Malta
Isla mediterránea situada entre Sicilia y la costa africana. Su nombre originario tal vez sea Melita. Conserva importantes restos arquitectónicos de su cultura protohistórica en la que se rendía culto a una Diosa Madre de la fecundidad. En el siglo I, Pablo naufragó allí (56) y fundó una de las primeras comunidades cristianas.
)o()o( La isla de Malta en época fenicia y púnica )o(
Entre los siglos VIII y VII a.C. comienza a tomar importancia la posición de la isla de Malta en el trasiego marítimo del Mediterráneo, que para entonces había alcanzado un interés considerable en el planteamiento geo-político y comercial de las potencias dominantes del momento. La temprana presencia fenicia y su continuación púnica dejaron innumerables huellas en toda la isla. El papel de Malta en el período anterior a la primera presencia fenicia fue de escaso protagonismo, con la existencia, como es bien sabido, de dos culturas del Bronce Tardío: Borg in Nadur y Bahrija. Estas culturas no destacaron, ni por su desarrollo económico, ni por el número de sus relaciones comerciales extrainsulares. Sólo se documentan contactos con la cercana costa oriental de Sicilia, a través de los cuales habrían llegado hasta Malta Ios muy escasos materiales micénicos que han sido encontrados (un fragmento en Borg in Nadur y otro en Tas Silg). Esta escasez de materiales micénicos contrasta con la abundante presencia de contactos del mundo micénico con las costas de Sicilia, y muy especialmente con la costa oriental, así como con Cerdeña, lo que nos mostraría que el comercio micénico en su camino desde Oriente hacia las costas de Sicilia y, cruzando el estrecho de Sicilia hacia Cerdeña, no tenía la menor necesidad de recalar en la isla de Malta, que queda relegada en esta época a un lugar mucho más secundario. Tampoco existe ningún elemento que nos permita hablar de una presencia fenicia en Malta cuando se produce la primera gran expansión fenicia desde Oriente hacia las costas españolas, en el siglo VIII a.C.. Estos argumentos nos indican que la isla de Malta no jugaba, en estos momentos, una posici¢n estratégica de privilegio en la navegación de Oriente a Occidente, sino más bien el de un lugar alejado y aislado, valga la expresión. La ruta de navegación más favorable era desde la isla de Creta, hasta la costa de Sicilia, recalando en Siracusa, como hicieron también los micénicos y más tarde los griegos, para desde allí dirigirse hacia el oeste bordeando la costa sur de Sicilia. Se trataba de evitar la presencia de vientos dominantes, tanto del NW -mistral-, como del W -poniente-, así como la existencia de una corriente marina que, en sentido W-E atraviesa el canal de Sicilia por el centro, desde Pantelleria hacia Malta. Esta situación de marginación de "la grand route de la mer" se modifica en el cambio del siglo VIII al VII. Es en este momento cuando podemos confirmar la primera presencia de los fenicios en la isla. Pero, ¿qué explica este cambio en la situaci¢n estratégica de la isla?. Para encontrar una explicación hay que mirar nuevamente a la costa oriental de Sicilia, donde, ya a mediados del siglo VIII se inician los contactos entre griegos e indígenas en Siracusa, que culminarán con la presencia de las primeras construcciones griegas en la isla de Ortigia. En el tercer cuarto del siglo VIII a.C. se inicia la presencia griega con el asentamiento de Lindios, precedente de la fundaci¢n de Gela hacia el año 690, y posteriormente Camarina y Agrigento. Esta estrategia de colonización y control del territorio por parte de las nuevas polis griegas no puede ser ajeno al propósito, entre otras razones, de impedir el contacto de los tenicios con el interior de la isla, rica en recursos. No creemos que se pueda hablar en este momento de un enfrentamiento entre griegos y fenicios, pero si de una "amable" competencia que hiciera imposible el control real del territorio sur de la isla. Es en este contexto de presión estratégica y comercial cuando se explicaría la ocupación de la isla de Malta, puesto que con ello se asegura una escala en territorio fenicio tras la larga travesía desde Creta. Creemos que es en este sentido de búsqueda de un punto seguro, alejado de la amenaza de los griegos, en el que deben ser interpretadas las palabras de Diodoro (V. 12. 