Reyes
Libro de los. Nombre dado a cuatro libros canónicos del Antiguo Testamento, que contienen la historia de los reyes judíos. Actualmente, los dos primeros libros se llaman Samuel I y II, y Reyes I y II los dos últimos. Éstos son libros de la Biblia de carácter "histórico", incluidos dentro de los "Profetas anteriores". Constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los "Reinos", en la traducción griega, y de los "Reyes", en la Vulgata. Son la continuación de los libros de "Samuel" : reinado de Salomón, la historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá hasta la ruina de Jerusalén. Los hechos que relatan son la continuación lógica de los libros de Samuel, desde los últimos años de David, su muerte y su sucesión, hasta el final de los dos reinos, del Norte y del Sur, y la deportación llevada a cabo por Nabucodonosor. En estos libros, que originariamente formaban uno solo, se han juntado distintos complejos narrativos: tradiciones sobre la realeza y sobre la historia independiente de los dos reinos: Israel y Judá, narraciones en torno a Elías y a Eliseo, así como las relativas a Isaías y otras leyendas de profetas, etc.. Se mencionan, incluso expresamente, algunas fuentes históricas utilizadas: el "Libro de los hechos de Salomón", las "Crónicas de los reyes de Israel" y las "Crónicas de los reyes de Judá", etc. En el libro segundo se alarga la narración al tratar de los dos reinos, el de Ezequías y el de Josías. La obra cita nominalmente tres fuentes: Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Judá y el documento davídico. Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes de la muerte de Josías en Meggido, aproximadamente en el año 609 a.C.. Una segunda redacción se hizo durante el destierro, después del año 562 a.C.. La visión teológica de la historia es la misma de los libros de Josué, Jueces y Samuel, fruto de la revisión final que sufrieron todos estos materiales después del destierro de Babilonia (587 a.C.): el juicio histórico sobre cada uno de los reinados depende del cuidado que pusieran en cumplir las normas de centralización del culto en el Templo de Jerusalén prescritas en el libro del Deuteronomio y en la reforma del rey Josías de Judá. En una primera lectura se revela la voluntad de unificación del autor dominando la variedad temática. Entre sus recursos conviene notar las fórmulas, los discursos y las profecías. La historia del pueblo y de la monarquía se desarrolla bajo el signo de la alianza, que constituye a Israel como pueblo de Dios y le exige fidelidad exclusiva, cuestiones aderezadas también con una notable calidad literaria.

