Procurador
Funcionario romano puesto por el emperador a la cabeza de un servicio que depende únicamente de él, a diferencia de los curadores, que son emanación de un magistrado público. Un procurador en la época republicana era el agente de un rico particular o de una corporación y, bajo el Imperio, un agente personal del emperador. Los procuradores eran esencialmente agentes financieros, normalmente de rango ecuestre, pero algunas veces eran libertos y con el incremento de su poder se convirtieron gradualmente en servidores públicos. Hacia el siglo II había una estructura de carrera bien establecida. Podían servir como procuradores (funcionarios de finanzas) de provincias, supervisando la recaudación de impuestos y el mantenimiento del ejército, o como gobernadores de provincias menores. Estas funciones se extendieron también a las provincias senatoriales. Controlaban la ceca, las minas, las escuelas de gladiadores y los distintos departamentos administrativos gestionados por el secretario general, el secretario de finanzas y el secretario judicial. Procuradores de rango ecuestre con años de servicio eran adecuados para desempeñar prefecturas, siendo las más importantes, en orden ascendente, la flota, la brigada de incendios (vigiles), el abastecimiento de grano (annona), Egipto y la guardia pretoriana. Durante el siglo III los procuradores se usaban con frecuencia como sustitutos de los gobernadores senatoriales (Ver, Vicario), mientras que en el siglo IV los procuradores mantenían su función financiera pero se llamaban rationales. Ver, Burocracia romana, Finanzas romanas.