1-4): "fundaron una escala segura, puesto que estaba provista de puertos en el mar abierto", máxime cuando es en este momento en el que se constata un segundo flujo de colonos en las fundaciones occidentales, y la creación de nuevos emplazamientos, de nuevos puntos de apoyo que consoliden y mejoren la ruta inicial. Esta primera ocupación de la isla por parte de los fenicios se produce de un modo doble: por un lado con la dedicaci¢n de un templo a Astarté, legitimando así, según las tradiciones orientales, la propiedad del territorio, y, por otro, estableciéndose en el lugar má s estratégico de la isla, la colina de Mdina-Rabat, no sólo por su situaci¢n central y en altura, sino por la cercaní¡a de los exiguos manantiales de agua potable, que adquiren así una extraordinaria importancia estratégica. Un punto de controvertida discusión es la posible relaci¢n de estos colonos semitas con la población indígena del Bronce Final. Como es bien sabido, los datos que en su día facilitó Ward Perkins sobre el ya famoso silo de Mtarfa, así como los primeros resultados de las excavaciones de Tas Silg, realizadas por un equipo italiano, llevaron a asegurar a los investigadores que las relaciones entre ambos mundos, el indígena y el colonial, fueron intensas y fluidas. Sin embargo, un análisis más minucioso de las fuentes arqueológicas está llevando a reconsiderar esta relación. La rápida ocupación de los puntos más estratégicos, la ausencia de datos seguros sobre esta relación entre un teórico gran contingente indígena que no ha dejado ningún rastro, así como el carácter manitiestamente oriental, fenicio, de las tumbas, de su ritual y de las cerámicas que en ellas se encuentran, nos llevan a afirmar que la isla habría sido abandonada por los anteriores pobladores en una fase indeterminadamente anterior, y que los fenicios encontrarían la isla despoblada, o con un contingente de población tan exiguo como para no dejar rastro en el registro arqueológico. Este fenómeno de ocupación de una isla por parte fenicia, como punto de apoyo a la navegación se repite en la isla de Ibiza, donde el abandono en una fase anterior de la poblaci¢n indígena lleva a los fenicios a ocupar un lugar estratégico, deshabitado, que les permitía asegurar el control de las rutas que desde Cerdeña se dirigían, tanto hacia el sur de la Pen¡nsula Ibérica, como hacia las costas de Cataluña y el sur de Francia. Así, los primeros fenicios que iniciaron el culto de Astarté en el templo de Tas Silg reutilizaron el templo megalítico anterior, situado en una posición de dominio sobre la bahía, que había estado en uso en la fase de los templos (hasta el 2500), para quedar abandonado durante toda la fase del Cementerio de Tarxien (del 2500 al 1500) reutilizándose en la fase Borg in Nadur con fines completamente ajenos de aquellos para los que fue concebido inicialmente. No existe, pues, continuidad en el uso del templo, ni asimilación entre el ritual de adoración a la diosa madre, propio del mundo indígena y el culto a la diosa Astarté. Los fenicios vuelven a aprovechar los elementos megalíticos de esta posición privilegiada para un fin distinto del propio de la fase anterior, el de bastión amurallado, reinstaurando la función de culto que, es importante destacar, había dejado de realizarse en este lugar, al menos durante mil años. La reutilización, en esta fase inicial del uso fenicio del santuario, de una figura femenina de la fase Tarxien, creemos que indica la precariedad de la construcci¢n semítica en los primeros momentos, como también se observa en la escasez de reformas en la estructura arquitectónica. Los fenicios parecen, en esta primera fase del siglo VII, estar más interesados en asegurar la presencia de un lugar de culto, que en realizar una gran obra para honrar a la diosa. Esa preocupación buscaría el justificar, como ya hemos indicado, el control de la isla por parte de los recién llegados. Este objetivo se cumplirá con la dedicación a la diosa de un lugar de culto, con lo que las nuevas tierras pasan a ser una prolongación de la patria. Se produce, ahora sí, una variación en las rutas que desde Oriente llevaban hacia las costas españolas, puesto que una vez que se dejaba la isla de Creta, y tras una travesía de quince días por alta mar, se recalaría en Malta para desde allí, y ya dentro del "mare phoenicium" dirigirse a Mozia, en el