Legión

Palabra de origen latino proveniente de legio, que a su vez es una sustantivación del verbo legere, que significa reclutar. Fue la columna vertebral del sistema militar del Imperio romano, compuesto de caballería e infantería, y que a lo largo del tiempo sufrió importantes modificaciones. Como en todas las ciudades-estado de la antigüedad, la práctica militar estaba íntimamente ligada a las funciones ciudadanas. Roma no fue diferente al resto, contemplando el deber militar como un derecho inalienable para el ciudadano romano. En un principio el ejército romano lo conformaban las milicias formadas por las élites aristocráticas, que basaban la lucha en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Roma, potencia con un sentido práctico muy desarrollado, enseguida introdujo una gran innovación en su ejército miliciano, al adoptar las formas de combate de los hoplitas griegos. Frente al duelo singular de antaño, se adoptó las formaciones en líneas de una infantería con armamento pesado, las cuales avanzaban contra el enemigo a modo de rodillo humano. Con esta modificación se dio una coherencia y disciplina a la formación del ejército. Dicho ejército romano primitivo estaba formado por unos 3000 infantes y 300 caballeros, reclutados entre las tres tribus más antiguas de roma: Ramnes, Tities y Luceres. El rey Servio Tulio volvió a introducir cambios, sobre todo en el reclutamiento de la tropa, imponiendo un sistema timocrático (basado en la fortuna), ya que la importancia del armamento crecía respecto de la riqueza del soldado que lo portaba. Los más ricos fueron encuadrados en centurias de caballería. Otras centurias eran las formadas por las clases menos privilegiadas, con la misión de auxiliar a la caballería. Por último se englobó en una centuria a todos aquellos que no tenían absolutamente nada, los llamado capite sensi o porletarii. Dentro de cada centuria los legionarios fueron divididos en relación a su edad o disponibilidad para empuñar las armas, conformando cinco clases de tropa: la primera era la llamada iuniores, con soldados entre los dieciocho y cuarenta y cinco años; la segunda era la de los seniores, que comprendía a los soldados que tenían entre los cuarenta y cinco y los sesenta años; las tres restantes estaban compuestas de iuniores y seniores respectivamente. Cada legión comprendía un total de 4000 hombres, con una estructura semejante a la falange macedónica, disponiendo a los legionarios en seis filas compactas, apoyadas por la caballería. En tiempos del cónsul Camilo fue necesario introducir nuevas modificaciones, debido a la presencia de nuevos enemigos que combatían de un modo muy diferente a como lo hacían las legiones romanas. Se cambiaron las tácticas de ataque, haciendo un ejército más móvil y dispuesto a largas luchas de ataque y de asedio, además de tener que adaptarse a la campañas fuera de la propia Italia. También se introdujo el pago del stipendium (sueldo), necesario para pagar a la tropa por sus largas ausencias del hogar. Esto posibilitó que muchos ciudadanos que no contaban con recursos propios pudieran enrolarse al ejército de una manera profesional y como un modo de asegurarse un provenir. Durante los dos primeros ss. de la República hubo un total de cuatro legiones (dos ejércitos consulares de dos legiones), número que se incrementó bastante al paso de los años, para llegar a las veinte legiones a finales del siglo III a.C. Cada legión fue dividida en manípulos, que constaban de dos centurias de sesenta hombres cada una, comandadas por un centurión. También se varió el grueso de la legión, quedando constituida por tres líneas, de diez manípulos cada una, organizadas, ya no en base a la edad de los soldados: una primera línea de los más jóvenes, llamados hastati que portaban un armamento completo; y una segunda línea formada por los más veteranos, los príncipes, cuya misión principal era la de relevar a los hastati en caso de necesidad; mientras que la tercera línea, los triarii, estaba compuesta por la flor y nata de los legionarios, los más aptos y capaces, que sólo entraban en batalla en caso de extrema necesidad. Tanto los hastati como los príncipes se ponían en formación rectangular, de doce hombres de frente por diez de fondo. Por su parte, los triarii formaban en frentes de seis hombres por diez de fondo. El reclutamiento estaba a cargo de los cónsules que eran los que decidían la validez o no de los posibles soldados. Todos los hombres que estaban en condición y edad para servir al ejército eran llamados a filas y repartidos entre las legiones existentes, prestando un juramento de fidelidad al tribuno encargado. Mario transformó el