Régulo

Reyezuelo, señor o soberano de un Estado pequeño. En la Turdetania hispana, y así aparece en las fuentes, en el momento de la lucha de romanos y cartagineses, había reyes que dominaban en varias fortalezas (oppida), reyes que dominaban en más de una ciudad a la vez, reyes o régulos que dominaban sobre una e, incluso, ciudades que no eran gobernadas por una institución real. Entre los reyes de la zona meridional, hay que mencionar a un rey de los orisos, que parece deben ser los oretanos, entre los años 229-225 a.C. (Diodoro de Sicilia). Esteban de Bizancio, que tiene como fuente a Artemidoro de Éfeso (ca.100 a.C.), cita la ciudad de Orisis, junto con el pueblo oretano, del cual indica que tenía otra gran ciudad, Cástulo. Vemos, pues, emparentados por las fuentes el nombre de un rey, el de un pueblo con varias ciudades y el de una ciudad. La institución real se ha desarrollado en el sur de España desde la Edad del Bronce hasta tiempos históricos, que coinciden con las fases más tardías de la Edad del Hierro, habiendo tenido, sin duda, grandes influjos orientales en sus orígenes y en relación con la explotación de importantes riquezas naturales. Pero las fuentes nos dan noticia de régulos que mandan sobre pueblos no iberos, régulos celtas o galos que luchan en la península contra los romanos y régulos que parecen de estirpe ibérica en la zona oriental. Entre los primeros destacan Moeniacoepto y Vismaro, al servicio de los cartagineses, los cuales, al ser vencidos, dejan tras sí un botín típico de áreas célticas: torques de oro, brazaletes, etc.. Podemos pensar en individuos no iberos bajados de la Meseta. Para la zona oriental de la península hay también datos de otros régulos con carácter militar. Tito Livio nos da noticia del año 195 a.C. de un régulo de los ilergetes, Belistages, que mandó a su propio hijo como legado al campamento de los romanos. Por otra parte, también por datos de los historiadores Polibio y Tito Livio, así como de algún otro autor antiguo, conocemos a un Indibilis, Indebiles o Andobales, no sabemos con precisión si de los ilergetes o de los suessetanos, y un Mandonius de los ilergetes. Por otra parte tenemos también el nombre de un Edeco, rey de los edetanos, según Polibio, que junto al nombre de Ilerdes de los ilergetes, permiten plantear la relación de algunos nombres de régulos con los de sus pueblos y ciudades de origen: Edeco-Edetani-Edeta e Ilerdes-llerda-Ilergetes. Al norte del Ebro estos régulos se localizan principalmente en el interior, mientras que en las regiones costeras, más influidas por los griegos, abundan las comunidades regidas por asambleas, senados y magistrados. Las monarquías de esta época y de estas áreas eran bastante inestables, pues la mayor o menor importancia de sus dominios dependía de la fortuna o habilidad de cada reyezuelo, ya que sus dominios estaban en relación con la integración bajo el mando personal de cada régulo de comunidades distintas, que no tenían ninguna estructura común entre sí y que, desaparecido el correspondiente régulo, podían pasar a depender de otro o a ser autónomas. En opinión de Caro Baroja, los pueblos ibéricos son monárquicos por antonomasia y continúan con esta institución hasta ser dominados por Roma. Para ellos la idea de la "realeza", basada en planteamientos bélicos, es esencial como idea política. Finalmente hay otro hecho resaltable: ni Cartago, ni Roma posteriormente, se precipitaron a romper la estructura indígena de la monarquía militar. Todos estos datos hay que ponerlos en relación con un hecho: que la formación social ibera es una formación social urbana. Tanto las fuentes literarias como la numismática mencionan la existencia de ciudades, mientras que la arqueología confirma la existencia de núcleos habitados que pueden ser calificados como tales, además de fortificaciones y de las denominadas turris. A partir de lo dicho hasta aquí sobre la organización política de las poblaciones iberas y su desarrollo histórico podemos hablar en el orden político de la aparición y desarrollo del Estado. Parece que a la llegada de Roma existen régulos, presentes antes de la dominación bárquida, establecidos sobre centros urbanos con diferente carácter y en los que tiene un peso primordial el elemento militar, si tenemos en cuenta las informaciones de las fuentes y, sobre todo, de Estrabón, quien nos habla de guerras continuas entre los iberos y de la existencia de mercenarios en los ejercitos personales vinculados a los régulos del sur.
 
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