Magos
o Magi o Mages. En la antigua Persia y según cuenta Heródoto, no eran propiamente una casta o una clase social, sino una tribu de la que se reclutaban maestros de religión, sacerdotes y adivinos. Entre los persas, eran hombres instruidos, expertos sobre todo en religión y prácticas religiosas rituales, contemplados con gran respeto. Estaban encargados del culto al fuego y de las ofrendas, así como de los cantos litúrgicos. Más tarde fueron sacerdotes mazdeístas, que representaban el pensamiento zoroástrico, que ellos interpretaron e incluso distorsionaron. Se ha señalado el elemento mágico de sus funciones que aumentó con su contacto con la religiosidad caldea de Babilonia. Adquirieron una gran importancia en época helenística. Gozaban una gran reputación y eran buscados tanto de los grandes como del pueblo. Se les confiaba la educación de los príncipes y, como refiere Suidas, no coronaban ningún rey sin que sufriese antes una especie de examen entre los magos. Darío, hijo de Histaspes, creyó honrarse haciendo grabar sobre su tumba, que había sido perfectamente instruído en todos sus conocimientos. Por lo que respecta al culto divino, no querían templos ni altares, diciendo que disminuyen la majestad de Dios, de aquel que lo llena todo con su presencia y sus beneficios encerrándole, por decirlo así, entre paredes. Por lo mismo cuando los persas querían cumplir los deberes de la religión, se retiraban a los montes más elevados, y allá se postraban ante Júpiter, es decir, ante el cielo mismo, que creían todo penetrado por la divinidad, y celebraban sus diferentes sacrificios. Los magos creían en una especie de metempsicosis astronómica, diferente enteramente de la de Pitágoras. Se imaginaban que las almas, después de su muerte, estaban obligadas a penetrar por siete puertas, pasando de este modo muchos millones de años antes de llegar al sol, que es el cielo empíreo o la mansión de los bienaventurados. Cada puerta, diferente en estructura, se componía también de un metal diferente, y Dios le había puesto en el planeta que presidía este metal. Se encontraban, la primera en Saturno, y la última en Venus. Como no había nada más misterioso que esta metempsicosis, los magos la representaban mediante una escala muy alta, dividida en siete pasajes consecutivos, cada uno de los cuales tenía su señal y su color particular, siendo esto lo que ellos llamaban la evolución de los cuerpos celestes, el fin de la naturaleza entera. Los magos reconocían tan sólo un ser soberano, que simbolizaban por el fuego, y si daban un culto religioso a este elemento, no era más que un culto relativo a la divinidad que representaba. Esta religión, llamada Magisrno, subsiste aún entre los guebros, de la cual se encuentran todavía algunos restos en Asia. Zoroastro pasa por el fundador de esta religión y por jefe de los magos, a los cuales dio el nombre de Hirbad o Hirbood. Los magos de los parsis o guebros, sólo se afeitaban las mejillas, y tenían una barba muy larga. No tenían casi bigotes. Cubrían su cabeza con un gran gorro en forma de cono que les bajaba hasta la espalda. Traían por lo común el cabello muy largo, y sólo se lo cortaban cuando llevaban luto. En otro tiempo, sus gorros se alargaban por delante hasta cubrirse la boca, pero después se la cubrieron con un pedazo de tela cuadrada. El cinturón de que se servían para aguantarse su vestido, que se llamaba Judra, tenía cuatro nudos, que significan cuatro cosas diferentes. El primero les advertía que no hay más que un dios: el segundo que la religión de los magos es la única verdadera; el tercero que Zoroastro era un profeta enviado por Dios; el cuarto, que debían procurar siempre hacer buenas obras. Este cinturón también lo llevaban los legos y lo acostumbraban a tomar a la edad de doce o quince años. Los guebros encontraban en este divino cinturón una fuente abundante de bendiciones, y una defensa segura contra los ataques del espíritu maligno. El perderlo era la desgracia mayor que podía afligirles, y hasta que algún mago les había dado otro, no se atrevían a hacer la menor acción: no decían una palabra, ni querían dar un paso, persuadidos de que todo lo que harán sin el cinturón se les convertiría en mal. El Sadder, uno de los libros sagrados, excomulga al que a la edad de quince años no había recibido aún dicho cinturón y, considerándole profano, prohibía el que le dieran pan y agua. En cuanto a los magos, estaban distribuidos en diferentes lugares, en los cuales ejercían el culto religioso. Vivían de los diezmos y algunas contribuciones voluntarias que el pueblo se imponía. Por ejemplo, todos los guebros tenían costumbre de apagar su fuego cada año, el 25 de abril, y lo compraban de nuevo a su sacerdote. Los magos podían casarse. El sacerdocio estaba concentrado en ciertas familias y sólo los hijos de los magos podían seguir la profesión de sus padres: pero si se habían engañado en su elección y la mujer que habían tomado era estéril, no podían tomar otra, sino con el piadoso designio de aumentar el numero de los fieles: pero era necesario que la mujer estéril consintiera en ello, sin lo cual el mago estaba obligado aguardarla. Nuestro término "mágico" deriva de mago. Ver, Reyes Magos.

