Fuentes Tamáricas

En el suroeste del antiguo país de los cántabros, reinaban los cántabros tamáricos, de la región de Tamárica o Camárica. Esta zona se localizó entre el noroeste palentino y el noreste leonés. Son muy pocas las cosas conocidas de este lugar y época, pues los historiadores romanos se negaron a transcribir las ricas leyendas, tradiciones y topónimos cántabros, escudados muchas veces en lo cacofónico que les resultaba el idioma hablado por aquellas gentes. La capital de la Tamárica es un lugar nunca encontrado, pero que se suele asociar al valle del Carrión, entre la Villa de Guardo y Velilla del río Carrión, en la porción occidental de la montaña palentina. Era precisamente al norte de la Tamárica, donde Plinio el Viejo nos relató un fenómeno natural muy curioso: "Las Fuentes Tamáricas en Cantabria sirven de augurio. Son tres, a la distancia de ocho pies. Se juntan en un solo lecho, llevando cada una gran caudal. Suelen estar en seco durante doce días y, a veces, hasta veinte, sin dejar ninguna señal de agua, mientras que otra fuente contigua sigue manando sin interrupción y en abundancia. Es de mal agüero intentar verlas cuando no corren, como le sucedió poco ha al legado Larcio Licinio, quien, después de su pretura, fue a verlas cuando no corrían, y murió a los siete días". Durante muchos siglos, después del Imperio, se buscó la localización de estas fuentes, sin lograr nunca un resultado positivo. Hubo que esperar al siglo XVIII, para que se situaran a doce leguas al oriente de León, al lado de la ermita de San Juan de las Fuentes Divinas, Velilla del Río Carrión. En esa época no quedaba más resto que un arco semienterrado en la tierra, presumiblemente de origen romano, y una serie de surgencias de agua a modo de fuentes. Las Fuentes Tamáricas se intentaron localizar en multitud de lugares, desde La Rioja a Vitoria, pasando por Asturias y León. Pero no hay ninguna otra fuente en el norte de España que coincida con el extraño comportamiento descrito por Plinio el Viejo. El sorprendente comportamiento de estas fuentes continúa inalterado hoy día. Lo maravilloso de la Tamárica es que suele manar y secarse seis o siete veces en una hora, y casi innumerables veces al día, sucediendo también el correr sin cesar quince días o un mes, y luego quedar seca por otro tanto espacio, y aún más, sin dejar, cuando se seca, el menor indicio de agua, como refiere Plinio. Un fenómeno curioso es el sordo sonido que acompaña a veces la brusca aparición y desaparición de las aguas. En Velilla del río Carrión nadie conoce estas fuentes como Tamáricas, aunque hay una gran placa en sus cercanías que recuerda esa identificación, sino que su nombre popular es el de La Reana. Las aguas de La Reana son de buena calidad, frescas en verano y templadas en invierno, por lo que su temperatura es constante y sugiere una procedencia a regular profundidad.
 
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