Khefrén

(ss. XXVI-XXV a.C.). Faraón (ca.2.542-2.510) del Imperio Antiguo y de la Dinastía IV (2.613-2.494). Heródoto le llamó Chefrén, y otros egiptólogos le denominan Kefrén, Chafrén, Quifrén, Khaefre, Chephren o Hafren. Hijo de Khéops y nieto de Esnofru. Probablemente, subió al trono después de apartar del mismo a los hijos de su antecesor y hermanastro Djedefra, manteniéndose en él unos 26 años con el nombre neswt bity de Rekhayef o Khaefre y con el nombre Horus de Userib. Manetón, que le llama Suphis, le asignó 66 años de gobierno, cifra a todas luces exagerada. Khefrén probablemente representaba la rama oficial en la familia real; fue apoyado por príncipes poderosos como Minkhaf, Ankhaf y Nefermaat, todos los cuales desempeñaron el cargo de visir. Al igual que para otros reyes de esta famosa dinastía, se desconocen los acontecimientos de su reinado, pues nada de él se ha conservado en la Piedra de Palermo, si bien por testimonios indirectos se sabe que continuó controlando Nubia y los oasis de los desiertos. La prosperidad económica de su reinado se hace patente en la gran cantidad de inscripciones que de Khefrén han llegado y en la política de construcciones que emprendió. Su esposa principal fue Khamerernebty I, teniendo también luego a Meresankh II o Meresankh III como esposa secundaria. Entre sus hijos hay que citar a Micerino, Nikaure y Sekhemkare y a la princesa Khamerernebty II, que casaría luego con Micerino. Khefrén se denominó a sí mismo, además de los títulos Horus, Nebty y nebw, con el de "Hijo de Re" (Sa Ra), haciéndose llamar Kha.f-Ra ("Ra-cuando-se-levanta") con lo cual el culto al sol adquirió aún mayor importancia durante su reinado, convirtiéndose sus funcionarios en verdaderos sacerdotes. Si por un lado el rey era un dios encarnado, por otro mantuvo siempre su naturaleza humana, y de sus actos humanos el rey debía rendir cuentas en el Más Allá, como cualquier otro mortal, ante la divinidad suprema, Osiris, Re, Amón o Atón, según las distintas concepciones religiosas. Los funcionarios estatales se convirtieron en la práctica en sacerdotes del culto real, y recíprocamente se produjo una funcionarización del clero, con lo que se llegó a una especie de laicización de la religión de la que tardaremos varios milenios en tener un nuevo ejemplo, en concreto con el Bajo Imperio Romano. La religión entraba así al servicio del Estado, y el rey dios, dominaba con su omnipotencia todos los ámbitos de la vida pública de Egipto. Además de la serie de templos que ordenó construir por todo el país, en Gizeh levantó un magnífico templo a la Esfinge (león yaciente androcéfalo), imagen del dios sol y también del propio rey, encarnado en tal divinidad (Horemakhet), comenzada a esculpir en la roca natural ya durante el reinado de su padre Khéops. Asimismo, levantó la segunda gran pirámide, de 143 m de altura y sus correspondientes templos, Alto y Bajo, al norte de la necrópolis menfita. De las más de cien estatuas que de Khefrén se labraron para sus tres templos de Gizeh, tan sólo ha llegado intacta una. Se trata de la celebérrima, realizada en diorita, que lo presenta sentado con la figura de un halcón detrás de su cabeza, a modo de protección (1,68 m de altura), conservada hoy en el Museo egipcio de El Cairo. De otros lugares egipcios sí han llegado otras estatuas intactas, caso por ejemplo de la estatuilla en alabastro (77 cm de altura) de Menfis. Existen serios problemas para averiguar quién le sucedió en el trono, pues el Papiro real de Turín presenta una laguna tras el sucesor de Khefrén, laguna que ocuparía probablenente el rey Baefre. Según un graffiti de la Dinastía XII, existente en el Uadi Hammamat, tras Khefrén gobernarían sus hernanos Hordjedef y Baefrede, de los que no se sabe casi nada. Micerino fue también hijo, como se dijo, de Khefrén y de su esposa Khamerernebty I, pero no le sucedió directamente. Se sabe que tuvo relaciones, probablemente pacíficas, con el poderoso imperio de Ebla, en Siria.
 
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