Dinastía V egipcia
Su advenimiento significa el retorno a la ortodoxia solar por parte de la monarquía y por ende el triunfo del clero heliopolitano. Los reyes de esta Dinastía egipcia (2.494-2.345), son:
)o()o( Userkaf (Usérqueres) (7)
)o()o( Sahure (14)
)o()o( Neferirkare-Kakai (Neférqueres) (10)
)o()o( Shepseskare-Isi (7)
)o()o( Neferefre (7)
)o()o( Niuserre-Ini (31)
)o()o( Menkauhor-Akauhor (Ménqueres) (8)
)o()o( Dyedkare-Izezi (39)
)o()o( Onos (Unas) (30) )o(
Serán los primeros en titularse sistemáticamente "Hijos de Re", nombre este que quedará definitivamente incorporado al protocolo faraónico. La supeditación del faraón al dios queda, pues, claramente plasmada, así como la de la monarquía al clero. Todo ello acarreó consecuencias políticas, como es lógico suponer, y los débiles reyes de la Dinastía V, no tuvieron más remedio que "agradecer" los servicios prestados por el poderoso clero heliopolitano, a costa de las arcas del Estado. Una de las primeras consecuencias perceptibles del cambio dinástico, es la separación del culto de Re con respecto al culto funerario. Así, a partir de Userkaf, cada rey deberá construir un templo solar además de su propio templo funerario y de su pirámide, por lo demás, de proporciones sensiblemente menores a las de sus predecesores. Los monarcas de la Dinastía V debían el trono al clero heliopolitano, y ya no pudieron zafarse de obligaciones contraídas para con quienes les habían aupado y convertido en sus valedores. La monarquía iba a pagar cara el apoyo que esta Dinastía había recibido del clero. A lo largo de la misma, los reyes vieron deteriorarse progresivamente su poder, sin que pudieran o quisieran enfrentarse al clero, primero, y a la nobleza cortesana resultante, después. Esta, por su parte, continuó esquilmando los recursos del Estado. Los últimos años de la Dinastía debieron ver el afianzamiento del antiguo poder provincial (nomos), ante la ruina y el desprestigio de la nobleza cortesana, reponsables por su voracidad inmoderada de su propia desgracia. Todo ello es claramente perceptible en la necrópolis menfita, donde vemos yuxtaponerse a unas pirámides reales cada vez más exiguas, unas mastabas de cortesanos y sacerdotes cada vez mayores y más lujosas. Estos poderosos personajes estaban arruinando a la monarquía. El progresivo desprestigio del Estado a lo largo de la Dinastía V, acarreó también el del clero de Heliópolis, y frente al culto centralizador de Re, soporte teológico de la monarquía centralizada, a finales de la Dinastía V, vemos reaparecer con renovado ímpetu el culto a los viejos dioses provinciales, cultos de raigambre prehistórica que los cleros de Heliópolis y Menfis habían tendido a silenciar. La política exterior de esta Dinastía se caracteriza por seguir las directrices de épocas anteriores. Explotación contínua y sistemática de las canteras del Sinaí y de Nubia, así como la regularidad de las relaciones comerciales con el puerto sirio de Biblos. Posibilidad de relaciones con las islas del Egeo y la seguridad de intercambios con Anatolia. Ver, Reyes de Egipto.

