Dinastía IX / X egipcia
De esta Dinastía egipcia (2.160-2.040) se enumeran 18 reyes de origen desconocido, de los que sólo se tienen noticia de los siguientes:
)o()o( Áctoes Áctoes (Jeti) I
)o()o( Iti
)o()o( Imutes
)o()o( Neferkare VIII
)o()o( Nebkaure Áctoes (Jeti) II
)o()o( Uahkare Áctoes (Jeti) III
)o()o( Meribre Áctoes (Jeti) IV
)o()o( Merikare )o(
La época heracleopolitana es aún muy mal conocida. Los conocimientos actuales son escasísimos y hasta hace poco nada se sabía de su propia capital. Los documentos de estos reyes son extremadamente raros. Finalmente existen profundas discrepancias entre nuestras dos fuentes principales, el Canon Real de Turín y Manetón, por lo demás con informaciones excesivamente lacunarias y escuetas. Así el Canon de Turín enumera probablemente 18 reyes, pero sólo conserva los nombres de un Neferkare y de un Áctoes, repetidos además dos veces. Por su parte Manetón menciona dos Dinastías heracleopolitanas, la IX y la X, ambas con 19 reyes según la mejor de las versiones que nos ha llegado, de los que de todos modos no da nombres a excepción del de Áctoes I. Existen fuertes discusiones entre los especialistas, con sólo estos datos, para saber si en realidad hubo sólo una o dos Dinastías heracleopolitanas. A falta de más información, Josep Padró opina que tal vez las Dinastías IX y X de Manetón sean una sola. En efecto, ambas tienen idéntico número de reyes, y si se admite que ello es así, nos encontramos que se acercan sensiblemente las versiones del Canon de Turín y de Manetón, en lo referente al número total de reyes de la época, 18 y 19 respectivamente. Han habido múltiples intentos de reconstrucción de la historia del reino heracleopolitano, discutidos y modificados, abundantemente. Razonablemente, sólo ser puede hablar de las grandes líneas de la política y de las realizaciones de estos reyes. Los reyes heracleopolitanos residieron efectivamente en Heracleópolis, tal y como lo atestigua la "Historia del Oasita elocuente" y las necrópolis heracleopolitanas del Primer Período Intermedio, con numerosas tumbas de altos dignatarios, demuestran la reorganización por los reyes en su capital, de una administración centralizada según el modelo menfita del Imperio Antiguo. La conquista, reorganización y defensa del Delta, fue motivo de constante preocupación por parte de todos los reyes de la Dinastía, según las "Enseñanzas para Merikare". Así sabemos que el Bajo Egipto ya estaba totalmente bajo control heracleopolitano en la época de Áctoes II, pero la situación sobre todo en la frontera oriental siguió siendo inestable, puesto que Áctoes IV tuvo que intervenir nuevamente para derrotar a los asiáticos y recomendó vehemente a su hijo y sucesor Merikare que procediese a al fortificación de la frontera este del Bajo Egipto. Gracias a esta actividad política, los reyes de las Dinastías IX y X pudieron reorganizar un Estado centralizado desde Heracleópolis al Delta, pero se vieron obligados a contemporizar con los poderosos nomarcas del Medio y Alto Egipto. Su política consistió esencialmente en fomentar las disensiones entre nomarcas, aunque en definitiva todos eran vasallos suyos. Sus peores enemigos fueron los nomarcas de Tebas. Los reyes tebanos Inyotef I, II y III, organizaron en el Alto Egipto un reino de marcado caracter feudal, como una confederación de nomarcas que acataban la autoridad superior del soberano de la Dinastía XI, en calidad de vasallos. Por su parte, el principal sostén de la monarquía heracleopolitana en el Egipto Medio, estuvo encarnado en los nomarcas de Asiut, tras el rechazo de la misma por los nomarcas de Tebas. Durante un tiempo, la frontera entre ambos reinos estuvo en torno a Tinis, ciudad que cambió varias veces de manos en el curso de duros combates. Reinando el padre de Merikare, probablemente Áctoes IV, se luchó en la necrópolis tinita, lo que ocasionó la consiguiente destrucción y saqueo de numerosas tumbas por la soldadesca. La política interior de los reyes heracleopolitanos se caracteriza por la enorme preocupación manifestada por nociones como justicia, equidad social y elocuencia. Ha podido decirse que en Egipto nunca se ha hablado tanto de justicia como en época heracleopolitana. Muy probablemente sea aún herencia de la pasada revolución social. Tras la muerte de Merikare, la guerra empezó a tomar mal cariz para Heracleópolis. El nuevo rey tebano Mentuhotep II (2.060-2.010), desencadenó una ofensiva general que hizo inutil la resistencia del nomarca de Asiut. Caida esta plaza, la suerte de la guerra estaba decidida. Hacia el 2.040, la toma de Heracleópolis puso término a esta sangrienta guerra civil. De la violencia de los combates finales y de la furia vengativa del vencedor, sólo nos dan una idea, por un lado, la tumba de los soldados tebanos caidos en acción y hechos enterrar con todos los honores por Mentuhotep II, en Deir el-Bahari y por otro, la destrucción de la necrópolis de Heracleópolis y la violación de sus tumbas. Ver, Reyes de Egipto.

