Éxodo

En la Biblia, segundo libro del Pentateuco, en que se refiere la salida de los israelitas de Egipto. El término que proviene del vocablo griego Exodos que significa salida, con el cual se designa a la marcha y esclavitud sufrida por el pueblo judío, lejos de la tierra prometida. Esto se narra en el segundo libro del Antiguo Testamento, que recibe este nombre. El Éxodo es el segundo rollo del Pentateuco, es el libro de la liberación del pueblo y de la alianza con su código, de los primeros pasos por el desierto y de la fabricación del instrumental cúltico. Es un libro heterogéneo por tema y origen. La división del contenido se da por bloques bastante diferenciados: salida de los israelitas de Egipto conducidos por Moisés, las diversas etapas en el desierto, encuentro del pueblo con Dios y la alianza, proyección ideal del culto israelítico. Contadas de otro modo estas tres partes: )o( 1. Describe la esclavitud de los hijos de Israel en Egipto, la historia de Moisés y la salida de Egipto. )o( 2. La entrega de las "Tablas de la Ley" en el Sinaí y la confirmación de la ley mosaica. )o( 3. Lo prescrito en el Tabernácolo, la consagración de la familia de Aarón al sacerdocio y la construcción del becerro de oro. Según la hipótesis hoy comúnmente aceptada, apoyada en datos convergentes de la historia y la arqueología, la opresión y la salida de Egipto caen en los reinados de Ramsés II y Mineptah (¿1.289-1.204 a.C.), siendo el relato bíblico el único testimonio escrito que nos ha llegado, por ahora, de este hecho. La egiptóloga Christiane Desroches Noblecourt, dice lo siguiente: )o()o( ¿El Éxodo se produjo con Ramsés II? (ca.1.272-1.271 a.C.) )o( Los combates que en aquellos años tenían lugar, cuyo punto de partida era el norte del Sinaí, en Nejeb, Moab, Edom, Canaán, etc., hicieron nacer cierta efervescencia en la región. Los beduinos shashus, y sobre todo los seminómadas apirus, "los polvorientos" (hapirus en los textos cuneiformes, que se acercan a heperer, hebreos), se transmitían de generación en generación relatos, muy pronto amalgamados, transformados en leyendas. ¿Hay que situar en esta época -el reinado de Ramsés- el origen del éxodo, y sobre todo tal como señala la Biblia, como un acontecimiento verdaderamente histórico, por lo tanto vivido? Nada preciso hay en los textos egipcios, pero muchos que han sobrevivido desde la época de Ramsés, nos autorizan a creerlo. Pero el nombre bíblico de la ciudad Ramsés puede relacionarse con la de Pi-Rameses, para la construcción de la cual se sabe que fueron reclutados los apirus, con los soldados del rey, para tirar las piedras al pilono del palacio de Ramsés II, y a muchos otros monumentos. )o()o( ¿Moisés era egipcio? )o( El nombre de Moisés, originado en Mosé (mes = hijo, mesy = poner al mundo, etc.), constituye igualmente la desviación del nombre muy egipcio cuya primera parte está formada por un nombre divino: Tot-mes, Ra-msés, etc. Muchos egipcios, en la XIX Dinastía, llevaban el nombre de Mes (o Mose). Es verdad que en esa época, al igual que en la XVIII dinastía, los prisioneros asiáticos podían ser empleados en los grandes trabajos de excavación y construcción de tumbas reales y santuarios. Por otra parte, los prisioneros de guerra no eran los únicos de los que se esperaba una eficaz mano de obra: muchos asiáticos y beduinos perfectamente libres llegaban para que los contrataran como obreros-peones, como los apirus para hacer los ladrillos y romper las piedras para las construcciones de Pi-Rameses, o como temporeros para las vendimias. )o()o( Los obreros extranjeros del faraón )o( Algunos de ellos y ciertos prisioneros liberados se quedaban definitivamente en Egipto y, sobre todo, sus hijos eran educados a la egipcia. Los hijos de los jefes extranjeros que seguían las enseñanzas del kep de palacio, o del harén real, volvían a su país formados en la cultura egipcia. Muchos hacían carrera en el país: a veces se los encuentra en el entorno inmediato del faraón Por lo tanto, no es imposible que Moisés haya sido uno de ellos, de quien los Hechos de los Apóstoles dice que habría sido instruido en todas las ciencias de los egipcios, y llegó a ser varón poderoso, tanto en palabras como en obras, después de haber sido educado en la corte hasta la edad de hombre (Éxodo 2, 10-11). No hay que olvidar que el egipcio es conocido por haber sido, en todas las