Usermaatre-Setepenre Rameses II

(siglo XIII a.C.). Faraón (1.289-1.224) del Imperio Nuevo y de la Dinastía XIX (1.305-1.186). Hijo y sucesor de Sethi I, quien lo había asociado al trono, y de su esposa Tuya. Rameses II, calificado como "Sol de todos los países", "Imagen perfecta de Re" y "Glorioso sol de Egipto", fue, sin duda, uno de los más importantes faraones egipcios, educado conforme a su rango y bajo el ideal de la grandeza de las Dos Tierras. Fue excelente cazador (abatió un número fabuloso de leones) y sobre todo un gran constructor, además de un excelente militar y político. No dudó en fundar diversas ciudades por todo el país que llevaron su nombre, siendo la más famosa la de Pi-Rameses, situada en un lugar estratégico (hoy, Tell ed-Daba) y en la que instaló su residencia. Su política exterior la centró en el mantenimiento de la hegemonía egipcia, tanto en Nubia, a donde dirigió diversas campañas militares (Beit el-Uali), como en la frontera del delta, amenazada por las primeras incursiones de pueblos extranjeros, los sharden, precursores de los Pueblos del Mar, y que pudo contener, incorporándolos a continuación en su ejército. A ello siguió una primera campaña por Siria que lo llevó a Canaán, Tiro y Biblos. Desde aquí pasó al país de Amurru, sorprendiendo a su príncipe Benteshina que, unas veces aliado a los hititas y otras a los egipcios, intentaba obtener beneficios de su supuesta neutralidad. Al siguiente año Rameses II alcanzó Qadesh, junto al río Orontes, lugar en donde se enfrentó a las tropas hititas dirigidas por su rey Muwattalis, en una celebérrima batalla, de indeciso final, en la que Rameses II no pudo tomar la ciudad y Muwattalis retiró sus tropas, cuya memoria ha llegado a nosotros en el famoso Poema de Pentaur, que hizo grabar el rey egipcio en diferentes lugares para su divulgación. A aquella batalla siguieron otros combates esporádicos en Ascalón, Kerpet, Merem, Sherem, Deper y Tunit, hasta que un tratado egipcio-hitita, firmado por Rameses II y Khattusilis III en el año 1.268 puso fin a las hostilidades, y que conocemos por una versión hitita (escrita, sin embargo, en acadio cuneiforme), hallada en Boghazköy, y por copias egipcias (Karnak y Ramesseum). Al cabo de varios años el tratado se reforzó con el matrimonio de Rameses II con una princesa hitita (1.256), hija de Khattusilis III, llamada Naptera y que tomó el nombre egipcio de Maathorneferure (Estela del matrimonio), completado luego con una segunda princesa hitita que pasó al harén real. Asimismo, se preocupó en proteger la frontera occidental, limítrofe con Libia, para detener las incursiones de meshuesh y de libu, levantando para ello varias fortalezas entre Rakothis y la actual el-Alamein. Los asuntos religiosos los dejó en manos del Gran sacerdote Nebunenef, persona de total confianza que veló por un prudente equilibrio de cultos, y los políticos en Pacer, Visir del Alto Egipto. Rameses II contó con no menos de ocho esposas oficiales Nefertari, la más amada y enterrada en el Valle de las Reinas, Iset-neferet, Bint-Anath, Merytamón, Nebettauy, Henutmire, Maathorneferure, la hitita, y otra segunda hitita de nombre desconocido, así como con un nutrido harén, que le hicieron padre de más de cien hijos. Su larguísimo reinado (gobernó 67 años y murió a los 92) le permitió celebrar trece Fiestas Sed (la número catorce, a pesar de estar anunciada, no pudo llevarse a cabo) y emprender numerosas obras de construcción que, según ha revelado la Egiptología, llevó a cabo mediante la apropiación de obras antiguas, la finalización de otras ya emprendidas y el inicio de nuevos proyectos. Hay que citar el templo de Abidos, la sala hipóstila de Karnak, el pilono y el patio de Luxor y su templo funerario (Ramesseum), sin olvidar los edificios levantados en Menfis, Tanis, Pi-Rameses o los dos magníficos templos rupestres de Abu Simbel (uno dedicado al propio faraón, que se autodivinizó, y el otro a su esposa Nefertari) y que han sido trasladados de su lugar originario en 1.964 y 1.968 a causa de la presa de Assuán y las aguas del lago Nasser. Asimismo, del rey nos han llegado, además de una abundante documentación, varias de sus estatuas, siendo quizá la más interesante la conservada en el Museo de Turín (1,94 m de altura), que lo representa sonriente y ataviado con la corona azul (khepresh) y el cetro heka. En Akhmim, a unos 140 km de Luxor se localizaron en 1981 y 1991 los