extremo occidental de Sicilia, evitando las rutas griegas y recalar en las costas del este de Sicilia. Esta nueva funci¢n estratégica explicaría al mismo tiempo la ubicación del núcleo habitado en un punto de altura, de fácil defensa, asegurando los escasos recursos hídricos de la isla. La privilegiada situación del promontorio actualmente ocupado por Mdina-Rabat hizo que desde un primer momento los fenicios eligieran esta posición para situar el lugar de hábitat. Se crea así un modelo diferenciado con la existencia del núcleo habitado separado de la zona del puerto, controlado y protegido por la influencia del santuario extra-urbano de Astarté. La fundación de un santuario conllevaba el establecimiento de una serie de vínculos entre la metrópoli y el nuevo asentamiento, entre los que la tutela del templo de Tiro en la empresa era uno de los principales. Esta vinculación de Malta con Oriente pasará a ser una de las caracteristicas principales de la isla, como señalan, tanto los elementos arquitectónicos y decorativos de Tas Silg, la cerámica fenicia de las tumbas, o los amuletos egipcios, por citar alguno de los elementos más destacados. Algunas de las formas cerámicas que encontramos en las tumbas fenicias de este siglo VIII nos indican esta relación directa con Oriente. Entre ellas sobresalen las ampollas de perfume (oil-bottles), de antigua tradición oriental. Este tipo cerámico es característico de las factorías fenicias del sur de la península Ibérica, sin que destaquen ni en Cartago ni en Cerdeña, marcando una conexión entre Oriente y Occidente sin la intermediación de la colonia norteafricana. Otros elementos serían las urnas de incineración, las jarritas vertederas, las jarras de boca de seta o los trípodes, indicando la presencia en Malta de materiales característicos de la fase inicial, todos ellos con una cronología del siglo VII. Una nueva fase se abre para Malta con la brusca interrupció¢n de las corrientes comerciales desde Oriente y la sustitución del papel hegemónico de Tiro por el de Cartago, a mediados del siglo VI. Malta, que había ocupado a lo largo del siglo VII y la primera mitad del VI una posición central, estratégica, sufre un importante vuelco, pues su función deja de tener sentido alguno, y se convierte en un territorio carente de valor para la estrategia del naciente interés colonial de Cartago. Este sustancial cambio hace que la isla se convierta en un "cul de sac", en un lugar fuera de las rutas comerciales. Se produce un repliegue de Malta sobre sí misma, alejada de las influencias de Cartago, que no necesita de este punto ajeno a sus intereses, y desconectado de la gran ruta del mar desde Oriente. Este repentino aislamiento será el hecho que le hará conservar como característica especí¡fica su carácter oriental, fenicio, en pleno apogeo púnico. Lógicamente, la economía de la isla inicia un proceso de transformación para adaptarse a las nuevas circunstancias. Comienza en esta segunda mitad del siglo VI la ocupación de las áreas rurales, poniéndose en marcha las primeras explotaciones agrícolas, que permitan la subsistencia de una isla que se encuentra replegada, iniciándose un periodo de economía de autoabastecimiento, de autosuficiencia, que llevará a Malta a uno de sus peores periodos de crisis, hasta finales del siglo V, coincidiendo con el momento de los mayores enfrentamientos entre el mundo púnico y el griego por el control de Sicilia, disputa a la que Malta no sería, como base de operaciones navales, ajena. Só¢lo a finales del siglo V a.C. se observa un despertar en la actividad de la isla, más palpable en el santuario de Tas-Silg, que inicia en esta época nuevas adaptaciones y reformas, que darán paso al período de apogeo del santuario y, por añadidura, de toda la isla, entre los ss. IV y I a.C.. Es ahora cuando el papel del templo como lugar neutral de encuentro e intercambio adquiere todo su protagonismo. Si para la primera fase de uso del templo fenicio, éste sirvió como escala y santuario protector de los navegantes, es ahora cuando adquiere el rango de santuario internacional, de cruce de caminos. La abundancia de cerámicas no púnicas, especialmente griegas de Sicilia y de la Magna Grecia, creemos debe ponerse en relación con el establecimiento en la isla de un punto de encuentro, de una válvula de escape entre dos