épocas, nacionalista, sin caer nunca en la xenofobia. Han subsistido ejemplos en la documentación escrita de la XIX dinastía, donde nos enteramos, por ejemplo, que una dama egipcia, después de liberar a tres de sus "esclavos" los había adoptado. Así que no es en absoluto imposible que Moisés hubiera sido presentado como hijo adoptivo de la hija del faraón. )o()o( ¿Obreros indispensables? )o( Hay que preguntarse, entonces, en qué criterios serios es posible apoyarse para legitimar tal éxodo de trabajadores extranjeros (¡de un país de cucaña que añoran mil veces!), éxodo al que se habría opuesto el faraón, llegando hasta perseguirlos, mientras sus preocupaciones inmediatas y mayores eran de un orden más elevado que las que tenían que ver con una mano de obra en definitiva reemplazable. De hecho, no existe ningún acontecimiento relatado por los documentos egipcios que haga alusión a una partida -o a una expulsión- de extranjeros del país en esa época; a lo sumo podría suponerse una amalgama, en la leyenda, con la expulsión de los hicsos, tropas de asiáticos que ocupaban el país, organizada, y muy armada en el momento en que los príncipes de Tebas los habían expulsado, al comienzo del Imperio Nuevo. En último lugar, tal vez puede adelantarse la hipótesis, si se sitúa el comienzo del Éxodo durante el período preliminar a la expedición de Ramsés y de Amenhirjopshef para el cruce del Nejeb hacia Edom: la razón pertinente que habría podido empujar al faraón a negarse a dejar partir a los apirus era que eventualmente podían ser susceptibles de hacer una alianza con los shasus, lo que podría obstaculizar el movimiento de las tropas egipcias. )o()o( ¿Las plagas de Egipto? )o( Entre las "plagas" infligidas a Egipto, al parecer para que el faraón dejara irse a los hebreos, la Biblia cita las cenizas que habrían caído sobre el país. Tal vez recuerdan un ejemplo tomado del lejano cataclismo de la que fue víctima en gran parte la isla de Santorini, y que causó en el entorno perjuicios anexos considerables, entre éstos la proyección de materias volcánicas que habrían podido alcanzar el norte de Sinaí. También hay que contar con fenómenos que se explican por las crecidas del Nilo, durante el período que rodea los días epagómenos y los daños de la diosa lejana (Ch.D.N. - Lointaine): epidemias, pestes de animales, proliferación de ranas, aguas del río que toman el color de la sangre, etc. También aparecen, en el texto bíblico, detalles que no pertenecen ni a las costumbres ni al entorno egipcio. Como la muerte de los hijos varones, aplicada a los mayores, que podría ser asiática, y hasta fenicia, pero de ninguna manera del país del faraón. En cuanto a la lluvia de langostas, muy nocivas en todo el norte de África, en Egipto generalmente se las considera benéficas porque luchan contra el mal. Se lo encuentra en la decoración profiláctica de las tumbas desde el Imperio Antiguo; presta su forma a los recipientes para ungüentos, y hasta se lo llega a comparar con los bravos soldados de las cuatro divisiones armadas del faraón. Es verdad que Ramsés fue padre de un número impresionante de hijos; y perdió varios hijos antes de los treinta años. Hacer referencia a lo que se ha convertido en una leyenda es fácil. Pero no hay que perder de vista que su hijo mayor Amenhirjopshef estaba lejos de haber muerto al comienzo del reinado, ya que parece haber participado en los intercambios diplomáticos, poco antes del año 21, que preparaban el tratado de paz entre hititas y egipcios. )o()o( El parecer de los egiptólogos )o( Hay una impresión que se desprende por sí sola: surge después de este breve análisis que el relato en cuestión es el resultado de una reunión de hechos independientes unos de otros, que se remontan a diferentes épocas, recogidos muy tardíamente y que es probable que se refieran a un acontecimiento muy menor, en todo caso a los ojos. de los egipcios, que se habría puesto de relieve para armar un relato "heroico" coherente. El historiador K. A. Kitchen, que está bien situado para afirmar que "El Éxodo bíblico no encuentra eco alguno en las orgullosas inscripciones de Ramsés", tendría tendencia a situar un eventual recuerdo de lo que se ha llamado el Éxodo durante el reinado de Ramsés II, como un "incidente sin futuro", aunque desagradable: los hebreos, más tarde, lo habrían transformado en un acontecimiento memorable. Por su