Meretseger
o Mertsager o Meret-Seger o Merseker. Diosa cobra egipcia. Meretseger es un nombre que significa "la que ama el silencio". El nombre podemos encontrarlo en la onomástica del Imperio Medio. Sin embargo, este nombre no aparece asociado a una divinidad hasta el Imperio Nuevo. Esta divinidad se encargaba de velar por la seguridad de las necrópolis tebanas y era uno de los cultos más genuinos en Deir el-Medina. Una característica muy importante de su personalidad es la identificación con la cima de la montaña denominada El-Qurn en árabe, que domina, a modo de gigantesco piramidión, el paisaje de la necrópolis tebana. Diversos epítetos, tales como "la Bella Cima", "la Señora de la Cima", etc., lo atestiguan. La iconografía de Meretseger muestra a la diosa bajo diversas formas (incluso en un mismo monumento), generalmente representada como una serpiente. En una estela encontrada en Deir el-Medina, la Señora de la Casa Uab, aparece adorando a Meretseger y pidiendo vida, salud y fuerza para su Ka, puesto que se declara difunta, justificada y en paz. Sobre Uab, doce serpientes arrastrándose en movimientos ondulantes constituyen la efigie divina de la diosa Meretseger. La estela de Neferabet, obtenida por Drovetti en Deir el Medina, y en la que aparece representada la diosa bajo la forma de cobra con tres cabezas, tiene grabado un texto que ayuda a entender la relación de las gentes del poblado con la divinidad. Dice cosas tales como: "Cometí una falta de desobediencia contra la Cima, y ella me castigó , "...guardaos de la Cima, porque en su interior hay un león. La cima golpea con un golpe de león salvaje..." o "Ella fue indulgente hacia mí después de castigarme para acabar advirtiendo "...guardaos de la Cima de Occidente". Frecuentemente aparece representada como una cobra, con el cuerpo erguido en zig-zag y el cuello hinchado, frente a un altar jat sobre el que hay presentados un vaso nemset y una flor de loto. En ocasiones también la vemos con alas en el cuerpo de serpiente. La serpiente, a veces tiene cabeza de mujer o, incluso, tres cabezas: de mujer, de serpiente y de buitre, iconografía esta última representada en la estela de Neferabet, anteriormente citada. Hay representaciones de Meretseger como esfinge con cuerpo de león y cabeza de serpiente, como en la estela nº 170 del Museo Vaticano. La podemos encontrar, aunque más raramente, con cabeza de león, o bajo la forma de una vaca saliendo de la montaña occidental. Tuvo un papel importante en el contexto funerario de los moradores de el Lugar de la Verdad. Así lo acreditan epítetos tales como "la que esconde a las Señoras de la Duat", "la que esconde los cuerpos de los Justos", "Señora del Distrito de los Justos", "Señora de la Casa de la Momificación", etc. Para su culto disponía de un servidor, bak, y un cantor, hesej, y le dedicaban fiestas específicas: las "mes en Meret-seger" o "pa heb en Meret-seger", en las que se hacían ofrendas a la diosa. Posiblemente estas ofrendas eran para solicitar la ayuda o el perdón de la diosa, en caso de faltas cometidas. Al fin y al cabo ella era "la clemente", "la bella Señora apaciguada", "la bella apaciguada y justa". Enfurecida era terrible, y podía infringir duros castigos y males, como la ceguera. Sabemos que la cobra es una serpiente muy venenosa. Su veneno, una neurotoxina, afecta al sistema nervioso y es mortal. Algunas cobras pueden escupir su veneno sobre los ojos de las víctimas, produciéndoles ceguera. Es muy probable que los habitantes de la aldea cuidaran y mimaran a estos reptiles. Una estela procedente de Deir el-Medina muestra un pequeño recipiente depositado en el suelo en el centro de la escena, al que se acercan, reptando, dos cobras, una desde la derecha y otra desde la izquierda. La escena se repite en nuevos registros superpuestos. Parece que cada pareja de cobras se dirige a tomar el líquido que hay en el recipiente dejado en el suelo. Otra estela en la que hay cobras en actitud parecida, es una dedicada a "Meretseger, Señora de Occidente", en la que junto a la diosa está representada una cobra erguida y con el cuello hinchado, llevando sobre la cabeza un casco con el disco solar y dos plumas de avestruz. A veces se asocia a otra diosa, la también diosa-serpiente Renenutet, como "Señora de la alimentación". Renenutet aparece muy a menudo en las representaciones de Deir el Medina. Un caso donde se evidencia la asociación de estas dos diosas lo encontramos en una pequeña pero bellísima estela, posiblemente perteneciente a un altar doméstico de la aldea. El devoto, en este caso Nebre, aparece arrodillado y con los brazos en alto, adorando a la diosa, aquí llamada "Meret, Señora del Alimento, Soberana del Cielo", que adopta la forma de cobra erguida y está sobre una pequeña capilla, posiblemente de culto doméstico. Curiosamente, en la capillita hay un pequeño texto, bastante deteriorado, en el que parece leerse el nombre de Renenutet, la otra diosa serpiente, que está relacionada con las cosechas, especialmente de grano. Esto nos sugiere una posible identificación de ambas diosas serpientes en las creencias de este colectivo obrero. Efectivamente, los trabajadores dieron un culto muy especial a la diosa Meretseger, "la que ama el silencio", incorporándola a su particular panteón. Esta diosa tenía su santuario más importante en un templo-speo dedicado fundamentalmente a ella y al dios Ptah, patrón de los artesanos, "Ptah sobre el camino del Valle de las Reinas". El lugar donde se daba culto a la diosa era algo más que un santuario. Se trataba, más bien, de un área sagrada compuesta de varios santuarios situados al abrigo de una colina, sobre la senda que llevaba desde la aldea al Valle de las Reinas, al oeste de pa demi, y tras coronar una pequeña loma que protege el poblado. El conjunto cultual se extiende en dirección sudoeste-noreste en un arco cóncavo de 23 m de longitud, orientado hacia el-Qurn. A lo largo de este arco hay siete monumentos significativos: cuatro speos, una estela en un nicho y dos grandes estelas en superficie. También hay numerosos nichos que albergaron estelas de pequeño tamaño. La presencia dominante de las imágenes de Ramses III, en ocasiones unido a su padre, el faraón Sethnajt, permite suponer que estos santuarios tuvieron su desarrollo más importante durante el reinado del último gran rey del Imperio Nuevo.

