Hicsos

A pesar de su aislamiento tradicional también Egipto conoció la llegada de pueblos extranjeros. Primero, asiáticos y nubios; más tarde, libios, y, finalmente, de "hanebu" o pueblos procedentes del Egeo. Algunos de estos pueblos asimilaron de tal modo la cultura egipcia que acabarían controlando el poder faraónico. Probablemente la vía de acceso al país del Nilo fue a través de los ejércitos de mercenarios reclutados por los nomarcas heracleopolitanos en su lucha contra el centralismo propugnado por los monarcas tebanos. Pero la lenta penetración de asiáticos no cambió la situación política del país hasta ca.1.720 a.C., en que una inmigración quizá masiva de asiáticos logró imponerse en el Delta. Estos extranjeros establecieron su capital en Avaris y fundaron una nueva dinastía. Se iniciaba así una época de supuesta "crisis" en la historia egipcia que se conoce con el nombre de "Segundo Período Intermedio". Según la tradición, un grupo de extranjeros habrían conseguido someter a vasallaje a los faraones y nomarcas egipcios durante más de dos ss.. Pero la identificación etnolingüística de este grupo así como las circunstancias que le permitieron pasar de "dominado" a "dominador" son todavía hoy controvertidas. Sin embargo, el acuerdo es unánime a la hora de denominar a estos extranjeros como "hicsos", vocablo griego trasmitido por Flavio Josefo (fines del siglo I), que erronéamente lo hacía derivar de la unión de dos términos egipcios transcritos a su lengua: "hyk", por "rey" y "sos" por "pastor". Los hicsos serían, pues, "reyes-pastores". Pero esta etimología no concuerda con la significación propuesta por Manetón que se refería a ellos como "jefes de países extranjeros", sin duda mucho más ajustada a la realidad histórica. Aun así subsiste el problema de precisar el "país" o "países" de los que estos extranjeros procedían. En este sentido resulta útil recurrir a la variada terminología usada por los egipcios para denominar específicamente a cada grupo de población: "mentiu" o "beduinos", "khastiu" o "habitantes de las montañas" y "shemanu" o "shasu" o "nómadas". Junto a éstas, otras dos expresiones son aparentemente referidas a los hicsos. La primera ("amu") es genérica y denomina en sentido amplio a todos los "extranjeros"; pero por la época y el contexto en que se usa parece referirse exclusivamente a "asiáticos", en realidad "sethiu" para los egipcios. No obstante, los antropónimos vinculados a la existencia de "amu" en Egipto responden a formas semítico-occidentales y, más concretamente, a grupos sirio-palestinos asentados en el Delta. La segunda expresión, en cambio, es más precisa ("heqa khasut") y significa "rey de país extranjero", utilizada en textos más tardíos y también referida a hicsos. Denominaría a los reyezuelos de los países del Levante mediterráneo (Fenicia, Siria, Palestina), esto es los asiáticos más próximos a Egipto. En este sentido se pretende una cultura material uniforme, la del Bronce Medio, que sin embargo no es aceptada por todos los arqueólogos. La razón de este rechazo radica en el hecho de que, aun siendo escasa la arqueología "hicsa", ningún yacimiento de este período ha proporcionado datos arqueológicos relevantes que permitan establecer la identidad entre los restos hicsos del interior y la cultura supuestamente hicsa del exterior. Por tanto, la facies cultural de la época de dominación hicsa en Egipto debe establecerse desde fuera. Otras tesis pretenden establecer una identidad étnica entre hicsos y hurritas; pero la onomástica hicsa, reducida casi exclusivamente a antropónimos, no presenta ni un solo término que con absoluta certeza pueda ser considerado hurrita, sino que, por el contrario, unos son semítico-occidentales y otros derivados de la nomenclatura egipcia (vgr. Apopis). Si no hay identidad lingüística o étnica ni una prueba arqueológica decisiva, parece oportuno disociar el movimiento de expansión hurrita en Asia del fenómeno de dominación hicsa en Egipto aun cuando ambos sean contemporáneos. El argumento básico de esta posible vinculación se basaba en el hecho de considerar a los hicsos como responsables de la introducción en Egipto de "guerreros a caballo" y "carros de guerra", que los hurritas llevaron a Asia ligados al grupo de los "maryanu" o caballeros. Pero estos nuevos elementos bélicos eran conocidos, aunque no usados, por los egipcios ni, significativamente, por los propios hicsos hasta el siglo XVII, y con seguridad no de forma decisiva por los egipcios hasta la Dinastía XVIII, en la batalla de Meggido dirigida por Tutmés III. Otro aspecto discutido de la presencia hicsa en Egipto se refiere a la tesis tradicional de la "invasión". Mientras que algunos sostienen que los hicsos fueron empujados hacia Egipto por la expansión hurrita, otros no