lado, M. Bietak, que desde hace años interroga el yacimiento hicso de Ávaris, considera que los protoisraelitas habrían formado parte de los shasus citados en los textos egipcios, pero piensa que el Éxodo, sea lo que fuere, debió de producirse antes del quinto año del reinado de Mineptah. En cuanto a D. Redford, hasta llegó a pensar que los "historiógrafos bíblicos" no conocían muy bien la historia en general, y en especial la manera en que los egipcios gobernaban Palestina. Considera que la leyenda del Éxodo no refleja la situación del Egipto de las XVIII y XIX Dinastías, sino más bien el período de la XXVI dinastía. Según él, el redactor conocía la topografía del Delta durante esa dinastía y el comienzo del período persa. Su conclusión, en todo caso, es que sólo hay que aceptar las grandes líneas del relato, cuya redacción es tardía. Vemos que los elementos sobre los que reflexionar son extremadamente débiles y bastante poco concluyentes: el punto de vista de uno de los últimos autores que trató el problema, J. Mélèze-Modrzejewski, se une a las pertinentes investigaciones de H. Cazelles: la misma conclusión a la que habíamos llegado en 1.976, al organizar la exposición Ramsés II, en el Grand Palais, en París. )o()o( El Éxodo: intento de reconstrucción )o( En definitiva podría llegarse a la conclusión, teniendo en cuenta algunos estudios realizados con la mayor prudencia y objetividad, que si hubo escaramuza y tal vez conflicto, entre las autoridades del faraón y un grupo de trabajadores de origen semítico que abandonaron su trabajo y huyeron de Egipto, el acontecimiento tomó una dimensión mayor para los apirus (sin duda, los futuros hebreos), que los sitúa en el origen de la historia. Veamos cómo, en las lineas siguientes, se puede intentar reconstruir la aventura: sea como fuere, estaría ligada indiscutiblemente al Egipto ramésida, basándonos en lo que acaba de analizarse brevemente. El faraón, desde el comienzo de la XIX dinastía, tuvo gran cuidado en las relaciones que debía mantener con sus vecinos. Jóvenes semitas, de alto rango, educados a la egipcia, a menudo fueron adoptados y confiados a la educación dispensada por las princesas del gran harén. Muy pronto asimilados, serán utilizados en las relaciones con los diplomáticos extranjeros. Moisés era, con seguridad, uno de ellos. Se convirtió luego en "un gran personaje en el país de Egipto, gozando del favor de los cortesanos del faraón y de su pueblo". ¿Cómo situar los acontecimientos que le conciernen? Moisés es testigo de severos castigos que un capataz inflige a uno de sus compatriotas (no estaba, pues, completamente "integrado" como se dice ahora); esto pasó en el momento en que Setos I inició los trabajos de Pi-Rameses. Moisés se interpuso entonces entre el obrero y el capataz al que hirió mortalmente. No se entregó prisionero y huyó por miedo a ser juzgado y sufrir eventualmente la suerte de los que atentan contra el rebaño de Dios. Podemos imaginar su odisea en el país de Madian (por lo tanto conoce bien las rutas del desierto), sabemos de su unión con la hija del Sumo Sacerdote de la región, el acontecimiento de la zarza ardiente, y la orden sobrenatural que recibió de llevar a los hebreos fuera de Egipto (Éxodo 3, 13-15). La muerte de Setos I se produjo justo para que Moisés intentara volver a Egipto, únicamente, al parecer, para cumplir las órdenes divinas que recibió, sin tener en cuenta las repercusiones eventuales en el país: el "nuevo rey que no había conocido José" (así designaba el texto bíblico al faraón deñ Éxodo), lo recibirá de nuevo. Creemos adivinar que el nuevo faraón, Ramsés II, había ignorado, o perdonado, la muerte del capataz de la que era responsable Moisés. Este último recuperó pues un lugar preeminente al lado del señor de Egipto, y bien pronto se permitió pedirle permiso para llevar a su pueblo a tres días de marcha por el desierto, para hacer un sacrificio. No es, por cierto, un guerrero (le deja ese papel a Josué) pero, seguro de su autoridad, del lugar que ocupa en palacio, y de la inspiración de su dios, parece que no tomó en cuenta lo que el faraón hubiera tenido derecho a reprocharle. Asesinato de un egipcio, privación súbita de una mano de obra a la que Egipto había abierto sus puertas, y desdén completo por las circunstancias que atravesaba el país después de la pérdida de Amurru, las hostilidades en sus fronteras