Gamusino
La tradición oral castellana ha adjudicado a estas criaturas, las formas y figuras de las más dispares y originales: avecillas que brillan en la oscuridad, pequeños mamíferos, ranas, tortugas, etc. Se dice que su hábitat son las copas de los árboles, bajo los hongos, orillas de los arroyos y en los matorrales más densos. En muchos pueblos castellanos se les tiene como "animales que paraban en el campo y hacían sonidos extraños". Se utiliza en varias regiones de España y Portugal para gastar diversas bromas, tanto a niños como a cazadores o pescadores novatos. La más habitual consiste en convencer al novato de que el gamusino es un animal esquivo que sólo puede cazarse de noche. La RAE no recoge el término hasta su edición de 1956, proporcionando como definición "animal imaginario, cuyo nombre se usa para dar bromas a los cazadores novatos". En diversas regiones de España se usan distintos nombres para animales o personajes imaginarios de naturaleza similar al gamusino. Así, se llama gambosí o gambutzí en Cataluña o gambusino en Salamanca, gangüezno en algunas zonas de Extremadura biosbardos o cocerellos en Galicia, cordoveyos en Asturias, gambozino en Portugal, así como, gambusino o gamburrino en otros lugares de la península. En el altoaragonés de la comarca de Ayerbe se utiliza por su parte el vocablo bambosino. En Francia existe un animal fantástico equivalente, el dahu y la chasse au dahu, es una broma tradicional. Parece ser que en la isla de Man existe un ser semejante llamado algo así como "phymodee". En León el gamusino se utiliza, entre estudiantes, como broma a los novatos, a quienes se les hace creer que es una pieza de caza. Para ello, los experimentados hacen ver que corren y los cogen a la vez que el novato debe cargar con el saco en el que los encierran. Mientras el novato carga con el saco sin ver nada, los bromistas van llenando el saco con piedras. También sirve como juego para los más pequeños durante la noche. Se les invita a ir a cazar gamusinos, no paran de preguntar cómo son. Los responsables del juego hacen volar la imaginación a los más pequeños hasta el punto de hacérselos ver entre los árboles, mediante sombras con una linterna. Lo más probable es que una piedra o tronco sirva para ello. Los niños están convencidos de que lo que han visto es esta especie imaginaria.

