Liga

Los griegos conocieron la alianza permanente de varias potencias bajo la hegemonía permanente de una de ellas. Pero no tienen palabra especial para designarla: emplean la palabra general de alianza (symmachía). La razón tal vez sea que las diferentes Ligas griegas tienen pocos puntos comunes. En particular, apenas se puede comparar una liga terrestre y una liga marítima. La creación y el mantenimiento de las escuadras hacían necesaria la participación financiera de los Estados miembros, ya se trate de un tributo o foro (phoros), como en la primera Liga ateniense, o de contribuciones (syntaxeis), como en la segunda; el tributo no existía en la Liga peloponésica antes de la guerra contra Atenas. Según los escritores del siglo IV a.C., la liga terrestre respetaría más la autonomía de los Estados miembros y no entrañaría el riesgo, como una liga marítima, de evolucionar hacia un imperio (arché). De hecho, la Liga peloponésica siguió siendo una verdadera liga hasta la guerra naval contra Atenas; en la Liga de Delos, por el contrario, el hegemón se convirtió en tirano, los aliados (symmachoi) en súbditos (hypekooi) y la liga en una arché; la Liga Etolia, sin embargo, se transformó rápidamente en un Imperio etolio que hizo desaparecer todo particularismo local en la Grecia central (Lócride, Dóride, Málide, Delfos, Tesalia del Sur). Las instituciones variaron enormemente según el carácter emprendedor o no de la Liga y el papel respectivo del hegemón y de los demás aliados. La asamblea plenaria de la Liga peloponésica estaba formada por embajadores y no se reunía sino excepcionalmente; en la Liga ateniense del siglo IV, el Synedrion de los aliados se reunía en Atenas permanentemente y la decisión de la Liga resultaba del "dogma" del Synedrion y del decreto de la Ecclesía ateniense: en la Liga del siglo V a.C., la asamblea de los aliados no tenía más que una existencia teórica y las decisiones eran tomadas por el pueblo ateniense y sus estrategos.
 
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