Carthago

"ciudad nueva". En fenicio se denomina Qart Hadasht o Karthada, en griego Karchedon, en latín Carthago. Se encuentra situada al norte de África, en el golfo de Túnez, cercana a la actual capital tunecina. Su primitivo emplazamiento debió ser en la colina de Byrsa o Bosra, la actual ciudadela. Fue una antigua colonia fenicia fundada en el siglo IX a.C. por colonos de Tiro, conducidos y gobernados, según la tradición, por la reina Dido o Elisa, relacionada con el propio Eneas en la Eneida de Virgilio. Su símbolo fue el caballo y figuró en cabeza de sus monedas. Se trataba de un eslabón más en una cadena de establecimientos a lo largo de la costa norteafricana, que buscaban la proximidad a las riquezas mineras de Occidente. La presión del imperialismo asirio fue debilitando los lazos de las metrópolis fenicias con sus colonias de Occidente, y, de esta situación se aprovechó Cartago, que terminó convirtiéndose, a partir del siglo VII a.C., en el más importante de los establecimientos fenicios del Mediterráneo occidental, con un papel director sobre los restantes centros. Alcanzó su mayor apogeo en el siglo III a.C., llegando a tener la ciudad hasta un millón de habitantes y una considerable flota naval. Su constitución estatal, conocida a través de Aristóteles en su Política que alaba su estabilidad, era de carácter oligárquico. Dos sufetes (jueces) eran elegidos anualmente, con poderes ejecutivos y judiciales. Había un Consejo de 104 miembros y una Asamblea popular, tal vez de carácter consultivo. También había comisiones menores. Sin duda, la sociedad cartaginesa estaba dirigida por una aristocracia de grandes comerciantes cuyos intereses dominaban la política del Estado, aunque también se hacía sentir la influencia de los grandes terratenientes. La religión era fenicia, debido a sus orígenes. El dios principal era Ba'al Ammón o Baal Hammón y su paredra Tanit. Alcanzó una gran prosperidad gracias a su actividad económica y comercial, sobre todo de salazones, que le permitió situarse a la cabeza de todas las factorías del norte de África. Logró dominar las comarcas vecinas y construir un extenso dominio, aunque los indígenas, los númidas, con frecuencia se sublevasen y pusieran en peligro la estabilidad de los púnicos. La victoria cartaginesa de Alalia (Córcega) sobre los griegos y romanos, en el año 535 a.C., abre el dominio hegemónico del mar Mediterráneo para los cartagineses, así como la conquista de las tierras del sur peninsular. Los cartagineses llegan a un acuerdo con Roma en el año 509 a.C., por el cual ésta no progresará en sus conquistas por Occidente, reservándose, el derecho de conquista de las tierras ibéricas, derecho que ese mismo año les lleva a destruir las ciudades tartésicas y algunas colonias griegas, como Maineke, apoderándose de todo el imperio tartésico que se extendía por Andalucía y Murcia, para la explotación de las mayores minas de plata de la antigüedad. Los cartagineses establecen en la península Ibérica su centro estratégico, en el año 348 a.C., en un puerto natural cerca de la ciudad ibérica de Mastia, capital de la tribu de los mastienos y límite septentrional del imperio arrebatado a los tartessos, desde donde ejercieron un intenso control del estrecho de Gibraltar controlando el comercio mediterráneo. En sus exploraciones por el Atlántico llegaron hasta las islas Canarias y Madera. Cartago fue una república de mercaderes y navegantes, que utilizaron mercenarios para mantener sus ejércitos. Tras la caída de Tiro bajo el poder asirio, en el siglo IV a.C., los cartagineses heredaron la hegemonía que la metrópoli había ejercido en Occidente. Poseyeron sus propias flotas y ejército, posteriormente mercenario, convirtiéndose paulatinamente en protectores de las restantes estados-ciudades fenicias africanas y del sur peninsular, entre ellas Gadir. La expansión mercantil y territorial cartaginesa, por Libia, norte de África, islas mediterráneas (Sicilia, Cerdeña, Baleares) e incluso por la península Ibérica, provocó los primeros choques con los griegos de la Magna Grecia. El tirano Gelón de Siracusa consiguió derrotarlos en Himera (480). Pero los mayores enfrentamientos de los cartagineses fueron con Roma, que provocaron su caída definitiva en las denominadas Guerras Púnicas. La Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.) desplazó a Cartago de la isla de Sicilia y Cerdeña. La Segunda (218-201 a.C.), tras las victoriosas campañas de Aníbal, acabó con la derrota cartaginesa en Zama (202). La Tercera Guerra Púnica supuso la destrucción de Cartago por Escipión Emiliano que maldijo su suelo. Cayo Graco intentó instalar allí una colonia y ello fue una de las causas de su caída (121 a.C.). Finalmente, fue reconstruida por Augusto, realizando los planes de César, fundando la Colonia Julia Carthago. Esta nueva ciudad se convirtió en una gran metrópoli. Hacia el siglo IV se convirtió en la segunda ciudad del mundo romano, detrás de Roma. Estuvo en poder de los vándalos (439) y bizantinos (553), y, tras su conquista por los árabes (698), fue destruida. Los restos más primitivos hallados en Cartago confirman su antiguedad literaria: al lado del puerto comercial, en el año 1947, apareció un yacimiento con cerámicas chiprofenicias de fines de la Edad de Bronce. Sin embargo, la arqueología no ha podido documentar todavía la existencia de un establecimiento humano contemporáneo a la fecha del 814, pues las tumbas más antiguas no se remontan más allá de los años finales del siglo VIII a.C. La población cartaginesa de los primeros tiempos se estableció en dos montículos cercanos a la línea costera, llamados "Byrsa" (bursa, en griego, significa bolsa de cuero) y "colina de Juno". En la primera se alzó la ciudadela fortificada cuyos imponentes restos pusieron al descubierto los Padres Blancos y los primeros arqueólogos franceses ya en los últimos años del siglo XIX. Las casas que hoy se pueden contemplar en las laderas de la colina, rectangulares y de buena construcción, con varias cisternas y patios, son las que corresponden a los últimos tiempos de independencia cartaginesa, anteriores al año 146 a.C., fecha de su caída en manos romanas. En época de Augusto se desmochó la colina, amesetándola, con lo que se ha perdido todo vestigio de la acrópolis cartaginesa, con los edificios que las fuentes nos cuentan que había en él: unas murallas muy altas, el gran templo de Eshmún en el centro y la escalinata de sesenta escalones que a él conducía. Al sur de la colina de Byrsa se encuentra uno de los lugares más emblemáticos de Cartago, el "tofet de Salammbô". El hábitat arcaico se extendía entre las colinas y la playa, donde diversos sondeos han permitido recuperar algunos aspectos de la vida de Cartago entre los ss. VII y V a.C. Sin embargo, los restos arqueológicos cartagineses de mayor importancia, urbanísticamente hablando, corresponden al período de las Guerras Púnicas, las guerras con Roma, a pesar de su resultado adverso. Las calles y casas muestran una fuerte influencia helenística, con un trazado regular de calles paralelas y manzanas de casas con varios pisos, hasta seis, cisternas y jardines en el interior. Estucos y pavimentos de gran calidad, junto con columnas, pasillos, escaleras, drenajes de aguas, pozos negros..., muestran la calidad de vida alcanzada por las clases acomodadas de Cartago. La arqueología ha sacado también a la luz la ciudad romana: red viaria, termas, teatro, acueducto, puerto, etc.. Hoy, Carthage, Túnez. Ver, Sínodos de Cartago. )o( MITOLOGÍA.- Ver, Carquedón.
 
Volver