Ezequiel
Libro de. El libro profético de Ezequiel, como sucede con otros profetas, no es enteramente obra de Ezequiel. Su actividad literaria era oral, compuesta para la recitación de memoria, difundida por el profeta y por sus discípulos. Si Ezequiel escribió algo y comenzó a reunir sus oráculos, lo que hoy conocemos como libro de Ezequiel es obra de su escuela. Su estructura es clara y responde a las etapas de su actividad: hasta la caída de Jerusalén, oráculos contra las naciones, y después de la caída de Jerusalén. En la lectura nos encontramos con un dinamismo admirable de una palabra que interpreta la historia, el dinamismo de una acción divina que, a través de la cruz merecida de su pueblo, va a sacar un puro don de resurrección. Ezequiel está familiarizado con la mentalidad y estilo de los sacerdotes. También conoce la tradición profética. Su sentimiento tiende a lo patético, que fácilmente se transforma en retórica. El intelectualismo es la mayor debilidad de su estilo; con frecuencia la razón apaga la intuición, las explicaciones ahogan su valor sugestivo, y el alegorismo deseca una imagen válida. No sabemos cuando nació Ezequiel; parece que en su infancia y juventud conoció algo de la reforma de Josías, su muerte trágica. Conoció la caída de Nínive y el ascenso del nuevo Imperio Babilónico. Siendo de familia sacerdotal, recibiría la formación en el Templo, donde debió de oficiar hasta el destierro. Su actividad tiene una etapa hasta la caída de Jerusalén, que sella la validez de su profecía: se ha sepultado su esperanza. Después de un tiempo de silencio, comienza la segunda etapa pronunciando sus oráculos contra las naciones, fundamentando la esperanza sólo en la fidelidad de Dios.