carácter del ejército reclutando a todos los ciudadanos y creando soldados profesionales. Roma se hallaba en plena expansión territorial y política, por lo que necesitaba grandes contingentes de hombres. Este hecho y la posibilidad de obtener grandes botines procuró a Roma gran número de soldados que se alistaban voluntariamente con lo que aumentó la profesionalidad de dicho cuerpo. Con el aumento de efectivos se tuvieron que realizar nuevos cambios de estructura dentro del ejército. La legión aumentó el número de legionarios hasta los 6000, agrupados en diez cohortes, de 600 hombres cada una. Esta estructura se mantendrá intacta hasta Diocleciano, pero no así sus cuadros de mando. Durante la República había seis tribunos encargados de las legiones que se turnaban, bajo un riguroso orden. Augusto puso al mando de todas las legiones al Legatus legionis, perteneciente a la clase senatorial, que actuaba como delegado del César. El cargo de tribuno siguió manteniéndose, pero subordinado al mando del legado. Augusto introdujo una innovación dentro de la caballería, dividiéndola en cuatro turmes cada una. Pero el gran cambio de Augusto vino al constituir una especie de segundo ejército, con un número equivalente al de las legiones, reclutado en las provincias con efectivos que no poseían la ciudadanía romana. Este ejército o auxilia se organizó en unidades de infantería y de caballería, de 500 a 1000 hombres, al mando de un oficial romano del orden ecuestre, llamado praefectus. Durante la Pax romana instaurada por Augusto, las legiones fueron mandadas a las distintas provincias del Imperio recibiendo una denominación y un número para distinguirlas, tal como pasó con la Legio VII Gémina, asentada en la actual ciudad de León, de donde le viene el nombre a dicha población. Fue en esta época cuando empezó a aumentar el número de efectivos en las legiones, debido a que al ingresar en el ejército se conseguían diversas ventajas: la ciudadanía romana, el sueldo de soldado, ciertas primas y una especie de jubilación al cumplir los veinte años de servicio, lo cual se plasmaba en un diploma (missio). Durante el transcurso del llamado Bajo Imperio se incrementó la presión que venían ejerciendo los pueblos bárbaros del norte, que penetraban constantemente en el Imperio, rompiendo el limes fronterizo. También hubo una crisis general de subsistencia, lo que provocó que el reclutamiento se viera muy afectado. Con las reformas de corte económico y militares introducidas por Diocleciano, a finales del siglo IV d. J.C., el reclutamiento se trató de asegurar haciendo hereditario el oficio militar. Además de esa medida, se obligó a los propietarios de las tierras a aportar un número de hombres dependiendo de la unidad fiscal (capita), o en su defecto pagar una cantidad de dinero para el mantenimiento del ejército (aurum tironicum). Para hacer más efectiva la defensa de la enorme línea fronteriza del Imperio, la cual iba desde la actual Holanda hasta la desembocadura del río Danubio, Diocleciano y sus sucesores dividieron las legiones en dos tipos de fuerzas: las tropas comitatensis, formadas por una caballería ligera y muy preparada, cuya misión era combatir como fuerzas de apoyo a las tropas que lo necesitaran; el segundo grupo eran los limitanei o ripenses, tropas de infantería estacionadas permanentemente en los diversos puntos de la frontera, para intentar frenar los avances cada vez más profundos de los bárbaros. El número de legiones aumentó hasta 175, pero sólo tenían 1000 hombres cada una. Los centuriones fueron reemplazados por los ducenarii y centenarii. El mando del ejército fue asignado a cada Prefecto del Pretorio, que mandaba en cada prefectura, mediante las cuales se dividió administrativamente el Imperio. Además también se instituyó el cargo de Magister militum equitatum y el de Magister militum peditum, al mando de las tropas de caballería y de infantería respectivamente. La historia de las legiones es relativamente bien conocida hasta el siglo II por los textos históricos y las inscripciones, pues muchos campamentos dieron nacimiento a ciudades y fueron foco de romanización. La mayor parte de los números de orden llevados por las legiones son los distribuidos en los ejércitos de Octavio y de Antonio. Los sobrenombres fueron tomados de las provincias donde las legiones habían servido (Germanica) o de donde eran originarias (Italica); otros fueron sacados de nombres de divinidad (Martia Victrix), de emperadores (Claudia), de particularidades relativas a su reclutamiento (Gemina) o de sobrenombres (Rapax). Ver, Ejército romano, Legiones, Cohors.
 
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