenemos muy poca información sobre las fuentes que utilizó Tácito para la composición de sus obras históricas. Sin duda aprovechó información de Plinio el Viejo, Aufidio Baso, Cluvio Rufo y Fabio Rústico, así como las memorias de hombres como Corbulón. Mommsen y otros muchos críticos posteriores han sugerido que para buena parte de su narración se contentó con una única fuente, posiblemente una de las anteriores. También tuvo a su disposición el registro de las acciones del Senado. El estilo de Tácito proviene de su intenso entrenamiento en la oratoria y evoluciona a lo largo de toda su carrera como escritor. Sus primeras obras anuncian las que vendrían a continuación, y en el Agrícola encontramos un significativo epigrama sobre el imperialismo romano puesto en boca del jefe caledonio Calgaco: "Hacen un desierto y lo llaman paz". El Diálogo es un caso aparte y muestra las características de un estilo neociceroniano. Su estilo maduro surge en sus dos grandes obras históricas, especialmente en los Anales. Tácito estaba influido por el colorido estilo de Salustio, que renunció a la prolijidad y buscó la brevedad de expresión, aunque Tácito hizo un uso de la elipsis y de la compresión del lenguaje mucho mayor que su modelo. Por encima de todo, evitó lo que pudiera parecer monótono o trillado, y constantemente se esforzó por la variedad. Por consiguiente, Tácito rehúye los paralelismos retóricos o las antítesis, y utiliza expresiones inusuales y formas extrañas o poéticas de las palabras habituales. Asimismo hace un uso mayor que sus predecesores de la metáfora. Su conciencia del efecto oral de su obra, que, como la mayoría de las obras históricas, estaba diseñada para ser leída en voz alta, lo animaba a redondear cada pasaje con un epigrama, aunque en ocasiones este se ajuste mal. En contraste con los escritores latinos anteriores, Tácito tiende a expresar la idea o acción principal cerca del inicio de la frase, añadiendo a continuación ideas subordinadas de varias formas, a menudo utilizando participios. Así podía añadir sus comentarios a las acciones de sus protagonistas, o sugerir los motivos de los individuos o las reacciones de aquellos sobre estos. Tácito estaba profundamente interesado en la psicología de sus protagonistas y explora concienzudamente los caracteres y motivaciones de los participantes en su narración. Unido a una penetrante percepción del carácter humano y de los problemas de la época, subyace en sus obras históricas un profundo pesimismo y desilusión. Su obra fue muy descuidada por la posteridad, y la Iglesia lo condenó como enemigo del cristianismo (sus escasos comentarios sobre esta doctrina no eran favorables), de ahí el precario estado de conservación de sus obras. En el Renacimiento, Tácito obtuvo todo su reconocimiento y ha sido admirado desde entonces.