áreas que en este momento se dan la espalda. Malta, situada al final de dos mundos, el púnico y el griego, adquiere un nuevo protagonismo como puerta de atrás, como bisagra necesaria para el mantenimiento de una actividad comercial que no entiende de periodos de conflicto. La isla presenta en estos momentos un influjo cultural helenizante, como puede observarse por las formas cerámicas propias, que presentan un tratamiento de engobe blanco y una decoración de lineas rojas, que encontramos en abundancia en las numerosas tumbas de esta época, en formas como el oinokoe tardí¡o, las jarras de doble asa, los kylikes de imitación o las ánforas púnico-maltesas. Es en este siglo IV a.C. cuando constatamos la presencia de nuevas formas cerámicas de origen local, que nos indican la vitalidad de la vida económica de la isla en este momento, así como las altas cotas de creatividad e independencia, fuera de los posibles influjos culturales de Cartago. La aparición de tipos propios, como el ánfora ovoidal púnico-maltesa, la urna de incineración tardía, quizá realizada a partir de modelos egipcios, los oinokoi tardíos, la profusión de los kylikes de imitación, así como de las jarras de dos asas, junto con la presencia de motivos decorativos propios, son el signo de la prosperidad que alcanzó la isla en estas fechas. Paralelo a este desarrollo de la actividad comercial a través del santuario de Tas Silg, observamos un período de gran desarrollo de la actividad rural, especialmente en los ss. IV y III, como se constata por el hallazgo de gran número de tumbas en toda la isla. Estas tumbas han de ponerse en relación inequívoca con el establecimiento de pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas, que permitan aprovechar los recursos de la isla, así como invertir los beneficios indudables que la actividad comercial dejaría a los habitantes de la isla. Sin embargo, este siglo III supone para la isla su entrada en un escenario de guerra, como fue la Primera Guerra Púnica. Un texto de Nevio habla de una razzia efectuada por tropas romanas sobre la isla, como ejemplo de la inseguridad e inestabilidad reinante en ella, de la que nos han llegado algunos testimonios, como la existencia de un muro defensivo en la granja de S. Pawl Milqi, el muro protector del santuario de Tas-Silg, la creación de torres con finalidad defensiva y de punto de comunicación y alerta, creando una red que presumiblemente enlazaría, no sólo la bahía de Marsaxlokk, sino todo el rea rural de Malta con la posición defensiva constituida por la fortaleza de Mdina-Rabat, que estaría amurallada de acuerdo con los testimonios escritos. La isla de Malta permaneció en la órbita de Cartago tras la primera guerra púnica, señalándose el mantenimiento de unos lazos cuanto menos políticos y estratégicos de Malta hacia Cartago, y no hacia la más cercana Sicilia, anexionada en esta primera guerra. Malta se incorpora al mundo romano en la segunda guerra púnica, tras la cual Roma inicia el control de todo el Mediterráneo. En este contexto Malta pasar a desempeñar un papel de segundo orden, como pequeña isla carente de valor estratégico, donde sólo recalan los barcos en caso de apuro. Sin embargo, la anexión política a la órbita romana no supuso la eliminación inmediata del sustrato púnico de sus habitantes. Así, se advierte una gran pervivencia de las prácticas funerarias siguiendo el ritual púnico, que se manifiesta en la continuidad de alguno de sus elementos más característicos, como la lucerna de dos picos, en plena convivencia con vasos romanos. También se mantiene la costumbre mayoritaria de realizar los enterramientos en cámaras excavadas en roca, práctica que con las evidentes variaciones permanece en época paleocristiana. Esta continuidad de los elementos religiosos también se observa en el santuario de Tas Silg, que permanece como lugar de culto y veneración en época romana. Se constata la pervivencia de inscripciones de carácter púnico, al menos hasta el cambio de era, mientras que dentro del recinto del templo encontramos formas cerámicas de tradición púnica casi hasta el siglo I, poniendo de manifiesto la vitalidad, en época romana avanzada, de este templo a Astarté, ahora bajo la advocación de Juno, muy santo y antiguo, según Cicerón, quien nos señala que sólo el pérfido Verres fue capaz de expoliarlo.
