Biblia hebrea
La Biblia hebrea (denominada en hebreo Tanaj, por las primeras letras del nombre de cada una de sus tres secciones o bloques de libros) está compuesta por la Torá ("Instrucción", o, en griego, "Pentateuco", los "cinco libros de Moisés"), los Profetas (incluyendo libros históricos y propiamente proféticos), y los Escritos (entre los que se cuentan géneros literarios muy diversos: Salmos, Proverbios, Job, etc.). Son en total, según el cálculo judío, 24 libros. Algunos de ellos se redactaron antes del destierro de Babilonia (586 a.C.), aunque fueron completados o revisados con posterioridad a esa fecha; otros, fueron escritos durante el mismo destierro, o a la vuelta del mismo, en los ss. de dominio persa y helenístico. El último libro que se escribe es seguramente el de Daniel (con algunas secciones en arameo), hacia el siglo II a.C. En la tradición católica se añaden otros escritos llamados "deuterocanónicos", de los que se conserva solamente el texto griego, que no forman parte de la Biblia hebrea. En esos libros se refleja la experiencia fundamental del pueblo de Israel, que se siente en su historia elegido, liberado o castigado por su Dios, obligado a corresponderle con su fidelidad y su cumplimiento de los preceptos divinos. Por esa razón, estos libros tienen para los judíos y para los cristianos una carga teológica totalmente especial, de "palabra divina", que no vamos a desarrollar en este lugar, ya que aquí los enfocamos únicamente como obras literarias. El primer libro de la Torá, el Génesis, nos ofrece el relato de la creación del mundo y el pecado de los primeros hombres, y recoge a continuación narraciones sobre los antepasados del pueblo judío, los Patriarcas Abrahám, Isaac, Jacob y José. Los cuatro libros que siguen, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, tienen como protagonista a Moisés, e incluyen el relato de la salida de Egipto, la entrega de la Torá en el Sinaí, y la marcha por el desierto de los israelitas, junto a varios códigos legales. El Deuteronomio presenta una legislación particular, que insiste en la centralización del culto y el humanitarismo, que suele relacionarse con la reforma de Josías, rey de Judá (2 Reyes, 22). En conjunto, no se trata de una historia lineal, desarrollada por un único autor. Tiene un proceso de composición y redacción muy complejo, y se entrelazan en la elaboración final los materiales procedentes de distintos hilos narrativos, que tienen su origen en círculos humanos e ideológicos muy distintos; los más antiguos son al menos del tiempo de la monarquía, mientras que el último de ellos, que proviene de grupos de sacerdotes al servicio del Templo de Jerusalén, parece haberse concluido en la época del destierro. Incluyen géneros literarios muy diversos, tanto de carácter narrativo, como jurídico, y ciertas secciones poéticas. No pocos de esos poemas, mandatos, leyendas y narraciones tienen claros paralelos en las literaturas de los pueblos del entorno, Mesopotamia, Egipto, Ugarit y Canaán, etc. En hebreo se denomina "Profetas anteriores" al conjunto de libros "históricos": Josué, Jueces, 1 y 2, Samuel, 1 y 2, Reyes. Se distinguen de los "Profetas posteriores", que incluyen los libros que contienen las enseñanzas de los profetas de Israel. En este grupo de libros se relatan los acontecimientos históricos que siguen a la muerte de Moisés: la conquista de Canaán bajo el mando de Josué, el período de los jefes carismáticos ("Jueces"), la formación de la monarquía con Saúl, David y Salomón, y la separación de los dos reinos, del Norte y del Sur, hasta su conquista por parte de los asirios y babilonios. La idea central que engarza una serie de relatos de origen muy diverso, parece coincidir en lo fundamental con la del círculo del que procede el Deuteronomio; desde el momento del exilio (siglo VI a.C.) se reflexiona sobre los hechos que han conducido a esta situación. Los libros de los "Profetas posteriores" recogen los dichos, oráculos y visiones de los profetas literarios, esto es, de las tres grandes figuras de Isaías, Jeremías y Ezequiel, y de los doce profetas llamados "menores". Los más antiguos son del siglo VIII a.C. (Isaías, Amós, Oseas, Miqueas), y los más recientes, posteriores al exilio, del siglo V a.C. o aún más tardíos, (Malaquías, etc.). Su redacción literaria es también compleja: casi todos los libros son el resultado de la recopilación de materiales diversos, dichos proféticos, oráculos, informes, narraciones, disputas, canciones, etc. sólo parcialmente relacionadas con el profeta histórico a cuyo nombre se unen, de distintas épocas, y que han pasado además por una reelaboración final. El libro de Isaías tiene claras señales de la composición llevada a cabo en diversas épocas, y es ya tradicional la distinción de tres secciones bien delimitadas. En la primera, capítulos 1-39, se han recopilado varias colecciones de palabras procedentes de la actividad del profeta Isaías (siglo VIII a.C.), con anuncios