Mito de Enki y Ninhursag

Este mito sumerio, extraño y complicado, es ante todo un mito de creación sexual que tiene por escenario Dilmun y por protagonistas al dios de las aguas, Enki, y a la diosa-tierra Ninhursag, su esposa. Enki hace que brote agua dulce en Dilmun para regar praderas y huertos, luego fecunda a su esposa y después a su hija y sus nietas, dando origen así a diosas, y por último Ninhursag le roba el semen para producir ocho plantas, probablemente mágicas. Pero Enki se las come, y por este motivo la maldición de la diosa-tierra cae sobre él, y enferma gravemente. Sin embargo Ninhursag, que había huido, regresa, se apiada de él y crea ocho divinidades sanadoras (una por cada parte de su cuerpo enferma) a las que Enkí asigna ciertas funciones divinas o atribuye ciertos territorios. Magan es entregado al dios Ninsikilla y Dilmun al dios Enshag (que también se puede escribir Enzak o Inzak). Pues bien, el nombre de Inzak aparece en unas inscripciones que datan de principios del II milenio, descubiertas en Bahrein y en la isla de Failaka. Pero la parte más interesante del mito para el tema que estamos tratando es la descripción de Dilmun con la que empieza el relato. Según la versión de su último traductor, el profesor Kramer, de Filadelfia, Dilmun es un país «puro», «limpio», «brillante», un «país de los vivos» donde no reina la enfermedad ni la muerte. Es decir, un país de ensueño, un verdadero Paraíso, como suelen serlo en la memoria de los hombres los lugares que tuvieron que abandonar mucho tiempo atrás, sin esperanzas de volver.
 
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