encuentran en las fuentes ningún elemento específico de penetración violenta. Parece claro hoy que la llegada hicsa a Egipto no fue un hecho esporádico, sino consecuencia de un lento proceso de infiltración. Si los "heqa khasut" se identifican con los "jefes" de los contingentes semíticos ya asentados en el Delta, al menos desde el comienzo de la Dinastía XIII (ca.1.786), se podría explicar con facilidad una imposición aparentemente rápida, que los egipcios de la época y los cronistas antiguos no podían entender sino como producto de una "invasión", paralela a la que poco antes había llevado a los hititas a Anatolia, a los cassitas a Babilonia y a los hurritas al reino de Mitanni. Estos movimientos migratorios en el interior del espacio asiático producirían el desplazamiento de algunos grupos dominados, junto con sus dirigentes, de procedencia semítica hacia Egipto, por lo que la penetración hicsa no podría desligarse de los cambios geopolíticos operados en el área asiática en los dos primeros ss. del II milenio. Tampoco es clara la negativa incidencia que se atribuye a la dominación hicsa en la mentalidad egipcia de la época. En este sentido se ha dicho, no sin cierta exageración, que la dominación extranjera supuso una "gran humillación" que se resarciría con una reacción nacionalista de los príncipes tebanos unos dos ss. después. Pero en la historiografía reciente persisten dudas razonables acerca de la duración e intensidad del régimen político implantado por estos "reyes extranjeros". En primer lugar, no parece que el efectivo dominio hicso haya sobrepasado la segunda fase del "Segundo Periodo Intermedio", esto es, las dinastías XV y XVI (1.644-1.537), las únicas plenamente hicsas, lo que reduciría el tiempo de dominación a poco más de un siglo, el tiempo que transcurre entre la toma hicsa de Menfis en 1674 y el asedio tebano de Avaris, la capital de los hicsos, por Kamose en 1.567, último faraón de la dinastía XVII (1.633-1.552). De ello se deduce además que esta dinastía no sucede, sino que coexistió con las dos anteriores; finalmente, un nuevo documento conocido como "el ara de 1.320" de época ramésida menciona el "año 400" desde el reinado de un rey con epíteto "Seth" y presumiblemente hicso, que fundó un templo en Tanis (probablemente la Avaris hicsa), lo que retrotraería el inicio del dominio hicso en el Delta al 1.720. En segundo lugar, no parece que la dominación deba entenderse como subyugación y aun menos como "crisis". En efecto, el dominio político hicso en Egipto fue relativo, dado que documentos contemporáneos demuestran que durante la segunda mitad del siglo XVII el país estaba ya políticamente dividido: los hicsos dominaban en el Delta; los príncipes tebanos controlaban el Egipto Medio, y los nubios se reconocían independientes bajo el gobierno de un príncipe nativo. Es cierto que unos y otros se reconocieron en algún momento vasallos y tributarios de los reyes hicsos, por lo que también podría tratarse de príncipes locales que se autodenominaban "reyes" de todo el país a pesar de que el dominio del Delta estaba en manos extranjeras. Esta situación dividiría al poderoso ejército egipcio y facilitaría la imposición. Por su parte los soberanos egipcios intentaron legitimar su poder adoptando nombres de faraones anteriores como Amenenhat o Sesostris, sin que sea posible establecer línea de descendencia alguna entre ellos. Además, las relaciones de éstos con los hicsos no fueron tan hostiles como pretende la tradición. De hecho, los "extranjeros" asimilaron pronto la cultura egipcia y se adaptaron a las nuevas formas de vida respetando el cuadro institucional existente; después se reanudaron las relaciones comerciales entre el Valle y el Delta y se establecieron alianzas con los príncipes tebanos y nubios hasta el punto de que la reacción nacionalista encabezada por Kamose no quebró la alianza anterior entre hicsos y nubios. Tal vez por ello la "liberación" fue más difícil y sin duda precedida por tentativas fallidas. Las tensiones se agudizaron bajo el reinado de Seqenenre Taa II, enfrentado a su coetáneo hicso Apopis. Taa murió en extrañas circunstancias y su momia presenta numerosas heridas, que han sido interpretadas como resultado de un combate o víctima de asesinos. Su hijo Kamose inició una expedición hacia el Norte, probablemente sólo con la intención de reprimir el colaboracionismo de algunos príncipes locales con los hicsos, que sin embargo alcanzó Avaris y sitió la ciudad. Pero en esta ocasión no se lograría ninguna victoria. Pocos años después Ahmosis, hermano de Kamose y fundador de la Dinastía XVIII, tomó Avaris y persiguió a los hicsos hasta Palestina. Era el año 1.567 a.C.. Una nueva era se anunciaba en el mundo egipcio.
 
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