de castigo para Judá y oráculos contra otros pueblos, junto a vaticinios de los tiempos mesiánicos y adiciones posteriores; la segunda, llamada "Deuteroisaías" (capítulos 40-55), refleja una época muy posterior, cuando el Templo ha sido ya destruido (siglo VI a.C.), e incluye los conocidos pasajes de los "cantos del siervo sufriente"; la tercera, el "Tritoisaías" contiene materiales aún más recientes, con una problemática propia de la época que sigue al exilio, bajo dominio persa. La fusión de las tres secciones y la redacción final son por tanto bastante tardías. El libro de Jeremías recoge la actuación de este profeta nacido en la segunda mitad del siglo VII a.C., con invectivas contra el Templo y el culto, y avisos de castigo al rey de Judá ante la llegada de los ejércitos de Babilonia para tomar Jerusalén. Hay materiales relativos a diversas actuaciones del profeta en tiempo de los reyes Joaquín y Sedecías, y aun de su estancia forzada en Egipto. Pero también en este caso el proceso de redacción del libro fue complicado, ya que hay partes dictadas por el profeta a su discípulo Baruk, y elementos mucho más tardíos añadidos a lo largo de los ss. siguientes; la forma definitiva del libro no sería anterior al siglo III a.C. El libro de Ezequiel refleja el ambiente del exilio en Babilonia, en el siglo VI a.C., desde donde el profeta pasa revista a la historia de Israel, anuncia la liberación a los deportados y el castigo a las naciones que se alegran de la ruina de Jerusalén. Aunque hay materiales en primera persona, así como acciones simbólicas y visiones que suelen ir unidos a la figura de Ezequiel, muchos oráculos parecen agrupados posteriormente en torno a temas determinados, por la que la redacción final se sitúa en tiempo más reciente. "Doce profetas" es un conjunto de libros que reúnen oráculos de carácter profético de los reinos del norte (Oseas) y del sur, anteriores y posteriores al destierro de Babilonia (como Ageo, Zacarías y Malaquías). La colección final de los mismos en este bloque puede ser del siglo III a.C.. El carácter de cada libro es muy distinto, de acuerdo con la personalidad de cada uno de los profetas y de sus redactores. La metáfora de las relaciones matrimoniales entre Israel y Dios en Oseas, la crítica social de Amós y Miqueas, los mensajes escatológicos de Joel, la parábola didáctica de Jonás en el vientre de la ballena, o las visiones de Zacarías, figuran entre los aspectos más conocidos de este grupo de libros. Los "Escritos" forman el grupo más variado de libros bíblicos, en el que tuvieron cabida todos las restantes composiciones que el pueblo judío reconoció como de carácter sagrado. Algunos libros son anteriores al destierro, y otros son muy posteriores. Forman parte de este grupo tres grandes libros: Salmos, Job y Proverbios. Salmos es una colección de 150 himnos y poemas líricos de súplica o didáctico-religiosos de un estilo bien conocido en Egipto y en el Próximo Oriente; la división en cinco "libros" es tardía. Pueden encontrarse huellas de colecciones diversas de distintas épocas: algunos salmos están atribuidos a David, otros a Coré y Asaf, y buena parte no tiene referencia alguna de autor. Hay salmos preexílicos y otros que por su lengua parecen claramente escritos después del destierro. La colección definitiva pudo cerrarse hacia el año 300 a.C.. Job es un libro profundo y problemático, con secciones en prosa y en verso, en forma de relatos, diálogos dramáticos y discursos; discute temas relativos a la actitud del hombre ante Dios y la justicia divina, el "justo sufriente", rebelde y sumiso al mismo tiempo ante su Señor. Su composición puede ser cercana al año 400 a.C.. Proverbios entra de lleno en el género de literatura "sapiencial", bien conocido también en Egipto y Mesopotamia, que busca el ideal de la "sabiduría" para todas las facetas de la vida práctica. Son dichos sapienciales, aforismos, poemas didácticos, dichos numéricos, etc., agrupados en colecciones independientes que sufren al cabo del tiempo una redacción final. Atribuido tradicionalmente a Salomón, se va formando en realidad en un proceso secular que se completa seguramente hacia el siglo IV a.C. Un pequeño grupo, llamado "los cinco rollos", Rut, Cantar de los cantares, Qohelet, Lamentaciones y Ester, tienen en común el tono "edificante" y aleccionador; no obstante, el escepticismo existencial reflejado en el libro de Qohelet y el tono erótico del canto nupcial que constituye el Cantar hicieron que se discutiera durante mucho tiempo si debían incluirse o no entre los libros sacros. Hay finalmente dentro del grupo libros históricos, como Crónicas y Esdras, Nehemías, que tras pasar revista de manera sintética a toda la historia de Israel relatan la vuelta del exilio y la reconstrucción del Templo. El libro de Daniel, seguramente el último de todos los que forman parte de la Biblia hebrea, es de carácter apocalíptico y puede haberse escrito en el siglo II a.C.. Ver, Tanaj, Biblia.