y los complots urdidos por los hititas. En verdad, había con qué irritar al faraón, y esto fue lo que pasó. Pero Moisés, aprovechando circunstancias según él favorables, se opuso violentamente al faraón y, amenazador, al parecer cubrió Egipto de plagas frente a las cuales el soberano se vio obligado, en definitiva, a doblegarse. Resultaría que Moisés también habría desconocido la autoridad y la determinación de Ramsés, ocupado en preparar con Amenhirjopshef el inmenso movimiento envolvente que englobaba el norte de Nejeb, Canaán, Moab y Edom. Se produjo entonces la salida de Egipto, después de la supuesta muerte del hijo mayor del faraón, que constituye la segunda plaga de Egipto. Los hebreos fueron entonces expulsados. Es el relato yahvista que los hace partir directamente de Pi-Rameses (= Ramsés) después de que Moisés les recomendara, entre otras cosas, llevarse los tesoros que pudieran reunir. La tropa se dirigió, entonces, por el camino de los filisteos, en dirección a Cades (al sur de Nejeb y no de Qadesh), pero recibió orden de "volver hacia atrás". Los hebreos subieron en dirección a Baal-Safon (Ras-Kasrum). El lugar se consideraba peligroso. Vientos violentos acumulaban allí las arenas, el lago parecía desaparecer, podían ahogarse en las arenas movedizas, verdadero "mar de cañas" donde los carros del faraón hubieran podido hundirse. Entonces los "expulsados" se hundieron en el desierto de Shur. Existe una segunda tradición, la elohísta, adepta al Éxodo-huida. Parece más lógica, porque rechaza la utilización de la ruta de las fortalezas de la costa mediterránea, mucho más vulnerable para los apirus porque estaba jalonada de ciudadelas egipcias. En ese caso, los que huían se habrían dirigido hacia el sur, en dirección al oasis de Ayun Mussa (Fuente de Moisés) y luego al oasis de Paran, lugar de cultura semita que había provisto a los egipcios de obreros para las minas de Serabit el-Jadim, donde se extraía turquesa. El monte Horeb estaría aún más al sur. Cuando se recorren esos parajes de una belleza impresionante, rodeados de montañas casi irreales donde parece soplar el Espíritu, el lugar todavía da la sensación de estar predestinado a entregar un mensaje. Pero no se conoce con certeza el lugar del peregrinaje judío antiguo en el Sinaí. Los yahvistas sitúan el monte Horeb, el de la revelación a Moisés, no lejos de Cades, en el Dyebel Halal. Los elohístas lo colocan en el sur, dominando con su mole inspirada el lugar donde más tarde se levantó el monasterio-fortaleza fundado por Justiniano, que en el siglo XI fue consagrado a santa Catalina, mártir en el año 296 de nuestra era. Grupo expulsado o grupo en fuga, como lo definió el reverendo padre De Vaux, las dos tradiciones se habrían agrupado hacia Cades, antes de entrar en Canaán. Sin embargo, los huidos todavía deberán vivir penosas aventuras, entre ellas la hostilidad del rey de Edom (Seir), que les negó el paso, después de que hubieran vencido a los amalecitas, al sur de Nejeb. Por lo tanto, se vieron obligados, subiendo hacia el norte, a bordear Edom y Moab, y a vencer a los amonitas... Desde el monte Nebo adonde por fin llegaron los hebreos, después de cuarenta años de camino, de "milagros" y pruebas, Moisés, antes de morir, pudo percibir Urusalim y su "Tierra Prometida". En el estado actual de nuestros conocimientos, donde no se pueden comparar la cronología, prácticamente fiable, establecida para el reinado de Ramsés, y la del relato bíblico hasta hoy inexistente, parece azaroso establecer una fecha precisa para el Éxodo. Algunos indicios permitirían colocar el acontecimiento al comienzo del reinado de Ramsés. La lógica diría que fue el período durante el cual, en el año 7 de su reinado, Ramsés y Amenhirjopshef habrían efectuado su doble expedici¢n "punitiva" hacia Edom y Moab. Pero los indicios siguen siendo débiles; aunque hay un detalle importante: esta expedición guerrera coincide con los disturbios de los hebreos con Edom, y algunos puntos de su trayecto en esas regiones a las que hace alusión la Biblia. En todo caso, parece bien difícil colocar la época del Éxodo en los años siguientes, ya que la región en cuestión estaba de nuevo controlada por las fuerzas del faraón, y éste había llevado sus esfuerzos guerreros lejos de sus propias fronteras, para la reconquista de Amurru.
 
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