Capitolio

Era la colina sagrada de Roma por excelencia. Recibió este nombre porque en su cima se alzaba el antiguo templo del Capitolio, . Este monte también se llamaba Tarpeyo, porque en él estaba la Roca Tarpeya, por la que se despeñaba a los traidores y perjuros. Sus dos cumbres eran la ciudadela (Arx) y el Capitolium propiamente dicho (cumbre sur). El lugar fue escogido por Tarquino el Anciano, empezó las obras Servio Tulio, las concluyó Tarquino el Soberbio, y las consagró el cónsul Horacio. También se dice que los primeros que excavaron la tierra para echar los cimientos, habiendo encontrado todavía incorrupta y sangrienta la cabeza de un hombre llamado Tolo, le dieron el nombre de Capitolio, "a capite Toli". El templo, dedicado a Júpiter, Juno y Minerva, ocupaba una buena extensión. Su fachada principal estaba adornada con tres órdenes de columnas y con dos los otros costados. Se subía a él por una escalera de cien gradas magníficas. Las puertas eran de bronce con planchas de oro, así como el techo. Además de las sucesivas ofrendas de los cónsules, sólo Augusto gastó una suma muy importante para adornarlo. Había vasos, escudos y carros de plata y de oro. El Capitolio fue incendiado tres veces: la primera durante las turbulencias de Mario. La segunda durante el reinado de Vitelio y la tercera los últimos años del reinado de Vespasiano. Al reedificarlo Domiciano por la cuarta vez, lo hizo construir sobre un plan más vasto y aún más magnífico, invirtiendo la suma de doce mil talentos tan solo para hacerlo dorar. En este famoso templo hacían los cónsules y demás magistrados los sacrificios al encargarse del mando, en él se hacían los votos públicos, se prestaba el juramento de fidelidad a los emperadores y aquellos a quienes se había concedido el honor del triunfo, bajaban de su carro para ofrecer a Júpiter sus sacrificios. Era el destino final de las procesiones triunfales que se iniciaban en el Campo de Marte.
 
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