Libros Sibilinos

Estos libros se llamaron así porque contenían las predicciones de las sibilas. Denominan las nueve colecciones de oráculos que, según la tradición, había llevado a Roma la Sibila de Cumas y ofreció en venta al rey Tarquinio el Soberbio. Éste los rehusó por encontrar excesivo el precio. A cada negativa, la Sibila quemaba tres libros. Al fin, el rey Tarquinio compró los tres últimos y los depositó en el templo de Júpiter Capitolino. Tras ello, la Sibila desapareció. Estaban custodiados por una comisión de duunviros al principio y después de quindecenviros, dedicados a la conservación y consulta de estos libros religiosos. Algunos Libros Sibilinos se destruyeron en el incendio del año 83 a.C.. El Senado encargó entonces a una comisión la composición de otros textos con noticias dignas de confianza recogidas en los lugares en los que había habitado la sibila. La nueva colección, recompuesta y revisada durante el Imperio de Augusto, se custodió en el templo de Apolo sobre el Palatino. En el año 400, por orden de Estilicón, los nuevos Libros Sibilinos se arrojaron a las llamas. Durante la República y hasta la época de Augusto, los Libros Sibilinos ejercieron una gran influencia en la religión romana. Eran consultados en casos de desgracia, de un prodigio o de un acontecimiento extraordinario. En ellos se encontraban prescripciones religiosas, dedicaciones y reglas de culto, de sacrificios expiatorios…
 
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