Cambises II

(siglo VI a.C.). Faraón persa, del Período Persa, de la Primera Dominación Persa y de la Dinastía XXVII (525-404), que reinó entre 528-522. Hijo de Casandane y de Ciro II, de quien sería sucesor y quien en vida lo había asociado al trono como gobernador de Babilonia. Según se sabe por la gran inscripción trilingüe de la Roca de Behistún, que ordenaría redactar Darío I, Cambises II mató a su hermano Bardiyas (Smerdis), gobernador de algunas provincias, para poder hacerse con el trono, crimen del que no se enteró el pueblo. Poco después, el fallecimiento de Amasis fue considerado la ocasión propicia por parte de Cambises II para atacar Egipto. El nuevo faraón Psamético III (526-525), hijo y sucesor de Amasis, apenas tuvo tiempo de subir al trono. Vencido poco después por Cambises II, los persas se apoderaron rápidamente de todo Egipto, con ayuda de Polícrates de Samos y de mercenarios griegos. Esta conquista (de gran interés es el relato de Udjahorresnet, un colaboracionista egipcio) le permitió unir todo Oriente en un enorme Imperio. Se cuenta que al llegar delante de Pelusium, como sus habitantes se preparaban a la defensa, mandó poner en las primeras filas de su ejército perros, ovejas y otros animales, que los egipcios miraban como sagrados; los sitiados prefirieron rendir la plaza a exponerse a herir a aquellos animales. Este príncipe era cruel y sanguinario. Mató a su hermano Smerdis y a su hermana esposa Meroe. Habiendo sido un juez acusado de vender sus sentencias, le hizo desollar vivo y forrar con su piel un sillón, en el que obligó a su hijo a sentarse para administrar justicia. Fue un personaje desequilibrado. Tras la conquista de Egipto intentó seguir la política tolerante de su padre Ciro II, mostrándose condescendiente con los vencidos. También al igual que su padre, que se hizo coronar rey de Babilonia, tras perdonar a Psamético III, se proclamó faraón y adoró a los dioses egipcios. Por esta razón Manetón le hace, con justicia, fundador de la Dinastía XXVII (525-404), que se corresponde por consiguiente a los reyes persas de la Dinastía Aqueménida. Las fuentes griegas (Heródoto, Diodoro Sículo, Estrabón y Plutarco) no dudan en evaluar el control de Cambises II sobre Egipto como una época de terror e impiedad, señalando incluso la quema de la momia del faraón Amasis. Sin embargo, su megalomanía le llevó a planear incluso la toma de Cartago como base de una futura conquista de toda Africa, pero no pudo llevar a cabo estos deseos pues se negó a colaborar con él la flota fenicia. Sus campañas en la Cirenaica y en Nubia (alcanzó Elefantina y otros puntos sureños, según se sabe por Heródoto) no tuvieron éxito y le hicieron recaer en los frecuentes arrebatos de ira que ya habían caracterizado su inestable personalidad. Víctimas de los mismos fueron el infortunado Psamético III e incluso un toro Apis, al que mató con sus manos, si bien parece que después se arrepintió de este sacrilegio. En su expedición contra Etiopía fundó la ciudad de Meroe, llamada así en honor de su esposa. Llegó hasta Elefantina y al oasis de Siwah, donde fracasó en su intento de tomar el oasis, perdiendo su ejército en el desierto. Su larga ausencia había sido aprovechada en Persia por el mago Gaumata, quien en el año 522 se hizo pasar ante el pueblo por Bardiyas, el hermano asesinado. Todas las provincias lo reconocieron como rey. Cambises II, enterado de ello, dejó a Aryadne como sátrapa en Egipto y emprendió el camino hacia Susa; sin embargo, durante la vuelta murió en algún lugar de Siria, a causa de un accidente, según dice Herótodo, o, como dice la inscripción de la Roca de Behistún, "murió de su propia muerte", expresión interpretada por Flavio Josefo como un suicidio. En Persia se abrió, a continuación, un periodo de luchas, de las que pudo salir triunfante Darío que, en unión de otros dos nobles persas, había dado muerte a Gaumata en la fortaleza de Sikayaubatish. Según Heródoto, se casó con dos de sus hijas y mató a una de ellas. Heródoto lo describe como un tirano cruel e irracional. Ver, Reyes aqueménidas.
 
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