Khéope

(siglo XXVI a.C.). Faraón (ca.2.547-2.524) del Imperio Antiguo y de la Dinastía IV (2.613-2.494). También conocido como Jufu, Cheope, Khnum, Khufui o Quéope. Hijo de Esnefru, a quien sucedió, ya con cuarenta años, en el trono, y de la reina Heteferes I. De sus esposas se conocen tres: Henutsen y Nefertkau, hijas de Esnefru, y Meritities I. Entre sus hijos, de los que se conocen más de doce, hay que citar a Kauab, Redjedef (luego rey Djedefre), Rekheif (posteriormente Khefrén), Hordjedef, Baefre, Khuifukhaief y Minkhaief. Entre sus hijas, a Heteferes II, esposa de Kauab, y a Meresankh II. Algunos también creen que fue hija suya la princesa Khamerernebty, tenida de una esposa cuyo nombre se ignora. El nombre Khéops (cuyo nombre Horus fue el de Medjdu) es la forma grequizada dada por Heródoto del nombre Khufu, un hipocorístico del nombre personal del rey, Khnum-khufuy; sin embargo, Manetón le llama Suphis. En realidad, se sabe muy poco del reinado y gobierno de este rey, que según el Papiro real de Turín gobernaría 23 años (50 según Heródoto y 63 según Manetón). Unas breves referencias en los Anales de la Piedra de Palermo (fragmento de El Cairo) aluden a la crecida del Nilo durante su reinado y a la fabricación y consagración de dos estatuas reales (una de ellas de más de 7 m de altura); sin embargo, sólo ha llegado una minúscula estatua (7,5 cm de altura) de tal rey, en marfil, hallada en Abidos y hoy en el Museo egipcio de El Cairo. Representa al rey, ataviado con la corona del Bajo Egipto, sentado en su trono, portando un flagelo en la mano derecha y con la mano izquierda reposada sobre la rodilla, en la posición característica de las figuras reales. Aparece en la historia de Djadjaemankh, en el papiro Westcar, que relata un intento por entretener al padre de Khéope, Snofru, cuando este estaba aburrido, con el espectáculo de mujeres escasamente vestidas remando en el lago. De los cartuchos con los títulos reales que posiblemente le acompañaban, sólo se conserva uno. En política exterior, el reinado de Khéope se caracterizó por tener una convivencia pacífica con los pueblos vecinos. Las expediciones fuera de las fronteras del Imperio, al Sinaí y a Nubia, sólo tenían como objeto proveerse de mineral. Por dos bajorrelieves rupestres en el Uadi Maghara, en el Sinaí, que recogen su figura, su cartucho y su protocolo real se deduce la presencia egipcia en tal zona en búsqueda de cobre y de las piedras preciosas de sus minas; asimismo, una estela en diorita con su nombre, localizada en las canteras del desierto de Tochka, en Nubia, y objetos arqueológicos hallados en distintos puntos de Fenicia (Nahr Ibrahim, Biblos) y en Ebla (Siria) demuestran las relaciones comerciales mantenidas con tales enclaves. La imagen histórica de Khéops fue distorsionada por el Papiro Westcar (cuento del mago Djedi) y sobre todo por Heródoto, que lo pinta como un sanguinario tirano, que cerró templos, redujo la población a trabajos forzados y obligó a prostituir a su hija. Sin embargo, la tradición en Egipto era esencialmente sacerdotal, encargándose el clero de su manipulación y transmisión. Pueden tener explicación los rasgos acentuadamente negativos del reinado, como consecuencia de las medidas adoptadas por el soberano. Efectivamente, con Khéope, la monarquía del Imperio Antiguo alcanzó el punto culminante de su poder, y todas las disposiciones conocidas puestas en vigor por este faraón, tendían invariablemente a reforzar su poder absoluto. Por un lado, Khéope reforzó el cargo de visir, colocándolo en la cúspide de la Administración del Estado, pero al margen de la escala administrativa. De esta manera el faraón distinguía, por primera vez en la historia, entre cargos administrativos y cargos de confianza. Frente al clero, adoptó medidas para acrecentar su control sobre el mismo, consistentes por un lado en elegir sumos sacerdotes de los principales dioses y templos, entre sus cercanos parientes y por otro, en suprimir cualquier privilegio o estatuto especial que pudiese existir en beneficio del clero. Sin duda estas medidas son en gran parte responsables de la mala fama alcanzada por Khéope en la tradición. La realidad es que Khéops, a quien se atribuyen escritos herméticos, edificó templos en distintos lugares (Dendera, Bubastis, Coptos, Menfis) y que fue venerado por el pueblo egipcio hasta la época romana y tenido, en fin, por un rey popular. Su obra material más significativa fue sin duda su famosa pirámide, levantada en Gizeh, y considerada como una de las siete maravillas de la Antigüedad y de todos los tiempos, de 146 m de altura, construida en tan sólo 20 años (Heródoto). Junto a ella se establecieron una serie subsidiaria de mastabas, pertenecientes a la familia real y a altos funcionarios. En las excavaciones de 1954 se hallaron, en el lado sur de dicha pirámide, dos fosas rectangulares: en una de ellas se encontró desmontado un barco funerario de unos 50 m de longitud (hoy expuesto en un museo in situ), que ha constituido un importante elemento arqueológico para el análisis de las creencias funerarias egipcias. De la construcción de a pirámide de Khéops los egiptólogos han deducido algunos hechos históricos en relación con la problemática de la esclavitud de la organización del trabajo. La pirámide de este faraón, no es solo su tumba y símbolo de su unión póstuma con Re, sino expresión del gran poder alcanzado por el primer Estado territorial de la Historia y símbolo de la preeminencia absoluta del poder real sobre el clero. Esto último, las sucesivas generaciones de sacerdotes egipcios no lo olvidarían jamás. El rey Khéops fue sucedido por su hijo Djedefre. Ver, barca funeraria.
 
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