fragmentos de dos colosos de Rameses II (uno de 8 m de altura) cubiertos de jeroglíficos, así como otro que perteneció a su hija y esposa Merytamón. Todos ellos habían formado parte del monumental templo de Akhmim, cuyas ruinas están hoy cubiertas por las actuales casas de tal enclave. Es también interesante el coloso (10,30 m de altura) que de Rameses II yace en un palmeral de Menfis y que es uno de los 11 colosos que se habían destinado para el templo de Ptah de tal lugar. Los restos mortales de Rameses II, llamado en su ascensión al trono Usermaatre Setepenre, fueron depositados primero en la tumba que se hizo en el Valle de los Reyes, todavía no excavada en su totalidad, y luego en la de su padre, en donde fueron saqueados y desde allí trasladados al "escondrijo" de Deir el-Bahari. Su momia, universalmente famosa, se halla en el Museo de El Cairo. La tumba de la reina del Delta, Nefertari, en el Valle de las Reinas, es una de las más bellas tumbas de Egipto. Asimismo, ordenó disponer una monumental tumba (KV5) en el Valle de los Reyes con más de 60 cámaras para sus numerosos hijos. Algunos egiptólogos piensan que Rameses II, que empleó a hebreos para la construcción de su ciudad Pi-Rameses, fue el faraón del Éxodo, el perseguidor de Moisés, aun cuando la presencia de su momia indica que no pudo haber muerto en el Mar Rojo, si bien la Biblia no dice taxativamente que muriera el faraón. Tampoco ha llegado ninguna inscripción o texto egipcio que aluda a tal evento. Numerosos personajes destacaron durante el reinado de Rameses II, pudiéndose citar entre ellos a los visires Paser, Kay, Rahotep, al Virrey Setau, a los sacerdotes Nebunenef, Khaemuaset y Bakenkhonsu I, y a los generales Rameses-Nakht y Uriya. Por su colosalismo y por su número, puede asegurarse que Ramsés II ha sido el mayor constructor de toda la historia de Egipto. Siguió una política general de deportación e instalación en Egipto de contingentes extranjeros, muchos como colonos agrícolas y muchos enrolados en el ejército. Entre las causas, undespoblamiento general y tal vez, la deserción de las tareas productivas por parte de la población huyendo de la creciente presión fiscal; lo que intentaría ser paliado mediante la obligación de los hijos a continuar el oficio de los padres y las deportaciones de extranjeros. Este deterioro general de la situación económica hay que ponerlo en relación con las dificultades para mantener su política de neutralización del poder del clero. El gran sacerdote de Amón recuperó el sumo pontificado. Fracasada la política de traslados, el sacerdocio se convirtió en una clase hereditaria y privilegiada. Los templos se convirtieron en señoríos y su economía cerrada. Los templos dejaron de depender del rey. Sus tierras y sus hombres adquirieron un estatuto especial. En este contexto hay que situar el desencadenamiento de la persecución religiosa atoniana, con el desmantelamoento de Tell el-Amarna y la destrucción de los templos atonianos que aún subsistían en el país. Se trató de una auténtica "caza de brujas", ordenada por el clero de Amón y a la que el rey no tuvo fuerzas para oponerse. El equilibrio internacional no dejó nunca de estar amenazado por los asirios. Por otro lado, hacia occidente, los aqueos se mostraban cada vez más amenazadores. Constantes conflictos. En este contexto tiene lugar la guerra de Troya, por disputas por el control de las rutas del Mar Negro. Por último, una tercera y aún difusa amenaza del equilibrio internacional, lo constituye el movimiento expansivo de pueblos indoeuropeos procedentes de Europa central y septentrional, que fueron llamados por los egipcios "Pueblos del Mar". El balance de su reinado no puede ser positivo, a pesar de la enorme actividad interior, de su habilidad y prudencia exteriores y del prestigio que supo otorgar a la institución faraónica. No es una fama injustificada. Sin embargo, sus últimos años son tristes y nefastos`para la historia de Egipto. Su prolongada vejez es responsable de que el faraón perdiese toda su capacidad de reacción ante las ambiciones desenfrenadas del clero. Por un sorprendente retorno de la Historia, el reinado de Rameses II, tuvo el mismo significado para el Imperio Nuevo, que el de Fiope II, mil años antes, para el Imperio Antiguo. A la muerte de Rameses II el trono pasó a su décimo tercer hijo, llamado Baenre-Merineteru Mineptah.
 
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