Hatra
Muy poco se sabe del origen de esta ciudad. Aparece en la historia, casi bruscamente, en el siglo II, asediada por Trajano y luego por Septimio Severo (200 y 201), resistiéndoles victoriosamente. Las abundantes inscripciones de Hatra están escritas en lengua aramea. Y por la onomástica se puede deducir que su población era árabe o de origen árabe. Durante un breve período, entre Alejandro Severo y Gordiano III, aparecen inscripciones latinas que indican la presencia de destacamentos romanos en la ciudad. Pero esta presencia fue corta, no más de 12 ó 15 años. Tras ser conquistada por Shapur I, la ciudad fue abandonada. Está rodeada de una doble muralla en forma circular. La verdaderamente original es la interior, hecha con ladrillos cocidos, con cuatro puertas y con torres. En el interior, en medio de una amplia explanada, se encuentran grandes restos de edificios con bóvedas y arcos. Durante algún tiempo se pensó que estos edificios eran palacios semejantes al palacio de Ctesifonte. Las excavaciones iraquíes realizadas a partir de 1951 han demostrado que se trata de templos dedicados al dios Shamash, el Sol. Hatra, que significa "el recinto", es así el recinto del Sol, la ciudad del Sol. Hatra no es una ciudad caravanera; pero tampoco es una ciudad militar, sino una ciudad sagrada. Claro es que por su propio carácter religioso, pudo ser un importante centro de comercio y mercadería; y por sus fortificaciones pudo convertirse eventualmente en fortaleza militar. La arquitectura religiosa de Hatra presenta templos con columnas de tradición griega; templos de tradición mesopotámica y templos con iwanes. Casas, fortificaciones y tumbas, que se encuentran en el interior del recinto, completan el cuadro arquitectónico. En todas ellas se hace patente la influencia helenística. Hatra ha proporcionado gran cantidad de escultura que, a diferencia de la de Palmira, no es funeraria, sino religiosa. Es una escultura en piedra, verista, hierática, frontal. La influencia griega es, otra vez, su característica principal. Su iconografía está formada por interpretaciones orientales de divinidades griegas: Helios (Shamash), Tyche (personificación de Hatra), Heracles (Nergal), Atenea (Allat) y Cerbero. Una serie de estatuas de reyes o personajes importantes (¿oferentes, ofrendas?) representan quizá lo único que tenemos de la estatuaria parta si exceptuamos el guerrero de Shami, en bronce, del museo de Teherán. En los relieves propiamente partos, procedentes de lugares distintos a la de las ciudades mencionadas, se observa menos la influencia occidental. El más antiguo es el que representa a Mitrídates II, realizado hacia el año 80 a.C.. Su rudeza y falta de vida indican lo esencial del arte parto propio. También para conmemorar victorias el relieve de Gotarzes II (50) representa ya la influencia helenística. Por fin los bajorrelieves de Tang-i-Sarwak, como el que representa a un rey ante un betilo, demuestran lo que Herzfeld señaló como el nivel patéticamente bajo del arte del Irán arsácida. Pero ello no le resta valor desde el punto de vista histórico. El arte parto del relieve, de tradición mesopotámica, está puesto al servicio de la propaganda y de la religión. El arte parto es también un elemento de enlace, como la historia misma de este pueblo, entre el Irán aqueménida el Irán sasánida. Hoy, en territorio del actual Iraq.