)o()o( El fenómeno de los hipogeos, muy extendido en la cuenca mediterránea durante el Neolítico, encuentra su más completa y sugestiva manifestación en la isla de Malta donde, en la época comprendida el 4.100 y el 2.500 a.C., aproximadamente, el hombre prehistórico excavó en roca viva el hipogeo de Hal Saflieni: una estructura muy compleja, artículada en tres niveles y dividida en cámaras, celdas y compartimentos a menudo intercomunicados, cuyas paredes están esculpidas o pintadas a imitación de los templos megalíticos de la superficie. El hipogeo de Hal Saflieni es una estructura laberíntica del periodo neolítico destinada a celebrar los cultos en honor a la Diosa Madre y a albergar numerosisimos difuntos (se han hallado restos de casi siete mil esqueletos). El complejo, de once metros de profundidad y unos 500 m2, se excavó con la ayuda de cuñas y bastones de excavación, lamas y rascadores de sílex, en el periodo de dos milenios. Ello permite suponer que el destino de los tres niveles pudiera ser distinto y, quizá, mutar con el tiempo. Los restos de sepultura, huesos y fragmentos de cerámica, aluden a la función sepulcral del primer piso, estrechamente relacionada con la cultual, como demuestran los hallazgos que aluden a la práctica de un culto consagrado a la Diosa Madre. En el segundo piso del hipogeo, el descubrimiento de estatuillas femeninas desnudas y de un probable símbolo fálico sugiere la práctica de un rito hierogámico que implica la unión sagrada entre el sacerdote y la sacerdotisa, simulacros de la divinidad masculina y femenina, rito destinado a determinar la continuidad de los ciclos agrarios relacionado con el culto de la Diosa Madre. Los restos de sepultura deben atribuirse a la segunda fase de la utilización del hipogeo, cuando éste ya había perdido la función de culto, pero conservó la de sepulcro. Una función análoga tenían las cámaras del tercer piso. El descubrimiento del círculo Brochtorff en la isla de Gozo, presenta analogías con el hipogeo de Hal Saflieni. Se trata de un complejo articulado en un solo nivel (de cuatro o cinco metros de profundidad), formado por una serie de grutas pequeñas naturales y cámaras destinadas a albergar los restos de numerosos difuntos, y caracterizado por elementos arquitectónicos similares a los de los templos; el conjunto aparece delimitado por un círculo megalítico datado entre el 3.300-3.000 y el 2.500 a.C.. La presencia de estatuillas femeninas obesas consolida la relación del culto de la fertilidad con el de los muertos, mientras que otro grupo de estatuillas bastante estilizadas, esta vez masculinas, hace pensar en un ritual funerario. A partir de los datos en nuestro poder, podemos lanzar la hipótesis de que el círculo Brochtorff respondía a las mismas exigencias funerarias y de culto que indujeron a los habitantes de Malta a excavar el hipogeo de Hal Saflieni. Además hay que tener presente que ambas estructuras fueron realizadas de forma contemporánea (en el periodo comprendido entre el 4.100 y el 2.500 a.C., aprox.) y que estaban ubicadas cerca de los templos (Brochtorff cerca de Gigantija, en la isla de Gozo, y Hal Saflieni, cerca de Tarxien, en la isla de Malta). En la actualidad, las investigaciones realizadas en el campo del megalitismo tan sólo han revelado la presencia de estructuras de templos en el archipiélago maltés. Los treinta templos, junto con los monumentos hipogeos, merecen un análisis separado. Se caracterizan por una singular e imponente estructura arquitectónica y delinean perfectamente el marco del floreciente fenómeno megalítico desarrollado durante el Neolítico, en el arco de tiempo comprendido entre el 4.100 a.C. y el 2.500 a.C., aproximadamente. Con toda probabilidad, la presencia en este archipiélago de materiales de fácil elaboración como la caliza de globigerina y caliza coralina, juntamente con la habilidad técnica de los habitantes, determinaron el extraordinario desarrollo del megalitismo maltés que, según nuestra opinión, presenta cierta afinidad con el europeo, que ya hemos presentado, a pesar de que el fenómeno insular suele ser considerado autóctono. Las semejanzas tan sólo se refieren a la capacidad, por parte del hombre prehistórico, de erigir grandiosas estructuras pétreas, pero también la de decorar estas últimas con motivos espirales o en forma de ojos. Las analogías comprenden la elaboración de representaciones de la Diosa Madre, cuya iconografia adopta, en los ejemplares hallados en Malta, un aspecto imponente (como por ejemplo, la estatua del complejo de Tarxien, de casi tres metros de altura), que la diferencia de los fetiches estilizados de las tumbas de cámara. )o(
Ver, Edad del Cobre.

