Maná

o Manná. Nombre de un alimento dado por Yahvé a los israelitas en el desierto durante su Éxodo. Tal vez este nombre derive de la expresión man-hu, en hebreo "¿qué es esto?". La descripción dada en el Antiguo Testamento sobre el maná ha dado lugar a varias explicaciones. Tal vez fuera una secreción azucarada de los pulgones en las hojas de los tamariscos. Plinio el Viejo, ofrece el testimonio de Onesícrito, según el cual, en los valles de Hircania crece un árbol, parecido a la higuera y que llaman "occho" los lugareños, que destila miel durante las horas de la mañana. Según la tradición israelita había maná conservado en una urna en el Arca de la Alianza, en el Templo de Jerusalén. Los rabinos pretenden que este milagroso alimento era como el aceite para los niños, como la miel para los ancianos, y lo mismo que las tortas para las personas robustas. Según ellos tenía todos los gustos imaginables excepto el de hortaliza, cebollas, ajos, melones y pepinos, que era lo que más apetecían los hebreos, y lo que más les recordaba, y les hacía suspirar por la tierra que acaban de abandonar, a pesar de la esclavitud que en ella habían sufrido. Han querido suponer también que reunía el manná todos los olores de las diversas plantas aromáticas que abundaban en el paraíso terrestre. Ha habido alguno que ha llegado a asegurar que se convertía en pollos, perdices, capones, etc.. Según los mismos rabinos cada grano del manná llevaba la letra Vau, muy bien representada, para indicar que era necesario recogerlo durante los seis días porque esta letra significa el número 6, símbolo entre ellos de las penalidades del trabajo. Era una de las seis cosas creadas al fin del sexto día, para la perfección del mundo. Añaden a la relación de Moisés que los montones del manná eran tan altos que los veían los reyes de Oriente y Occidente. Akiba pretende que el manná había sido producido por la condensación de la luz del cielo, que vuelta material, era propia para servir de alimento al hombre. Los orientales en general tributaban al manná una veneración particular y lo llaman los confites del Todopoderoso.
 
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