Patriciado
Dignidad de patricio. Clase de los patricios. Orden superior de los ciudadanos de la antigua Roma. El origen del patriciado no se conoce con exactitud. La tradición historiográfica latina lo atribuyó al mítico fundador de la ciudad, Rómulo, quien habría separado a los padres de las primeras familias romanas para formar con ellos el Senado. Los patricios remontaban su genealogía hasta estos padres fundadores y se daban el nombre de gentes mayores. Parece que su origen histórico se remonta a la segunda mitad del siglo VIII a.C., con las primeras estratificaciones económicas surgidas en el seno de las primitivas comunidades latinas. Las prerrogativas del patriciado en esta primera época tuvieron ya una doble vertiente política y social, ya que desde comienzos de la monarquía arcaica los patricios monopolizaron el Senado y las demás instituciones políticas y religiosas. El orden patricio constituía un estamento u orden cerrado, definido según nacimiento, que otorgaba a sus miembros el control sobre las magistraturas públicas, el ejército y los cargos sacerdotales. Estaba formado por unas pocas familias de larga genealogía. Antes de 366 a.C. se conocen los apellidos gentilicios de apenas 20 familias patricias. Estas familias se organizaban según el sistema de gentilidades (gens), esto es, por linajes consanguíneos de los que dependía una tupida red de relaciones de clientela y dependencia con otros ciudadanos pertenecientes al orden inferior de los plebeyos. Las gens patricias protegían jurídicamente a sus clientes y les proporcionaban sustento económico, a cambio de su lealtad y apoyo político. Desde tiempos de la monarquía etrusca, el patriciado poseía la mayor parte de las tierras, en virtud de su control fáctico sobre el ager publicus, es decir, sobre el conjunto del patrimonio público de la comunidad de ciudadanos romanos que se componía fundamentalmente de territorios ganados en conquista. La propiedad de la tierra se concentraba así en unas pocas familias, encabezadas por un pater familiae que era el titular del patrimonio familiar. Con el derrocamiento de la monarquía en el siglo VI a.C., el patriciado estableció un férreo régimen oligárquico mediante la monopolización de las instituciones y la limitación del acceso de la plebe a los recursos económicos. Sin embargo, las profundas desigualdades sociales y el deseo de las capas enriquecidas de la plebe de acceder al poder político provocaron el inicio en el siglo V a.C. de un movimiento que perseguía la igualdad de derechos civiles, penales y procesales entre patricios y plebeyos, movimiento que culminaría a comienzos del siglo II a.C. con la abolición de los privilegios jurídicos del patriciado. La presión ejercida por la plebe desembocó en la promulgación de una serie de reformas atribuidas a Servio Tulio (578-534 a.C.) que determinaron una nueva distribución social, por la que patricios y plebeyos quedaron divididos en centurias (agrupaciones de ciudadanos según su patrimonio) y tribus (agrupaciones correspondientes a los distritos del territorio romano). Esto supuso el igualamiento de la condición social de patricios patricios y plebeyos, ya que la reforma tuvo como base la riqueza y no el nacimiento, si bien el acceso a las magistraturas siguió monopolizado por los patricios. A lo largo de los siglos V y IV a.C., los patricios fueron perdiendo sus privilegios jurídicos y políticos en beneficio de la plebe, que consiguió en primer lugar la creación de una serie de magistraturas propias de las que estaban excluidos los patricios y, posteriormente, a fines del siglo IV a.C., la universalización de estas magistraturas a todos los ciudadanos romanos, lo que eliminó definitivamente el monopolio de las instituciones por los patricios. Desde comienzos del siglo III a.C. éstos intentaron hacerse con el control de las insituciones de origen plebeyo, pero no pudieron mantener sus prerrogativas como orden social, al diluirse progresivamente las categorías sociales primitivas que separaban a patricios y plebeyos. Durante el siglo III a.C. las antiguas familias patricias se fusionaron con los plebeyos enriquecidos que habían ocupado cargos políticos, creando una nueva aristocracia, la nobilitas, basada en el poder político y económico. El patriciado perdió así su carácter estamental, disolviéndose en la nueva nobleza. Sin embargo, el concepto de patriciado perduró en la Edad Media cristiana, aplicándose esta denominación a las oligarquías que dominaban el poder económico y político en las ciudades desde el siglo XII. Ver, Conflicto patricio-plebeyo, Cronología del conflicto patricio-plebeyo, Nobilitas.

