Nebhepetre Mentuhotep II

o Montu-Hotep II (siglo XXI a.C.). Faraón (2.061-2.010) del Imperio Medio y de la Dinastía XI (2.133-1.991) tebana. Sucesor de Inyotef III. Mentuhotep II fue hijo del rey tebano Intef III y de Iah. Gracias a sus dotes de buen político y excelente militar pudo reunificar de nuevo Egipto después de los graves disturbios que se arrastraban del llamado Primer Período Intermedio. Fundador por derecho propio del Imperio Medio, al vencer a los heracleopolitanos. Tras la muerte de Merikare, la guerra empezó a tomar mal cariz para Heracleópolis. El nuevo rey tebano Mentuhotep II, desencadenó una ofensiva general que hizo inutil la resistencia del nomarca de Asiut. Caída esta plaza, la suerte de la guerra estaba decidida. Hacia el 2040, la toma de Heracleópolis puso término a esta sangrienta guerra civil. Utilizó durante su largo reinado, sucesivamente, tres titulaturas de Horus diferentes, lo que no tenía precedentes. Al principio llevó el nombre Horus de Seankhibtauy "El que hace vivir el corazón del doble país" y muy probablemente, durante la batalla contra los heracleopolitanos (Dinastías IX-X) que habían reconquistado Tinis, cambió tal nombre Horus por el de Neteryhedjet "Divina es la corona blanca", siendo también el primer rey tebano que adoptó una titulatura completa de faraón (su nombre neswt bity fue el de Nebhepetre). Después de someter todo el país, hecho que ocurriría en el 14 año de su gobierno, para otros en el 9, se hizo llamar Horus Sematauy "El que une los dos países". De los primeros años de su reinado, de acuerdo con el Papiro real de Turín gobernó 51 años, se tienen pocas referencias. En su 14 año se produjo el "año del delito", la sublevación de Tinis, ciudad que fue recuperada por el rey Khety de Heracleópolis, aunque Mentuhotep II pudo reconquistarla en seguida. Intentos de invasión del Delta por los beduinos asiáticos, provocó una guerra por parte de Mentuhotep II, persiguiéndoles hasta sus bases e infligiéndoles un serio castigo que alejó el peligro durante bastantes años. Consagró sus esfuerzos al restablecimiento de la autoridad real y a la properidad económica interior, con las siguientes medidas más significativas: una enérgica política de centralización, que le llevó incluso a la supresión de algunos principados hereditarios en el Alto Egipto; la capital política del Estado quedó fijada en Tebas. La administración del Bajo Egipto fue confiada a un Gobernador del País del Norte y se restableció el cargo de Visir. Mentuhotep II se supo rodear de colaboradores tebanos, aunque un sinfín de artistas y funcionarios heracleopolitanos fueron traspasados al servicio de Tebas. El mejor indicio de reactivación económica interior, nos lo da la importante actividad constructiva emprendida. Siguiendo la tradición de los reyes anteriores, comenzó la construcción de templos: prácticamente todo Egipto tiene alguna construcción suya; sin embargo, la actividad edilicia fue mayor en el Alto Egipto (Abidos, Ombos, El-Kab, Elefantina, Medamud, Armant). En política exterior, Mentuhotep II intentó restablecer la influencia egipcia en Nubia, enviando allí una expedición que obligaría a sus habitantes a pagar tributo, en una serie de campañas que le llevaron hasta la región de Uauat y que le aseguraron el control de Nubia hasta la 2ª catarata. Hacia el este efectuó viajes comerciales, reabriendo la ruta hacia las minas y canteras del Sinaí; por el oeste envió también expediciones y tropas a Libia contra los chemehu y los tehenu, y a los oasis occidentales. En lugar de construir su tumba junto a la de sus antecesores en el oeste de Tebas, hizo construir un fastuoso templo-tumba en la orilla izquierda de Tebas, en Deir el-Bahari, en un anfiteatro natural. Su tumba fue colocada bajo una serie de terrazas con árboles y jardines, constituyendo en realidad un grandioso complejo funerario (se hicieron 28 tumbas para reinas, princesas y otros miembros de la familia real), destruido luego en parte a causa de las obras de la reina Hatshepsut. En la cámara funeraria se halló una figura sedente de Mentuhotep II (1,83 m de altura), sin duda la obra plástica más importante de la Dinastía XI, en la que se le figura tocado con la corona del Bajo Egipto y con vestido talar (hoy, en el Museo de El Cairo). En tal complejo funerario, además de recibir sepultura el rey, fueron enterrados su esposa principal, llamada Temet, varias concubinas, su hermana Neferu III, que también fue esposa suya, y uno de sus hijos. A pesar de la terrible apariencia de algunos de sus retratos conservados, Montuhotep fue sin duda un rey que apreció los sacrificios de aquellos que le apoyaron. Cerca de su tumba se encontró el enterramiento de unos sesenta soldados jóvenes que habían muerto en una de las campañas para restaurar la autoridad central de la realeza. Montuhotep ordenó que sus cuerpos fueran reunidos, amortajados y enterrados donde él había de yacer, asegurándose así de que serían recompensados compartiendo su inmortalidad. Los nombres de muchos de ellos fueron inscritos en sus mortajas de momia. Fechado en su año 39 existe un graffiti en el Uadi Shatt er-Rigal, que da a conocer una Fiesta Sed. Mentuhotep II fue sucedido en el trono por Mentuhotep III, hijo suyo, tenido de Temet. Ver, Imperio medio.
 
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